10 meses o 10 años

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Thomas L. Friedman

En Irak hay tantas personas matando a otras por tantas razones –religión, crimen, política–, que toda propuesta de solución parece risible. Hace unos años fue posible apaciguar la guerra civil en Bosnia convirtiendo al país en una federación laxa, debido a que las partes tenían líderes que mantenían una coherencia razonable, podían cerrar un trato y cumplir a su facción. Pero Irak está roto en tantos pedazos, dividido entre tantos terroristas extranjeros, milicias, partidos, que al parecer nadie es capaz de cumplirle a nadie. Irak ya entró en una etapa posterior a la guerra civil. Pasó de fragmentarse a dejar de funcionar. Ya no es la Yugoslavia árabe, es la selva de Hobbes.

Por lo anterior, EU necesita encarar sus opciones reales en Irak, que son: salir gradualmente en el lapso de 10 meses, y mientras trata de estabilizar al país de una u otra manera, o aceptar el hecho de que la única forma en que Irak no sea un Estado fallido es reconstruir desde los cimientos, lo cual tomaría 10 años y una reinvasión con al menos 150,000 efectivos adicionales, aplastar a las milicias suníes y chiíes, controlar las fronteras, así como erigir las instituciones y la cultura política desde cero.

Cualquiera que asegure que EU puede entrenar a unos cuantos efectivos militares más y retirarse de Irak en dos o tres años, miente o es un tonto. Justo después de la salida de EU, Irak se vendría abajo. No hay nada que se pueda hacer para que el final de la presidencia de Bush produzca un Irak autosustentable y estable; donde “autosustentable” es la palabra clave.

En su libro La verdad central de los liberales, sobre el impacto de la cultura sobre la política y el desarrollo económico, Lawrence Harrison nota que algunas culturas son “proclives al progreso” y otras “resistentes al progreso”. En el mundo árabemusulmán de nuestros días, al parecer las fuerzas culturales que se resisten al progreso son demasiado fuertes, particularmente en Irak, razón por la cual es tan difícil establecer instituciones democráticas que perduren en esa tierra, dice.

En febrero de 2003, antes de la guerra, escribí una columna acerca de lo que denominé la regla ‘tienda de cerámica’ para Irak: “Si lo rompes, lo pagas”. No era un argumento contra la guerra, sino un cuento admonitorio de la necesidad de hacerlo con aliados.

Sin embargo, mi regla de la ‘tienda de cerámica’ estaba equivocada, Irak ya estaba bastante roto antes de que Estados Unidos entrara en ese país (todo parece indicar, por 1,000 años de autoritarismo árabe-musulmán, tres brutales décadas de mandato suní-baathista, aunado a una paralizante década de sanciones de Naciones Unidas). El país se sostenía sólo por el puño de hierro de Saddam Hussein.

Si EU hubiera realizado una ocupación apropiada y aplicado una terapia política, quizá su puño de hierro habría mantenido la unión de Irak durante el tiempo suficiente para colocarlo en un nuevo rumbo. Pero, en vez de eso se creó un vacío, al no destacar suficientes tropas.

El vacío lo llenaron asesinos suníes-baathistas y otros del tipo de Al-Qaeda, que masacraron a iraquíes chiíes hasta que finalmente ellos ya no lo toleraron y devolvieron la matanza, que es donde estamos hoy. El mundo de los suníes debería bajar su cabeza de vergüenza por la barbaridad que toleró y apoyó tácitamente: EU debe fracasar en llevar una política progresista o democracia a esta región, sin importar cuántos iraquíes mueran.

Esto deja dos opciones imposibles. Si EU no está preparado para hacer lo necesario para aplastar a las fuerzas oscuras en Irak y reconstruirlo apropiadamente, entonces es necesario que se marche, pues no tiene ningún sentido seguir tropezando como lo ha hecho. Eso sólo equivaldría a arrojar más y más vidas a un hoyo cada vez más profundo, y cada vez más piezas rotas en su interior.

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El autor es columnista de The New York Times.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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