Los transformadores

Un puñado de emprendedores demuestra que la creatividad sí paga.
Nelly Acosta

  Aunque registrar y proteger una patente cuesta miles de pesos, la piratería se ensaña con cualquier cosa que diga ‘nuevo’, y la gente prefiere modelos conocidos en vez de ‘poner los huevos en la canasta de lo novedoso’, los afanes innovadores de muchos emprendedores mexicanos no cesan.

Es el caso de Carl Rianhard, director general de OpenTec, una firma que vende software y aplicaciones para aprendizaje a distancia. Motivado por la dinámica del mercado estadounidense y la influencia del modelo indio, lo que comenzó en 1973 como un negocio de fierros –rentando equipo de cómputo y vendiendo ensambles– evolucionó hasta ser una firma desarrolladora de software 100% mexicana.

OpenTec era canadiense, pero en 1996 la compraron inversionistas mexicanos y probaron un esquema de innovación total. Ahora, la empresa factura 6 millones de dólares y trabaja en tres vertientes: renta de equipo (60% de su ingreso), creación de portales y software para educación a distancia (e-learning, 30%) y software para la gestión de clientes (10%). En el e-learning, que creció 200% en un año, se tiene la mayor apuesta. El área opera con 70 personas (de las 120 de toda la empresa) y atiende a 40 clientes, que usan sus aplicaciones para capacitar a su fuerza de ventas, comunicar a su personal cambios estructurales y hasta para coordinar sus fusiones. Uno de sus clientes es Motorola, para quien crearon su universidad virtual Motoentrenate.com.

El software le ha permitido a OpenTec ampliar sus horizontes: ya cuenta con oficinas en Monterrey, Guadalajara y Querétaro y tiene clientes en 15 países.

“Ha sido difícil, pero nos motiva sabernos una empresa pequeña y joven”, dice Rianhard, “saber que aún hay muchos lugares donde no tenemos un solo cliente nos hace ir a buscarlos”. Según el directivo, el país está a tiempo de transformarse si se cambia el modelo estructural, como se hizo en India. “No podemos conformarnos y competir sólo con la maquila de mano de obra barata. El futuro de México depende de que generemos un modelo de servicios hechos totalmente aquí”, la apuesta concreta de OpenTec.

Una alianza natural
Detrás del tratamiento de aguas residuales, el cuidado de granjas de camarones o el cultivo de hortalizas y agricultura orgánica, está Alianza con la Biosfera (Alibio), un grupo de empresarios mexicanos que decidió apostar a la biotecnología, con un objetivo: crear en el país toda la investigación y desarrollo de esta ciencia, con talento mexicano.

“Aún desarrollamos productos en Estados Unidos. De hecho, la biotecnología que viene de allá ya es vieja, pero su aplicación al sector ambiental y de nutrición no tiene más de siete años, ahí innovamos nosotros”, comenta su director general, Alfredo Suárez Rivero. La prueba de cómo han ‘mexicanizadoesta rama del conocimiento es con un sistema creado para limpiar aguas o con la tecnología que diseñaron para fortalecer el sistema inmunológico de los camarones.

“México tiene más marcas de cultivo en el mundo porque no hay regulación. Las empresas extranjeras llegan muy fácil, vendiendo soluciones mágicas. Eso es lo que queremos cambiar”, dice. Alibio todavía cuenta con 20% de capital extranjero, pero está en busca de nuevos recursos para hacerse mexicana 100%. Para lograrlo, planea abrir laboratorios y una planta en el país, que serán operados por expertos de universidades locales.

La compañía ha crecido 52% desde 2003. Ahora tiene sucursales en Culiacán, Mérida y Morelia y logró facturar 24 MDP el año pasado. Para 2007, espera alcanzar 40 MDP en las áreas agrícola, acuícola y en el tratamiento de aguas residuales. “¿Nuestro secreto? La sabiduría. A los 35 empleados de Alibio los capacitamos todo el tiempo. Si no lo hacemos”, dice en tono serio, “nos comen el mandado”.

Suárez asegura que el desarrollo de tecnología es vital. Lo mismo que un modelo de negocios bien enfocado: “El tema de ser innovador me abrió la oportunidad de reinventarme”.

La (nueva) historia de cada día
Digix inició hace cinco años digitalizando la hemeroteca del diario El Informador, desde que circula, en 1917. Hoy tiene contratos valuados en millones de dólares para hacer lo mismo con los acervos de la Hemeroteca Nacional y de la Biblioteca Nacional de México. Digix, basada en Guadalajara, es responsable de que se pueda consultar digitalmente La Gaceta de México, el primer periódico que circuló en el país por el año de 1722.

Humberto Carrillo, fundador de Digix, no se cansa de enumerar hitos. Después de todo, la digitalización de documentos históricos es un proceso muy costoso y complicado. Apenas un puñado de firmas lo hace en México. Pero es todo un negocio. Digitalizar 20 millones de imágenes (de las 500 millones) de la Hemeroteca Nacional costará 10 MDD y Digix lo hace desde 2002, con recursos de Fundación UNAM.

Además, tiene otros contratos: el proyecto para digitalizar casi 42 millones de imágenes de la Biblioteca Nacional está valuado en 22 MDD. “Hacemos megaproyectos con todo el cuidado del mundo, somos expertos en documentos históricos o delicados. La importancia de nuestro trabajo es el rescate de nuestra historia escrita”, explica Carrillo.

Sus procesos permiten la consulta digital de documentos que antes se encontraban restringidos. Digix es pionera en la aplicación del Reconocimiento Óptico de Caracteres, que permite a los motores de búsqueda localizar información dentro de millones de datos en segundos. Su sistema hace posible ver la imagen en pantalla, tal como se publicó en la edición impresa.

Digix se ha abierto paso no sólo en México sino también en el extranjero, iniciando su incursión en Europa, donde digitalizó archivos de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, en España, un proyecto de 200,000 euros (casi 266,000 dólares).

El cambio lo hace la gente
Los estudiosos manejan diferentes visiones para entender la innovación. Una se centra en la tecnología, otra en los mercados y la competencia, una tercera en las necesidades de los consumidores. “Una cosa es elaborar ideas y productos y luego tratar de que los usuarios los compren, y otra es construir el producto alrededor de lo que el cliente necesita y quiere comprar”, señala Luis Arnal, director de la consultora In/Situm. “En México llevamos dos o tres años de atraso en esta materia, y es grave porque significa que las instituciones y muchas empresas sólo tiran su dinero”.

Lo peor, dice, es que otros “hagan cambios y nosotros copiemos”. Es un error enorme porque dejamos de competir cuando todos los demás lo hacen. Aunque a algunas empresas mexicanas les funciona el estancamiento y la inmovilidad, “es sólo cuestión de tiempo”. El experto señala el caso de Huevo Cartoon, una exitosa idea de jóvenes mexicanos que dejó helados a grupos creativos mucho más pretenciosos.

Con información de Gabriel Suárez y Dino Rozenberg

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