Negocios en la línea

Empresarios de Tijuana cuentan cómo vivir en una ciudad que destaca por su economía.
Gardenia Mendoza Aguilar

Roberto Lyle se pasea por la colonia Chapultepec, una de las zonas más opulentas de Tijuana. El empresario de la industria de la seguridad privada atisba las calles desde su Hummer negra blindada y dice con tristeza: "Aquí vivía un amigo restaurantero, lo secuestraron, pagó el rescate, y cuando todo terminó se fue a vivir a San Diego". Unas calles después recuerda: "En esta esquina dejaron muerto a un sobrino de mi vecino". El vehículo continúa su camino loma abajo y Lyle cuenta 12 casas que se pusieron a la venta en una sola calle.

Contar mansiones con mantas y letreros de "Se vende" en las colonias de lujo de esta ciudad fronteriza es algo que obsesiona a Lyle, dueño de Siesa, una empresa de seguridad con sucursales en nueve ciudades de Baja California y Sonora. Suma ya 500 familias adineradas que en los últimos dos años huyeron por la inseguridad en Tijuana y pidieron residencia, visas para inversionistas o permisos temporales en Estados Unidos.

Estadísticas que manejan decenas de organizaciones empresariales reportan que, sólo en 2006, hubo alrededor de 500 personas asesinadas, entre civiles y policías, más de 150 secuestros y por lo menos 1,000 extorsiones. Los cálculos son conservadores debido a que se hicieron con base en los delitos denunciados, quedando a considerar la llamada regla de la cifra negra (por cada delito denunciado, hay cuatro que no se reportan).

Siesa registra que el crimen de alto impacto (asesinatos y secuestros) se incrementó desde hace dos años en 50%. La firma abrió su primera oficina en Tijuana hace 14 años con servicios de seguridad privada. Ahora ofrece, además, monitoreo digital y cibernético. Entre sus clientes tiene a bancos, centros comerciales, tiendas de autoservicio y gobierno.

En 2004, la compañía instaló 300 domos con cámaras de vigilancia en la ciudad, pero Lyle sabe que este servicio es insuficiente para sentirse seguro. Por tanto, promueve entre hombres de negocios y políticos un sistema de localización satelital para rastrear automóviles que incluye un botón de pánico. "Se instala en el coche y si el empresario percibe cualquier peligro, lo activa para que la central de monitoreo de Siesa lo reporte inmediatamente a la policía", comenta Lyle. "Tenemos 200 compañías como clientes con este servicio para directivos y seguridad de mercancía".

La inseguridad ha provocado que aquellos con posibilidades de mudar empresas y familias a California, lo hagan. Chula Vista, una comunidad aledaña a San Diego, con casas elegantes, amplios centros comerciales y calles cerradas, se ha convertido en una especie de Little Tijuana en donde se han instalado cientos de negocios de mexicanos, sobre todo restaurantes.

Las áreas administrativas de algunas compañías también se han mudado. Lyle ayudó a su amigo ‘Jorge P.’ (para quien pide el anonimato) a montar una oficina en la sala de su casa en Chula Vista para controlar –a través de videocámaras operadas por internet– su negocio en Tijuana. La productividad ha mermado, pero Jorge incrementó su calidad de vida. Ya no piensa en que será la siguiente víctima, toda vez que dos amigos suyos ya han sido plagiados.

Y es que las historias sobre este delito se convierten por periodos en el pan de cada día. Fernando Ávila (no es su nombre real), quien fuera dueño de Pomerado Automotriz, una agencia de venta de automóviles usados, se encontraba en su negocio cuando arribó un convoy de tres camionetas con vidrios polarizados. Era mediodía. De los vehículos descendieron 10 hombres encapuchados. "¿Está Ávila?", inquirió uno de ellos mientras el resto amagaba al personal. Y fue por él. Lo tiró al piso de un golpe en el estómago y ahí mismo fijó el monto del rescate a la esposa, quien presenciaba los hechos: "35,000 dólares ‘en cash’ y 15,000 por ‘El Cholo’", uno de los trabajadores.

