Los ‘güeros’ de Copemsa

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En su casa, abatido por el cáncer, el empresario Jorge Martínez Rosillo moría el 8 de julio de 2000, a dos días de que Cuauhtémoc Cárdenas, su gran aliado y amigo, perdiera la elección presidencial. A los 67 años, uno de los más versátiles, polémicos e influyentes empresarios de México fallecía acompañado de sus tres hijos. Su multicolor legión de allegados esquivaba cualquier condolencia pública. Más valía no dar a conocer la amistad con un hombre que despertaba tantas dudas.

La excepción fue alguien que no perdía nada divulgando su pésame: el propio ingeniero Cárdenas, que pagó una discreta esquela en La Jornada para unirse a la pena de la familia Martínez Ramos. "Por su ambivalencia, si eras su cuate no lo decías. Mi papá era un enigma. Se especuló que era agente secreto de Cuba y hasta que era (cercano) del subcomandante Marcos", dice Jacobo, primer hijo de Martínez Rosillo. Por esos días, él y sus hermanos Jorge y Mariano decidieron anuncia, en el periódico Reforma, que su padre había muerto y que una misa en su memoria se efectuaría en la iglesia de la Santa Cruz, en el Pedregal. Horas más tarde, las cenizas de Martínez Rosillo viajaban a La Habana. Ahí, en la Marina Hemingway, sus hijos, su viuda Maribel y eminentes miembros del gobierno cubano (al que sirvió como enlace con el gobierno y el empresariado mexicanos) lo despedían esparciendo sus cenizas. Entre los asistentes estaba su amigo íntimo, Manuel Aguilera, ex regente del DF. Bajo su gestión y la de Manuel Camacho, la empresa de Martínez Rosillo, Copemsa, había ganado los concursos de Servimet que le adjudicaron casi 100 estacionamientos, una copiosa fuente de recursos que le permitió a él y sus hijos vivir con desahogo.

A su muerte, el ‘güero’ Rosillo –tlaxcalteca de nacimiento, poblano de crianza, sinaloense por adopción y cubano en acento e ideología– legó la ahora llamada Compañía Operadora de Estacionamientos Mexicanos (Copemsa), una empresa con importantes utilidades que sus hijos han sabido reinvertir. Ahora, Jacobo, Jorge y Mariano no son sólo sus propietarios, sino que poseen 50% del resort Rosewood Mayakoba y del campo de golf El Camaleón (ambos en la Riviera Maya), y 50% del proyecto Paseo de San Francisco, que ha rescatado y dado un moderno giro comercial a 11 manzanas del centro histórico de Puebla. Además, es suya la mitad de la Torre Sevilla, a unos pasos de la Diana Cazadora, en el DF. Así, de 2000 a 2007, ya sin la tutoría de su padre, han incursionado en la construcción, el gran turismo e, incluso, el negocio de las plazas comerciales como propietarios de Pabellón Cuauhtémoc, Plaza Misterios o Plaza El Rosario.

Martínez Rosillo alguna vez pronunció una frase con la que intentó perpetuar la armonía de su familia, y que hoy Jacobo, repite: "Para que las cuentas salgan, antes que saber sumar hay que saber dividir". Por eso, los tres hermanos gozan de idénticos sueldos en cada una de sus empresas. Para mantener el orden, respetan una regla: sólo hablar de negocios en sus oficinas. Fuera de ellas, sólo son hermanos que salen con sus familias o vacacionan juntos.

Sin embargo, sus vidas son disímbolas. Jacobo, casado y de 43 años, el de más definida vocación empresarial, se concentra en la parte fina de la operación de las 10 compañías que los tres conducen y que han evolucionado, dice, por "nuestra astucia, sentido común y olfato, pese a que no tenemos un título profesional". En su caso, la atención recae en los proyectos inmobiliarios, como el Rosewood Mayakoba y el Paseo de San Francisco de Puebla.

Mariano, de 38 años, es un conocido miembro de la socialité defeña, siempre codeándose con empresarios, artistas y mujeres espectaculares. Poco dado a la planeación empresarial pero excelente negociador, este soltero de ojos claros y barba delineada con trazos matemáticos disfruta el buen vivir y apuesta a un futuro con más glamour que el de administrar las plazas comerciales. "Mis intereses apuntan hacia la hotelería al estilo de lo que hemos hecho en el Rosewood Mayakoba, que es un ‘Rolls-Royce’ de los hoteles. Soy un arquitecto frustrado y me gusta darles ideas a los arquitectos", dice.

