Las rutas emergentes

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Julio Faesler

En el gran teatro de la economía internacional hay que actuar. No para buscar protagonismos, sino con sentido pragmático para alinear fuerzas a favor de nuestro desarrollo. Si no sabemos crecer dentro del contexto internacional los problemas internos nos ahorcarán.

Las estructuras mundiales marcan niveles de referencia para nuestro comercio y los flujos de inversión que atraigamos. De la capacidad de negociación coordinada del gobierno y de los empresarios depende el ocupar los espacios que requerimos blandiendo una competitividad efectiva dentro de la globalización imperante.

Estados Unidos y Europa son vitales como mercados. Pero a ellos se añaden las millonarias oportunidades de los países asiáticos que avanzan a pasos impresionantes como son los casos de India con crecimiento de 9.6% al año, China con 10.4% y Rusia, a razón de 6.5%. Algunos países de Europa Central, como la República Checa y Polonia, crecen 5.8%. Todos nos invitan a actuar en sus dinámicos mercados emergentes.

No vamos a lograr este propósito suscribiendo más acuerdos que, cuando los llegamos a implementar, dejan desprotegidos a nuestros agricultores e industriales pequeños y medianos. Tampoco se trata de exportar a como dé lugar, aunque el contenido nacional de lo que vendamos sea mínimo. Nuestras relaciones con el exterior tienen que ser sólidos pilotes que apoyen el aprovechamiento pleno de nuestra capacidad productiva y con ello un alto nivel para México. El comercio exterior es factor indispensable pa-ra alcanzar índices de crecimiento neto.

Ahora bien, 2007 se nos avecina con índices de crecimiento afectados por el menor ritmo económico estadounidense, que se prevé para este año entre 2.5 y 2.7%.

Nosotros debemos crecer al menos 4.5% anualmente sólo para cubrir el aumento de nuestra población, según INEGI de 1%, y una inflación prevista de 3.5% para 2007. Para lograr un crecimiento real de 2%, por ejemplo, se eleva la meta de crecimiento a 6.5%, alta comparada con el desempeño actual, pero inferior a la que se logró durante varios años en el pasado. La administración del presidente Calderón haría bien, sin embargo, en no prometer demasiado a corto plazo, ya que hay muchos elementos que determinan el resultado y están fuera de control del ámbito oficial.

Para avanzar hacia tal meta tenemos que ocupar más racionalmente la fuerza productiva de nuestra población económicamente activa. Hacerlo implica producir más bienes y servicios que los que puede adquirir nuestro actual poder de compra doméstico. Por ello hay que suplementar ese poder de compra con exportaciones.

Es aquí donde mejorar la composición de nuestras exportaciones es importante. Si seguimos con exportaciones que en más de la mitad contienen insumos extranjeros, no sólo desperdiciamos potencial productivo, sino retrasamos seriamente nuestro crecimiento nacional al dejar de aprovechar la fuerza y creatividad de millones de trabajadores mexicanos que debía dedicarse a producir los insumos que la industria requiere, pero que hoy traemos de fuera. Por eso hay que proteger y favorecer las cadenas de producción local con vigorosas políticas de desarrollo zonal.

El reto es doblemente acuciante, sobre todo si ya nos estamos enfrentando a una severa reducción de nuestros ingresos petroleros con los que nos hemos acostumbrado a contar. Es imperativo incrementar la gama de la producción nacional en todos los órdenes.

Es preferible que estas realidades y los retos que destapan se nos presenten a principios de sexenio que si aparecieran más adelante, a la mitad o a finales de la administración, cuando ya hay poca posibilidad de maniobra  y coordinación entre los sectores productores y políticos del país.

No hay de otra, manos a la obra.

El autor fue embajador de México en India.
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