La familia de Ávila pudo reunir la mitad del dinero en dos semanas –fecha límite para el pago–. Por eso sólo liberaron a ‘El Cholo’. El empresario se quedó en manos de los delincuentes dos semanas más hasta que la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) lo rescató en un operativo que terminó entre tiroteos. Dos meses después, un hermano de Ávila fue secuestrado.

"Fue una desgracia familiar de la que todavía no nos recuperamos", narra Fernando desde su nueva residencia en Estados Unidos. "Pero tuvimos suerte de que no nos mataran. Eran violentos y a muchos secuestrados los asesinan a pesar de que consiguen para pagar el rescate".

La escalada
En Tijuana, Jacobo Ackerman, presidente local de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), recuerda que desde principios de 2006 el sector empresarial "se vio obligado a abordar un tema que no le corresponde" cuando en cada una de las reuniones del organismo, alguno de los miembros se enteraba que algún amigo o familiar ya había sido plagiado o extorsionado. "Estábamos en la mira", comenta. "Era como si buscaran en el directorio a los personajes. De pronto nos enterábamos de que secuestraban a ferreteros, luego a aduaneros. Por gremios. Así fue hasta que rompimos relaciones con el gobierno; es decir, no asistimos a ningún evento oficial y fue hasta entonces que las autoridades voltearon a ver nuestra demanda".

Hasta hace unos años, en Tijuana la violencia se limitaba a robos o asesinatos por ajuste de cuentas entre narcotraficantes, pero después pasó al terreno del secuestro. Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública (CCSP), esta actividad la implementaron narcomenudistas para financiar y ampliar sus actividades. En Tijuana existen alrededor de 15,000 ‘tienditas’ donde expenden drogas.

La seguridad se volvió asunto institucional para el empresariado. "Estamos en una lucha que nos quita la mitad de nuestro tiempo", dice Alberto Capella, presidente del CCSP y dueño de una consultoría jurídica. Y matiza: "Este año, el problema ha disminuido un poco a raíz del Operativo Conjunto", con relación a la entrada de más de 3,000 elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) y el Ejército, con equipo para combatir al crimen organizado en la zona, cuya ubicación geográfica es clave para el cruce de la droga a Estados Unidos, pero también eje comercial y financiero.

A principios de marzo, se habían denunciado sólo cinco plagios. Sin embargo, la clase empresarial no se confía y teme que llegue el día en que el Operativo Conjunto concluya o que el gobierno federal vuelva a bajar la guardia.

"Estamos en una tensa calma; por tanto, seguimos tomando las mismas precauciones: no salimos de noche, cuidamos nuestras rutas al movilizarnos por la ciudad y preferimos que nuestros hijos estudien en EU", dice Roberto Quijano, coordinador de seguridad del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de Baja California.

Quijano sabe de qué habla. El ejecutivo ha sido extorsionado en tres ocasiones y desde entonces vive con sobresaltos. El corazón se le acelera cada vez que llama al celular de su esposa o sus hijos, de 13 y 11 años, y éstos no responden: "Pienso lo peor, que los secuestraron o se vieron involucrados en un cruce de fuegos… ¡es terriblemente angustiante! ¿Que por qué sigo aquí? Porque es mi ciudad, aquí nací y nadie me va a echar. Es una ciudad próspera y rica que hemos construido aprovechando muchas ventajas, como el ser vecinos del principal consumidor del mundo".

Imán de inversiones
De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Económico local, en 2006, Tijuana recibió una inversión directa de 565 millones de dólares. Actualmente tiene 56 parques industriales que albergan 901 empresas maquiladoras, incluyendo cientos dedicadas a la alta tecnología, y 565 de otro tipo, tanto nacionales como extranjeras, principalmente estadounidenses, japonesas y coreanas.

