Reforma regresa por sus fueros

A pesar del peso de Santa Fe, el tradicional corredor atrajo inversiones y aumentó su plusvalía
Alejandra Sánchez Inzunza

Durante más de un mes, el arquitecto Teodoro González de León (76 años) no logró conciliar el sueño. Como cada vez que se le asigna un proyecto, pasó noches en vela para diseñar lo que en unos años podría convertirse en uno de los edificios más representativos y modernos del DF: Reforma 222.

Fue a principios de 2002. González de León, quien realizó el Museo Rufino Tamayo, se preparaba para un concurso en el que colegas suyos como David Daniel, presidente de Grupos Danhos; su director, Jorge Gamboa de Buen; el ingeniero David Serur, los arquitectos Moisés Becker y Ernesto Elva, así como el en ese entonces secretario de Gobierno del DF, Alejandro Encinas, elegirían entre tres proyectos de los mejores despachos de arquitectura.

Sin embargo, el nerviosismo nunca se apoderó de él, y su diseño, un edificio mixto de oficinas, departamentos y tiendas de lujo, fue el ganador por unanimidad. Desde el mirador de la Torre Latinoamericana (en el Eje Central y Madero, en el centro histórico) , se alcanza a ver este edificio triangular blanco, ubicado sobre Paseo de la Reforma, muy cerca de avenida Insurgentes.

Se trata de dos torres esbeltas que se abren con geometrías curvas y sesgadas hacia Reforma, dando lugar al espacio peatonal del centro e incorporando el espacio público al conjunto. Una tercera torre está actualmente en construcción. 

En 180,000 metros cuadrados –23,000 más que la superficie de la Torre Mayor–, Grupo Danhos (la misma inmobiliaria que impulsaba el polémico proyecto de la torre Bicentenario) inauguró Reforma 222 en octubre de 2007, y no son pocos los que vaticinan que se convertirá en uno de los iconos de la Ciudad de México.

Danhos fue de los primeros en hallar un nuevo filón de oro en Paseo de la Reforma. Ésa fue la idea de David Daniel Kabbaz cuando pensó en Reforma 222. Aunque en un principio el concepto de un edificio mixto de alto nivel estaba planeado en Santa Fe, como casi la mayor parte de los desarrolladores inmobiliarios que decidían invertir al poniente de la ciudad.

Pero el Gobierno del DF lo hizo cambiar de idea: “Váyanse a Reforma”, les dijeron cuando presentaron el proyecto, recuerda Jorge Gamboa, director general de Danhos.

En ese momento no tenía sentido. ¿Por qué invertir en una avenida deteriorada, sin infraestructura, sin obras públicas y sin ninguna inversión privada?

La Torre Mayor todavía no existía y no se preveía que Paseo de la Reforma pudiera reactivarse, pero las autoridades prometieron obras de rehabilitación, incentivos fiscales y mayor seguridad. 

“Fuimos los primeros que creímos que iba a funcionar. No había una sola obra pública y ninguna inversión privada, pero decidimos construir en Reforma”, recuerda Gamboa.

Sólo hubo un pequeño detalle. Faltaba el terreno. Como primera opción se pensó en un predio junto a la Diana Cazadora, donde ahora se edifica la torre Libertad, mejor conocida como St. Regis.

Antes de comprar ese terreno, encontraron otros cuatro entre Insurgentes y Niza, y en uno de ellos se edificó Reforma 222, que representa una inversión de 200 MDD, la segunda obra más grande que se ha hecho en la zona.

Ahora, como si fuera una epidemia, decenas de desarrolladores buscan espacio en la zona de Reforma. La tendencia actual son grandes torres mixtas, en las que se habiliten oficinas, departamentos de lujo y tiendas de moda, para que la avenida más importante de la ciudad se convierta en el nuevo centro de negocios del país.

Una nueva mina de oro
Hace seis años, Isabel Ortiz no se atrevía a caminar por el Paseo de la Reforma después de las ocho de la noche. No había seguridad ni buen alumbrado. Aunque era una vialidad muy transitada por autos, pocos peatones se veían por la noche, a menos que fueran hacia la zona de Polanco, que estaba más vigilada.

“Era una lástima el abandono en que estaba esa calle, estaba muy descuidada, todos preferían ir a Santa Fe o a Polanco”, recuerda Ortiz, vecina de la colonia Cuauhtémoc y testigo de la transformación. Hoy, en la avenida hay al menos 30 nuevos proyectos inmobiliarios, entre hoteles, oficinas y hasta residencias, que no sólo han reactivado la economía, sino además han cambiado la forma de vivir y pasear por la zona.

Ahora, desarrolladoras como GICSA, Danhos, Ideurban y Reichman International se han convertido en los dueños de ‘la nueva’ Reforma y han puesto en ella una inversión estimada en casi 2,000 millones de dólares.

Según cifras de la Secretaría de Desarrollo Económico, de 2001 a 2005 se levantaron 14 proyectos inmobiliarios que equivalen a 365,000 metros cuadrados de construcción, entre los que destacan los hoteles Fiesta Inn y Sheraton Centro Histórico, así como la torre Reforma 115. En total, se invirtieron 631.4 MDD en estas obras.

En los años siguientes se tienen programados otros 16 proyectos, que implican una inversión de 1,325 millones de dólares, incluyendo la torre St. Regis, diseñada por César Pelli (el mismo arquitecto que diseñó las torres Petronas) y Reforma 222.

En total, en los últimos años se habrán invertido 1,957.5 millones de dólares en el corredor.

