Mujer Banorte

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Sara Brito

Cuando en 1993 Adrián Lajous, siendo uno de los directores corporativos de Pemex, salió apresurado de una reunión con Alma Rosa Moreno Razo, pronunció ante un colaborador unas palabras que darían con el nombre por el que aún se le conoce:  “¿Qué?... Alma Rosa?, ¡Si es alma negra!”.

Lajous había sido una víctima más de las duras dotes negociadoras de la entonces directora general de Políticas de Ingresos de la Secretaría de Hacienda. Dicen, y ella lo corrobora, que su táctica era derrotar por cansancio al oponente. Hoy sigue siendo así.

Es una negociadora nata. Era la mayor de cuatro hermanos pero eso no le daba derecho a excederse.

Ella ha sido la dama de hierro del fisco, académica de rigor en el CIDE y diplomática en Reino Unido, desde donde experimentó los ataques terroristas del 11-S. Este último puesto es “el broche de oro de su carrera institucional”, dice, aunque todavía sueñe con ser secretaria de Hacienda. A sus 53 años se sienta, menuda y elegante, en un despacho acristalado de la torre Banorte, en Santa Fe. Ahora es una mujer del sector privado.

Pero esté donde esté, ese incómodo “no” la acompaña. Lo ejerció en Hacienda desde 1983, y también hoy, que dirige las políticas de administración del quinto banco de México.

Alma Rosa Moreno fue la única mujer en el círculo que decidió la economía nacional en las últimas dos décadas. Fue colaboradora estrecha del actual secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, cuando fue subsecretario de Ingresos; y de Guillermo Ortiz, durante el sexenio zedillista. Muchas de las reformas al sistema fiscal llevan el sello de Moreno, quien además presidió el SAT entre 1999 y 2000.

Pero las cuentas estatales no han sido su única pasión, aunque sí la más ardiente. Gil Díaz la describió recientemente como una persona de análisis, incansable y de mucho carácter. Llegaba a las 8 de la mañana a sus oficinas y podía salir a las 2 de la madrugada del día siguiente. “Estaba profundamente enamorada de mi trabajo, lo que no me permitía tener otra vida fuera de él”, recuerda.

En 1993, miró y no vio más que trabajo. Entonces tomó la decisión más importante de su vida, junto a su carrera profesional: tener hijos. “Fui madre a los 40, y sé que si lo hubiera sido antes no hubiera tenido una carrera de tanto éxito. Es un precio que pagamos muchas mujeres”.

Su madre fue de gran apoyo y la acompañó a Londres para cuidar de sus tres hijas durante los tres años que fue embajadora. Ahora Moreno sale de Banorte normalmente a las 16:30 y las jornadas maratónicas son música de otro tiempo. Lo que no cambia es su rigor. Cuando Roberto González Barrera, presidente de Banorte, la invitó al grupo, le pidió que los liberara de la ineficiencia. Banorte gastaba 72 centavos para lograr cada peso de ingresos, comenta, y su equipo consiguió recudirlo a 52. Según datos de la Comisión Nacional Bancaria, el grupo financiero despidió entonces a 2,377 personas y cerró 69 sucursales. Alma Rosa Moreno ha venido al corporativo a centralizar y a ordenar. Y a decir no una vez más.

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