En enero de este año, una comitiva de compañías chinas visitó la zona con miras a invertir 1,800 millones de dólares. Además se prevé la llegada de 12 empresas más este año. De los holdings internacionales con mayor presencia están Toyota, Samsung, Matsushita, Sanyo, Hyundai, Tyco Healthcare, Mattel, Hitachi, Pioneer, Maxell, Vigobyte, JVC, Autoliv, Honeywell y Kyocera.

En el mundo de la electrónica, Tijuana es conocida como "la capital mundial de la televisión", por ser el lugar que aglutina el mayor número de maquiladoras para este tipo de producción: 250. De hecho, la región Tijuana-Mexicali es responsable de ensamblar más de 90% de los televisores comercializados en América del Norte. Y en el sector automotriz, además de Toyota, la ciudad alberga a Nissan.

La industria da empleo a 55% de las 365,000 personas contratadas formalmente en esta ciudad de casi dos millones de habitantes; el año pasado se abrieron 45,000 nuevas plazas. El resto de las contrataciones pertenecen al sector comercio (15%) y servicios (20%). "Hay una bonanza económica que no se veía desde hace 20 años", dice Octavio Corona, secretario de Desarrollo Económico municipal. "El turismo está repuntando bastante. Simplemente en los próximos tres años se invertirán en la región costera de Baja California 200 millones de dólares de un amigo de Donald Trump".

Gran destino
Durante los años 60, Tijuana fue considerada una de las ciudades más visitadas del mundo; dos décadas después trascendió la imagen de la inseguridad por el tráfico de drogas, armas y personas y el turismo decayó. En los últimos años, la rehabilitación de playas y la apertura de casinos como Grupo Caliente (del polémico alcalde Carlos Hank Rhon, a quien se le marginó del operativo de seguridad que el gobierno federal implementó) ha despertado la curiosidad de turistas, sobre todo estadounidenses que sólo cruzan la línea divisoria, hasta a pie.

Anualmente, 43 millones de personas cruzan la frontera por tierra de norte a sur y viceversa. El Aeropuerto Internacional de Tijuana es el cuarto más transitado del país, con 130 vuelos diarios que generan un flujo anual de 3.5 millones de pasajeros.

"La geografía nos colocó junto a California, el estado más rico de Estados Unidos, que viene a ser la quinta economía mundial, y los tijuanenses estamos haciendo lo posible por sacarle provecho a esa ventaja", dice Corona. Por lo pronto, con la participación de los gobiernos estatal y municipal, se firmó un convenio de colaboración para atraer la inversión de manera conjunta con algunas ciudades como Los Ángeles, Santa Bárbara, San Francisco y San Diego. Así se promueve la región Tijuana-California para elevar el nivel de competitividad que tiene la ciudad mexicana por sí sola.

Corona siempre carga a todas partes un estudio que expone las ventajas en infraestructura que tiene de manera conjunta la zona Tijuana-San Diego. La primera cuenta con 130 vuelos diarios y la segunda, 560. En total son 690. El puerto de Ensenada, Baja California, tiene capacidad para 1,700,000 toneladas de carga anual; el de San Diego, para 27 millones de toneladas, pero en conjunto suman 28,700,000 toneladas. A pesar de la diferencia en dimensiones, Tijuana no es la prima pobre, representa un gran filón de negocios y eso se sabe a ambos lados de la frontera.

De igual forma se promedian otras cifras para beneficio de Tijuana, con una fuerza laboral de 425,987 personas y una tasa de desempleo de 1.4%, un ingreso anual por familia de 14,250 dólares y 23,000 estudiantes en nivel superior. San Diego tiene un millón y medio de trabajadores, una tasa de desempleo de 3.8%, un ingreso anual por hogar de 52,192 dólares y 243,000 universitarios. "La estrategia (de vinculación comercial y laboral) ha tenido éxito y en los últimos años llegaron a instalarse firmas de áreas médicas, aeroespaciales y de metalmecánica", resalta Corona.