¿Cómo logró el gobierno capitalino que en tan poco tiempo se activará la economía en Paseo de la Reforma? El plan, ideado por el ex jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, consistió en crear un plan de rescate integral al corredor Reforma-Alameda-Centro Histórico, para transformar la avenida más importante de México y convertirla en el nuevo centro de negocios de la capital.

Tal como en 1865, cuando el entonces denominado Paseo del Emperador –para otros de la Emperatriz– era la vialidad más concurrida y elegante de la ciudad, el tabasqueño buscó renovar la avenida y volverla de alta plusvalía.

La idea era atraer a los inversionistas, pero, para hacerlo, primero se necesitaba estructurar un nuevo plan de desarrollo urbano.

Por más de tres años, Paseo de la Reforma estuvo en obras continuas. Repavimentación, mantenimiento de áreas verdes, reestructuración de camellones centrales y nueva iluminación.

El plan funcionó: los 256 millones de pesos que el gobierno capitalino gastó en renovar estos 10 kilómetros –desde la glorieta de Petróleos hasta el centro histórico– hicieron que más de 30 nuevas empresas invirtieran allí.

“En cuatro años cambió muchísimo la zona, ahora ya se puede caminar tranquilo, hay muchas cosas que hacer, se puede andar en bici sin problema; en otros dos o tres años, esto va estar mucho mejor”, comenta Eduardo Flores, quien trabaja en la esquina de Reforma e Insurgentes. 

Esto se debió, en gran parte, a las reducciones fiscales. La Secretaría de Finanzas del GDF ideó un plan en el que las autoridades ofrecieron a los desarrolladores reducciones tributarias sobre nómina, predial y el Impuesto Sobre Adquisición de Inmuebles, para impulsar la inversión.

De acuerdo con la dependencia, cada peso en incentivo fiscal generó 40 pesos en inversión, lo que suma 1,957.5 MDD.

En menos de cinco años, el precio del metro cuadrado cambió drásticamente: Antes de los cambios oscilaba en los 7,000 pesos y hoy subió a más de 20,000, según Antonio Fuentes, agente de ventas de Reforma 222, donde el departamento más barato cuesta 1,500,000 pesos. El valor de cada metro tuvo una plusvalía en seis años de 285%.

Más y más torres
GICSA fue una de las empresas que vio en Reforma una veta áurea por explotar. Empezó con la construcción de la torre HSBC, un edificio de 24 niveles, hoy propiedad de ese corporativo financiero. Esta edificación fue una de las grandes obras de la IP en el sexenio pasado y es la única en su tipo que cuenta con la certificación LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental).

Ante esta buena experiencia, la firma, que ha hecho otros desarrollos inmobiliarios como City Santa Fe, decidió construir sobre Paseo de la Reforma otras tres torres de edificios: Reforma 156, Reforma 243 y Capital Reforma. Estas obras llevan 85% de avance y para su realización de desembolsaron 233 millones de pesos.

En esta última, la empresa incorporará a la cadena de hoteles Park Hyatt. Éste será uno de los desarrollos más importantes de la zona, pues se trata de un complejo multifuncional con oficinas, residencias de lujo y boutiques exclusivas y que estará listo para el corte del listón en 2009.

Según la dirección de Asuntos Públicos y Comunicación de GICSA, la empresa escogió Paseo de la Reforma porque su ‘ubicación e importancia’ representan un atractivo único en la Ciudad de México, aunado a la llegada de nuevas inversiones a este corredor.

Pero no fueron los únicos que le ‘echaron el ojo encima’ a Reforma. La cadena City Express también vio la oportunidad de construir un hotel en esa zona, el cual se llamará El Ángel y representa una inversión de 112 MDD.

El Senado de la República también será inquilino de la avenida que Maximiliano mandó a construir. Para ello, el gobierno federal destinó 1,356 MDP y estará listo a finales de 2008. Donde estaba el Cine Roble, en la colonia Tabacalera, se levantan actualmente los 16 niveles del edificio.

En Reforma 90, donde funcionaba el Cine París, se construye otro edificio, de 38 niveles, con departamentos y área comercial, con una inversión de 450 millones de pesos

El negrito en el arroz
El gobierno capitalino no calculó que permitir el desarrollo de proyectos tan grandes sobre Paseo de la Reforma podría repercutir en la vida de las personas que viven y trabajan en colonias aledañas.

Angélica Sánchez vive en la calle de Versalles, en la colonia Juárez. Durante más de 10 años se ha enfrentado al tráfico y a las manifestaciones que pasan por Reforma y aunque le gusta habitar en esa zona, considera que es peligroso que más capitalinos se muden hacia allá. “Hay mucha gente y ahora con todos estos departamentos, tiendas y oficinas nuevas, es muy probable que los problemas viales y de desarrollo urbano aumenten”, advierte.

Una de sus preocupaciones es el número de cajones de estacionamiento que cada edificio construya. Aunque acudió a la Secretaría de Desarrollo Urbano para pedir informes sobre los proyectos, nunca se los dieron porque los consideraron información restringida, y ahora no sabe cómo será vivir en esa colonia en los próximos años.

“Tememos que pase lo mismo que en Santa Fe, que ya no se pueda vivir, que el tráfico sea insoportable y que las construcciones dañen nuestra calidad de vida en vez de mejorarla”, agrega.

Pese a todo, desarrolladores, arquitectos y agentes de ventas tienen puestos los ojos en Paseo de la Reforma.

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