Jorge, de 42 años, en cambio, es un magnífico conversador y un apasionado de la historia de México. Sin la ambición empresarial de sus hermanos, heredó el apetito por la política que su padre cultivó junto a personajes como David Ibarra Muñoz, ex secretario de Hacienda; Alfredo Bonfil, ex líder de la Confederación Nacional Campesina; Jorge Carpizo, ex rector de la UNAM, o Diego Valadés, ex procurador general de la Republica. Apadrinado por Cuauhtémoc Cárdenas, el segundo hijo de Martínez Rosillo fue candidato a diputado local por el PRD en 1997, subdelegado en la delegación Cuauhtémoc, cabeza de los comités de apoyo a la candidatura del ingeniero en la campaña de 2000 y diputado federal en la última legislatura. "A mi papá lo que más le gustaba era la política, pero nos decía: ‘Vivir de la política es exponerse a la ingratitud de la vida’. Y yo agregaría: la política es veleidosa", recuerda Jorge. Esa veleidad, condenó al padre a ser un ‘dinamo’ en la creación de empresas desde los 70 hasta 2000, pero una veleta a la hora de consolidarlas: sus conexiones políticas lo encumbraban, pero luego los odios políticos lo hundían. Hace 30 años, Martínez Rosillo tenía la firma Promotora de Maderas del Trópico, con la que él y Jacobo explotaban madera de Quintana Roo, Tabasco y Chiapas. Aunque el negocio era un éxito, decidió, al mismo tiempo, luchar con su amigo Juan Sabines para derrocar al gobernador de Chiapas, Salomón González Blanco. A dos años de que González asumiera el poder, logró que Sabines lo desbancara de la gubernatura. Desde luego, ese triunfo le regaló un enemigo: el hijo de González Blanco, Patrocinio, quien al ser elegido mandatario de Chiapas en 1988 juró vengar a su padre. A Martínez Rosillo le expropiaron sus tierras y fue encarcelado en el Penal de Cerro Hueco, Chiapas, acusado de explotar ilegalmente cedro y caoba en los aserraderos de su empresa y de operar un fraude con la venta de café proveniente de territorios indígenas. Un reportaje de Guillermo Correa, en la revista Proceso de febrero de 1985, reza: "Jorge Martínez Rosillo siempre anda con metralleta. Presume de norteño, aunque es oriundo de Tlaxcala. Es el hombre fuerte de las finanzas del estado".

¿Es cierto?, pregunto a Jacobo.
Tenía que estar protegido, sufría amenazas de todo tipo (justifica). Llegó a afectar a la gente rica. Los chamulas, tzeltales y lacandones lo adoraban porque hizo mucho por ellos.

¿Y cómo se entendían en lo empresarial tú y él?
Discutíamos mucho sobre a dónde dirigir nuestras balas; cuando él estaba en la empresa yo me iba porque era mucho el roce. Él hacia las cosas a su modo y no le gustaba que nadie lo cambiara. Yo le decía: "No dejemos las cosas sueltas, tenemos propiedades, acciones a las que nadie atiende y que no reciben el cuidado pertinente". Todo acababa por perderse...

Autoritario, serio, duro y protector con los que quería, Martínez Rosillo no pudo hacer nada para evitar las rejas. Su encarcelamiento degeneró en un desastre financiero familiar que se agudizó con el cierre, en esos días, de dos de sus empresas: la acerera Sociedad Manufacturera Metalmecánica, en San Luis Potosí y dirigida por su hijo Jorge y la textilera Industrial de Ropa Santa Fe, con la que había invadido de pantalones y camisas de mezclilla la frontera sur de EU, además de abastecer al ISSSTE, IMSS y Fonacot. Pero el empresario probó ser un mago para convertir un infierno en un edén. Debido al cierre de la textilera quedaron vacíos los predios de la colonia Doctores (DF), donde sus camiones repartidores cargaban la ropa. Decidió que uno de esos predios, el de Doctor Andrade 113, fuese rentado a Serpaprosa como estacionamiento. Vocación que le halló a otro par de terrenos. Un predio vacío podía ser negocio. Contento con la idea, se alió con la Compañía Operadora de Estacionamientos Mercurio (Coemsa).