Más protección
Mario Escamilla, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) en Baja California, señala que con esa bonanza económica, Tijuana sería el paraíso, a no ser porque el dinero que se genera es peleado con sangre por "delincuentes y chacales" que rondan a los empresarios, directivos y trabajadores honestos.

Escamilla, de 53 años, reconoce que vive en San Diego desde hace 24 meses con su familia porque tiene miedo de ser secuestrado. Sin embargo, su trabajo como director de la compañía trasnacional Corporativo Ambiental –que maneja materiales tóxicos– lo obliga a regresar diariamente a Tijuana. Sus jefes, por el contrario, prefieren no visitar la sucursal. "Cada vez que cruzo la garita me siento vulnerable, aunque al menos tengo la tranquilidad de que mi familia está a salvo. Muchos empresarios están en una situación similar a la mía", reconoce Escamilla, quien ha tomado algunos cursos de defensa personal y estrategias para evadir la delincuencia. Incluso se compró un auto compacto para no llamar la atención y cambia de ruta todos los días.

La Secretaría de Seguridad Pública municipal instauró, a principios de diciembre de 2006, el operativo Ruta Segura en el que se asignaron 120 policías motorizados para vigilar las calles desde la garita fronteriza hasta los parques industriales. La medida respondió a la petición del presidente de la Asociación de Maquiladoras Japonesas, Masato Murakami. Esta organización había tomado por sí misma medidas extremas contra la delincuencia, como cruzar la frontera en helicóptero. Esa práctica todavía la llevan a cabo los directivos de mayor nivel de las firmas orientales operando en la ciudad; los mandos medios viajan en grupo en camionetas blancas blindadas que los habitantes de Tijuana llaman en broma ‘Sushi-van’ porque tienen la forma del clásico rollo de arroz oriental con pescado crudo.

Un negocio en boga es el de los guaruras. Los servicios de escolta se han multiplicado en los últimos dos años hasta en un 50%. Julio Alcantar, director de la Policía Comercial de Tijuana –que brinda servicios de guardaespaldas por 100 pesos la hora–, dice que la organización a su cargo "no se da abasto" para capacitar a especialistas en seguridad a particulares. Cada mes tiene en activo a 150 guaruras.

Ante el déficit de personal especializado en seguridad personal, algunos empresarios contratan a ex militares o policías dados de baja que mantienen sus permisos para portar armas. Alberto Capella, el presidente del Consejo de Seguridad local, es uno de ellos. Requirió el servicio después de varias amenazas de muerte por su activismo en contra del crimen organizado.

Pero lo cierto es que la desconfianza hacia los encargados de seguridad, así como el poco profesionalismo de muchas empresas que surgieron casi por generación espontánea, han bloqueado algunas propuestas de coordinación de seguridad entre los empresarios. El Programa Integral de Protección Empresarial (PIPE) proponía integrar en un sistema de intercomunicación a todos los guardaespaldas, pero no se concretó ante el temor de que se revelaran los movimientos de los empresarios, así como datos de sus familias.

Hace medio año, la policía municipal denunció que los narcotraficantes y sicarios daban instrucciones por las líneas internas de comunicación de las corporaciones de seguridad local a algunos de los agentes corruptos; otros, lanzaban amenazas o burlas mordaces. Llegaron hasta planear y coordinar plagios por esos medios.

Una de las acciones más llamativas durante el operativo de la PFP y el Ejército fue la quita de armas a la policía municipal. En medio de la polémica, ningún agente tuvo problemas, pero en la prensa se reportó su inconformidad: nadie se siente a salvo.

"Es duro vivir así", dice Escamilla, de Canacintra. "En realidad no es fácil vivir en Tijuana, pero no nos vamos a rendir. Yo espero regresar pronto, si la seguridad mejora, aunque sea un poco, porque hay muchas posibilidades para hacer negocios aquí".

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