El oro, víctima de su propia reputación

Atrae a los que buscan un activo seguro, pero su liquidez debilita la estabilidad de su precio; pese a los vaivenes en la cotización, la analista de UBS Daniela Steinbrink recomienda el oro.
El inversor inteligente compra oro con un precio objetivo en
Daniela Steinbrink Mattei*

Parecía el escenario perfecto para una nueva fiebre del oro. En la semana del 6 de octubre de 2008, los mercados de valores del mundo entero cayeron un 15% y más también.

El fin de semana siguiente, los dirigentes de los países de los grupos conocidos como G7 y G20 se reunieron con urgencia para analizar la creciente crisis financiera, sin certeza alguna de poder encontrar una solución.

Las instituciones financieras de ambos lados del Océano Atlántico sufrían fuertes presiones y aumentaba la alarma general por la gravedad de la situación financiera.

Para muchos inversores, sacudidos por los acontecimientos y llevados por sus preocupaciones, la opción de comprar oro – el refugio más seguro en épocas de turbulencia - no planteaba ninguna duda.

Sin embargo, el 10 de octubre, mientras los ansiosos compradores hacían cola frente a las tiendas de monedas en Londres, el precio del oro bajó de 913 dólares a 850 dólares la onza. Y, el 27 de octubre, la agencia de noticias Dow Jones informó que un lingote de una onza de oro puro de 24 quilates se vendió en Ebay por 835 dólares. Mientras tanto, la onza de oro de “papel” –es decir, el oro que se comercializa en el mercado de contado (o mercado spot)- se vendía a sólo 729 dólares.

He aquí la gran paradoja: si bien la demanda del oro aumentaba, los precios bajaban. ¿Qué ocurría? Una posible explicación posible que, a pesar del aumento de demanda, pareciera haber bastante oro disponible. No obstante, ¿quién querría vender oro en un momento tan inquietante?

Para los economistas, el oro es “líquido” – es decir, se puede vender fácilmente para obtener efectivo. Sin embargo, no es exactamente lo mismo que tener efectivo. Durante una crisis financiera como la actual, justamente lo que falta en la economía es dinero en efectivo. Ha sido imposible conseguir préstamos en efectivo y, en especial, contar con efectivo para afrontar los vencimientos de obligaciones y demandas de cobertura suplementaria. La escasez de efectivo lleva a muchos operadores del mercado a deshacerse con rapidez de sus activos, incluso su oro.

Entonces, el oro, de hecho, es víctima de su propia buena reputación: atrae a la gente que busca un activo “seguro”, pero su facilidad de liquidez debilita la estabilidad de su precio. Efectivamente, la volatilidad del precio del oro ha alcanzado un nivel de alrededor de dos tercios de la volatilidad extrema del mercado bursátil estadounidense en los últimos dos meses.

¿Acaso esto quiere decir que no conviene invertir en oro? De ninguna manera. A pesar de su elevada volatilidad actual, el oro todavía ofrece una buena protección para las épocas de inestabilidad. Más aún, dado el enorme nivel de deuda de los gobiernos del mundo entero y la subida inminente de emisión de dinero para combatir la incipiente recesión global, es muy posible que, en el futuro cercano, se reavive la preocupación por la inflación. En nuestra opinión, esta situación plantea un argumento a favor del oro.

Cabe señalar que los inversores que opten por el oro deben ser disciplinados. A menudo, los inversores sienten un apego emocional por este metal. Con toda tranquilidad, declaran: “El oro es la inversión más segura de mi cartera y nunca lo voy a vender.” Este tipo de lealtad es injustificada y puede resultar costosa. Luego de superar los 600 dólares por onza en 1980, el oro tardó un cuarto de siglo en alcanzar ese nivel otra vez.

El inversor inteligente compra oro con un precio objetivo en mente y un tope firme de pérdida, decidido a vender en cuanto se cumpla una de esas dos condiciones.

*La autora es analista senior del UBS Wealth Management Research.

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