Productos a la medida

El futuro se acerca. Las empresas quieren vender cremas, medicamentos y sopas sólo para mestizo
Alhelí Lara Rodríguez

Ocultar las canas y las arrugas, ver mejor, saciar el hambre o la sed y hasta detectar un cáncer de mama naciente está captando la atención de varios científicos. En algunos laboratorios de México y del mundo se investigan tintes para el cabello, cremas antienvejecimiento, aguas, sopas, lentes de contacto y hasta detectores caseros de cáncer pulmonar especialmente diseñados para el genoma mexicano.

El pitazo inicial lo dio, en marzo pasado, el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen). Luego de tres años, anunció que ya tenía listo el mapa del genoma nacional resultado de investigar a 35 grupos étnicos distintos de los otros continentes. Un año después, a inicios de 2008, saldrá al mercado mexicano el primer producto: un dispositivo para la detección temprana de cáncer de mama, al que más tarde le seguirá el de cáncer de próstata.

Al ser el único país latinoamericano detrás del ADN local y dado que el proyecto internacional del genoma sólo incluía las poblaciones africana, europea y asiática, México será referente regional casi obligado. “(Mestizos) hay gran cantidad en EU y el mestizaje sucedió en casi toda América Latina”, afirma Gerardo Jiménez, director del Inmegen.

La mezcla genética de decenas de etnias diferentes con poblaciones de otros continentes que arribaron a Latinoamérica es una especificidad de México. A eso se suman los 20 millones de mestizos que existen en EU, es decir, la mitad de la población hispana. Es tal el potencial que la suiza Nestlé firmó, en febrero pasado, el primer acuerdo mundial en nutrigenómica con una institución pública (el Inmegen), a través del cual explorará la reacción a los alimentos de ciertos grupos étnicos.

Pero aunque el abanico de productos genómicos en gestación es amplio, la prioridad del Inmegen se basará en la estrategia sanitaria del gobierno mexicano para combatir las enfermedades con mayor índice de morbi-mortalidad. Uno de ellos es el cáncer de mama, responsable de 60,000 muertes en México, según la Secretaría de Salud. El proyecto nacerá de la incubadora de empresas del Inmegen, la cual ya detectó un grupo de genes que permitirá saber en etapa temprana si el tumor será maligno o benigno. Se calcula que 35% de las mujeres que se hacen una radio o quimioterapia podrían haberlo evitado ya que tenían un tumor benigno.

Otra línea de investigación con altas tasas de incidencia en México es la diabetes. El Inmegen lo estudia en asociación con la Universidad de Cambridge, y Novartis espera sus resultados. Como otros laboratorios farmacéuticos de su talla, éste financia a investigadores que desarrollan medicinas para los próximos cinco a 10 años. De este modo, la división farmacéutica del grupo suizo quiere posicionarse en 2008 como la empresa con mayor innovación médica, al lanzar 14 nuevos productos al mercado.

“En caso de que ya tengas una enfermedad como la diabetes, no se requerirá de medicamentos sino de una intervención para modificar células beta (o madre) y erradicarla totalmente del cuerpo. Para eso faltan 10 años, pero se puede acelerar”, asegura Julio Portales, director de Asuntos Corporativos y Relaciones con Gobierno de Novartis.

Diferentes paladares
Incursionar en la genómica representará una ventaja competitiva no sólo para las farmacéuticas como Silanes, Novartis o Wyeth (que ya se acercaron al Inmegen). También firmas de otros sectores de cosmética, como laboratorios Darier, cadenas como Subway o fabricantes de alimentos y bebidas, como Nestlé, están apostando capital a proyectos comandados por el Inmegen que cuenta con 130 empleados y prevé llegar a los 450 para 2008.