La metamorfosis de los estacionamientos
Con su padre en prisión, Jacobo Martínez, a sus 27 años, se encargó de pujar por los estacionamientos puestos a concurso por el gobierno capitalino a través de Servimet. La amistad con el regente Aguilera pudo haber facilitado el negocio. Sea lo que sea, el ‘güero’ Rosillo y sus hijos obtuvieron la concesión de más de 80 estacionamientos, los que se salvaron de la crisis financiera y consiguieron dinero para pagar los gastos generados por el encarcelamiento. "Desde la cárcel mi papá me decía, ‘ahora consigue tanto, a ver cómo le haces’. No me decía ni de dónde sacar la lana. Yo estaba recién casado y decía, ‘cómo le hago, puta madre’", recuerda Jacobo.

Antes de morir, Martínez Rosillo heredó a sus hijos algo más valioso que el dinero: una sociedad a 50% con la constructora española OHL. Hace una década, preocupado porque el retorno de la inversión de los estacionamientos superaba los 10 años, se alió con OHL para levantar un centro comercial sobre el estacionamiento de Antonio M. Anza y avenida Cuauhtémoc, en el DF. Había que encontrar la ‘vocación ulterior’ de los predios, para que el estacionamiento se asegurara un flujo constante de vehículos. Así, la nueva empresa familiar, Sociedad Consultora Proyecto Plus, y OHL construyeron Pabellón Cuauhtémoc sobre el estacionamiento del desaparecido Exhibimex y donde hoy se generan más de 1,000 empleos. El negocio se multiplicó: además del ingreso de vehículos, rentar casi 100 espacios a Sanborns, Mix-Up, Cinemex y otras compañías produce flujo permanente. La estrategia se repitió con las plazas Misterios y El Rosario. Según Copemsa, un estacionamiento que no está integrado a un inmueble con actividad comercial (hospitales, centros comerciales) tiene un retorno de la inversión de 15 años.

Los estacionamientos públicos en el DF son un área de oportunidad muy exigente. Para solventar los gastos y tener margen de ganancia, debe tener un flujo de automóviles tres veces mayor al del total de cajones. Por ejemplo, en uno de 300 espacios deben entrar, como mínimo, 900 vehículos al día.

En cálculos de la empresa Ranver, líder en su ramo a nivel nacional, si se pretende que un estacionamiento alcance un retorno de la inversión de rango inmobiliario (entre 12 y 15% al año), las tarifas deberían ser las que cobra el hotel Fours Seasons del DF, que recibe 90 pesos por la primera hora y 40 pesos por las horas siguientes. Pero la realidad es otra. Actualmente, el promedio de la tarifa capitalina es de 20 pesos por los primeros 60 minutos.

Un hombre de novela
Jorge Martínez Rosillo encarnó en su juventud personajes tan diversos y contrapuestos que más que un hombre de ideales parecía un actor de asombrosa versatilidad. En 1956 fue el único mexicano en participar en una expedición revolucionaria a Cuba anterior al Granma que naufragó poco después de zarpar de Campeche. Luego, pese a haber sido miembro del Partido Comunista, el destino le entregó una diputación del PRI por Sinaloa. Días después de la elección de 1988, fue el intermediario de las reuniones secretas entre los candidatos Carlos Salinas de Gortari y Cuauhtémoc Cárdenas, una de ellas en casa de su amigo Manuel Aguilera.

Y en los días aciagos del periodo especial cubano y apoyado en su excelente relación con el Ministerio del Interior de la isla, condujo a Cuba a varios empresarios mexicanos. "Mi papá llevó a Gabriel Magallón, director general de Sicartsa; a los Lobo, de (Grupo) Protexa, y a 10 empresarios de muy alto nivel. Cuba se abría al tema de la inversión extranjera y asumía la pérdida del respaldo de la URSS. Mi jefe fue útil al gobierno cubano", dice Jorge.