El Grupo Nestlé es posiblemente el más avanzado en eso. Creó la Cátedra de Nutrigenómica dentro del Inmegen para descubrir cómo reaccionan los genes ante ciertas proteínas, vitaminas y minerales. ¿El futuro? Aguas, sopas, cereales, dulces y complementos alimenticios aptos para la dieta y necesidades nutricionales de distintas regiones del país. “A largo plazo, cada uno de nosotros tendrá la dieta adecuada a su estructura genómica y, eventualmente, cuando un niño nazca podrá tener un estudio de medicina genómica e identificar los tipos de alimentos que debe comer o en qué cantidades”, agrega Carlos Eduardo Represas, presidente del Consejo de Administración de Grupo Nestlé México.

La nutricosmética es otro campo que podría desarrollarse en México, y en el cual Nestlé ya tiene experiencia. Además de tener participación accionaria en L’Oréal, la empresa de alimentos y la de productos de belleza creó en 2002 los laboratorios Innéov, para aplicar la nutrición en la cosmética del cabello y las uñas, en primera instancia. “Muy probablemente los requerimientos nutricionales de la piel en otros grupos étnicos son diferentes y puede ser una futura materia de investigación”, comenta Represas.

Por ahora, bajo la tutoría de la subsidiaria estadounidense de L’oréal, un grupo de científicos desarrolla un tinte genómico. “Una variación genética podría ser la responsable de que el cabello se decolore, que ‘no agarre bien’ o produzca irritaciones; a partir de esto se trabaja en subproductos o categorías para la raza mestiza”, adelanta Santiago March, director de Enseñanza del Inmegen.

Por su parte, el laboratorio mexicano Darier, con 13% del mercado dermatológico, trabaja con el Inmegen para crear en tres años una línea que ocupe la tercera parte de su portafolio e incluirá filtros solares, cremas faciales y moléculas antienvejecimiento. Para eso, vinculará a los investigadores del instituto con un grupo comercial y un inversionista. “A mediano plazo incursionaremos en oncología (de la piel)”, agrega Ricardo Spíndola, director general de Darier.

Secretos del ADN
Contra lo que el imaginario popular suponía, los hombres y mujeres de cualquiera raza, edad o color de piel compartimos 99.9% del genoma humano. Sólo 0.1% restante hace que seamos física y bioquímicamente diferentes.

Por eso algunos reaccionan de modo diferente a ciertos medicamentos o alimentos aun usando la misma dosis. Y en este porcentaje mínimo es donde se abre un mundo distinto al que conocemos hasta ahora y una revolución en el modelo de negocios para las empresas.

Pero lo que resulta prometedor y excitante para algunos, genera temores a otros por la falta de límites para el desarrollo de esta industria basada en la parte más íntima de un ser humano. Los retos a superar van desde la implementación de un marco legal que regule la práctica y proteja la confidencialidad de datos, hasta la definición de reglas que eviten las prácticas monopólicas, discriminatorias y el beneficio para unos pocos.

“Por ejemplo, el conocimiento del genoma de un individuo ¿podría dar pie a que las aseguradoras rechacen una póliza; ¿sólo podrán ser candidatos a puestos políticos los genéticamente ‘más aptos’?, ¿resistiremos la tentación de crear el hombre perfecto o una raza superior a la genéticamente creada?”, señala Antonio Caso, director del Colegio Mexicano de Farmacoeconomía.

Por ahora, se gesta una iniciativa de ley para tratar en este periodo legislativo. “Estamos por definir un marco jurídico –con el Senado– para evitar que empresas obtengan muestras de nuestra población, desarrollen productos en sus países y vengan a venderlos”, dice Héctor Ramírez Barba, presidente de la Comisión de Salud en Diputados.

El robo y la comercialización de datos solamente representan un reto a considerar. El mayor temor radica en el acceso a información genética para impedir que un ciudadano tenga acceso a prestaciones, empleos, escuelas. Todavía falta ver a la medicina genómica en acción en México.

Pero, al margen de un par de canas o arrugas mejoradas, deberá surgir el brazo que regule y el ojo que detecte anomalías derivadas de conocer los secretos que encierran los genes de la raza mestiza. 

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