Eso sí, él actuaba en silencio, eludiendo la prensa y la exposición pública. Pero no siempre fue posible: a mediados de los años 90, el periodista Bertrand de la Grange publicó varios supuestos memorandos fechados a fines de 1993 en los que, aparentemente, Martínez Rosillo informaba a Manuel Aguilera y Manuel Camacho sobre el abastecimiento con todo tipo de provisiones (desde botas hasta aparatos de radiocomunicación) a un grupo de personas al mando del obispo Samuel Ruiz. Aunque hasta hace poco el periodista Leopoldo Mendívil y el escritor Jorge G. Castañeda discutían sobre la posible autenticidad de los documentos, que implicarían a Martínez Rosillo en el levantamiento zapatista, no existen pruebas de que son reales. Le pregunto a Jorge, ex diputado por el PRD:

¿Se puede ser un prolífico empresario e ir por la vida con la bandera de la izquierda?
Ser, como yo, miembro del PRD viniendo de la iniciativa privada no es fácil, y son dramáticos los prejuicios del empresariado sobre la izquierda. Para los empresarios soy ‘el patito feo’ y en el PRD, por mucho tiempo, se percibía al empresariado como disociado de las ideas progresistas.

Fue Jacobo quien hace poco persuadió a Jorge de acotar su carrera política. Al concluir la LIX Legislatura le sugirió elegir entre la política o los negocios. "Mi papá nos trató en condiciones similares. Y eso para mí es complicado. Yo digo: las empresas ya tienen un tamaño considerable, ¿qué pasa si mañana tomo una mala decisión y el peso recae en mí cuando mi hermano es mi socio y gana lo mismo que yo, pero sin participar en la empresa?, explica Jacobo. Por la magnitud de nuestras empresas, Jorge debía elegir para evitar un conflicto. Para muestra, mi papá: su granja porcina de Sinaloa cerró por un asunto político. Y lo mismo acabó con el negocio maderero en Chiapas". Jorge es hoy el director general de Copemsa.

Los Martínez Ramos siguen viendo los estacionamientos como el giro para catapultar sus negocios. Pero la estrategia ahora tendrá visos políticos. Copemsa, que controla más de 50 estacionamientos (14,000 cajones) en el DF, prepara una propuesta que entregará a Marcelo Ebrard para que la legislatura libere las tarifas y se impongan duras sanciones a los coches estacionados en la calle.

El proyecto impulsa la necesidad de aumentar el uso de inmovilizadores, parquímetros y grúas. Así, la inversión en estacionamientos aumentaría, las calles se liberarían de vehículos y se agilizaría el tránsito."Ya hablé con Marcelo y me dijo que estaba dispuesto a oírnos. Es un jefe de gobierno con espíritu empresarial que conoce muy bien la ciudad. Va a entender nuestra idea", dice Jacobo. Se calcula que en el DF hay unos 1,000 estacionamientos, administrados en su mayoría por Copemsa, Ranver, Coemsa y Central Parking System.

Mientras, la familia se divierte con su nuevo experimento: el resort Rosewood Mayakoba, con 128 suites y 32 villas en la Riviera Maya, y el campo de golf El Camaleón, de 7,000 yardas, frente al Sistema Arrecifal Mesoamericano. En el hotel se han invertido 120 MDD, en una zona donde el metro cuadrado cuesta 5,000 dólares.

La propuesta de invertir allí fue de OHL, dueña de este predio. Pero Jacobo observa desconfiado los márgenes de ganancia: "Es un área empresarial que veo con escepticismo. Debe ser un negocio financiero donde nos den una tasa de retorno. No encuentro que ahí (en la inversión del Rosewood) nos quedemos mucho tiempo".

Sociedad Consultora Proyecto Plus y OHL quieren realizar juntos una decena de proyectos inmobiliarios más. En unos meses, frente a la Alameda poniente, los Martínez y OHL pondrán la primera piedra de un proyecto, cuyo diseño se encargará al despacho Foster and Partners, del célebre arquitecto Norman Foster.

En 19,000 metros cuadrados de Santa Fe se construirán restaurantes, locales comerciales, un hotel de lujo y una tienda departamental. Hoy negocian espacios con Louis Vuitton y Chanel; los restaurantes Harry Cipriani y Mortons, y con Mandarin Oriental Hotel Group.

Cuando la entrevista concluye, Jacobo Martínez Ramos se levanta, y hace un gesto de incomodidad. "Creo que es mejor estar lejos de los medios". ¿Por qué?, le pregunto, y me dice: "hay tantas envidias..."

Como su padre, trabaja en sigilo, para que su nombre y el de sus hermanos suene poco. Los proyectos de las empresas de los Martínez Ramos, sin embargo, son fastuosos. Serán esos proyectos, entonces, los que hablen por los hijos del enigmático ‘güero’ Rosillo.

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