Sra. Economía

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En el verano de 1964, un grupo de alumnos de la escuela Manuel Bartolomé Cossío visitó los talleres de restauración del Museo de Historia Natural, en la Ciudad de México. El recinto aún no había sido inaugurado, pero el paseo fue posible porque los curadores eran padres de algunos de los pequeños. Una niña de 10 años llamada Silvia Singer era parte de los visitantes. Antes, ella había visitado muchos museos, pero esa ocasión fue especial: por primera vez ponía sus ojos sobre un microscopio. Cuatro décadas después reconoce el significado de ese momento. “Ahí supe que quería ser bióloga y dedicarme a los museos”.

Historias como la anterior podrían multiplicarse si los museos tuvieran menos vitrinas y se transformaran en talleres donde los visitantes puedan interactuar con los objetos que ahí se muestran. Eso intenta provocar el Museo Interactivo de Economía (MIDE), que dirige Singer y en donde el mantra es ‘provocar experiencias’.

Lo novedoso del tema de este museo trasciende las fronteras. En el mundo sólo hay un antecedente de recintos sobre economía. Se trata del Deutsche Bundesbank o banco central alemán, que tiene un museo que trata sobre la actividad de los bancos centrales.

Pero el MIDE es distinto. Este museo es interactivo, trata de conceptos básicos de economía y es para cualquier persona. Por eso no es raro que sea una bióloga la que lo encabece, en lugar de un economista. Singer ya tiene experiencia en otros museos, como el Papalote, Universum y el Museo de la Luz, donde ha traducido al lenguaje coloquial conceptos científicos, montado salas dedicadas a temas tan diversos como la física cuántica o el genoma humano. Singer misma se considera una “comunicadora de la ciencia”.

En voz de una museóloga, la descripción anterior contiene algo más que retórica. Singer preside la oficina mexicana del Consejo Internacional de Museos (ICOM), un organismo no gubernamental compuesto por museos y profesionales que trabajan en ellos, que tiene 21,000 asociados en 140 países. En la actualidad, este organismo analiza si se debería cambiar la definición de museo para que estos recintos no se consideren solamente como un lugar donde se resguarda la cultura, sino también donde se comunica.

En todo caso, para los visitantes que actualmente recibe, el MIDE debe dividir su objetivo en recordar y enseñar. Entre las décadas de los 70 y 90, muchos mexicanos aprendieron en el supermercado el doloroso significado de conceptos básicos de economía como devaluación e inflación. Pero hay al menos otros 12 millones que nacieron después de diciembre de 1994, cuando estalló la última crisis económica, y que no guardan recuerdos del caótico momento cuando una economía se resquebraja.

A cualquier persona le gustaría decir que en México, la devaluación ya es cosa de museos. En este caso, así es, aunque suena difícil de creer. Durante la inauguración del MIDE, el pasado 12 de julio, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, explicó que el objetivo de este museo es explicar en forma amena qué es la economía y cómo ésta afecta las decisiones cotidianas familiares. “En este país, desafortunadamente, no se enseña economía a nivel de estudios primarios, ni siquiera en secundaria”.

Quizás una frase más apropiada es que en México las devaluaciones se intentan evitar a través de herramientas como un museo que enseñe los aspectos básicos de la economía. No está claro que así sea, pero Ortiz y el Banco de México creen que el MIDE puede ayudar a comunicar en qué consiste su actividad. Los integrantes del banco central piensan que diseñar un espacio interactivo para mostrar conceptos de economía es más efectivo que un libro de texto. “Querían una herramienta moderna de comunicación y educación”, recuerda Singer. Así fue como decidieron dedicar a este fin un edificio que data del siglo XVII y que alguna vez perteneció a la congregación de las Betlemitas. La remodelación del recinto terminó en 2004, luego de 13 años de trabajo y una inversión de superior a los 20 millones de dólares.

Los desafíos
Antes de llegar a lo que hoy es el MIDE, a mediados de 2001, Silvia Singer sabía muy poco de economía. Sin embargo, conocía muy bien algo que se le parece mucho: la botánica. Así como la materia prima de los economistas es el conjunto de recursos escasos que pueden satisfacer ciertas necesidades, la botánica explica por ejemplo, cómo los árboles y las plantas de las zonas boscosas compiten por el recurso más escaso en esas regiones, que es la luz, y no les preocupa en cambio elementos como el agua, que les llega a raudales. En los desiertos, por el contrario, en donde la luz es el recurso más abundante, las especies que sobreviven son las que requieren menos líquidos, que es lo que escasea. “La botánica usa herramientas matemáticas parecidas a las que utiliza la economía”, menciona Singer.

Uno de los primeros retos que enfrentó la museóloga en el MIDE fue la selección de los temas que abordaría el museo. Su primera aproximación al guión fue por medio de las entrevistas que le realizó a 25 economistas. De la información obtenida en estas entrevistas, lo que más llamó la atención de la museóloga es que muchos de ellos eligieron esta profesión porque a través de ella podían mejorar la vida de las personas. Así fue como Singer decidió que el hilo conductor del museo sería la vida cotidiana.

Luego, hizo un estudio socioeconómico sobre los posibles visitantes. Revisó también los libros de texto para saber qué se enseñaba sobre la materia a los estudiantes de secundaria y bachillerato, y habló con profesores de estos niveles para saber cuáles eran las inquietudes que los alumnos mostraban sobre los temas económicos. Por último, realizó un estudio sobre la oferta cultural del centro histórico, en donde el MIDE sería el museo número 53 de la zona. El resultado fue un proyecto que incluía el museo, un foro educativo y un centro de información.

El otro reto vino de la exigencia de predicar con el ejemplo. Este proyecto debía ser autosustentable en términos financieros. El equipo de Singer diseñó un modelo de gestión compuesto por un fondo de reserva, cuyos intereses aportarán 30% de los gastos; la taquilla será la fuente que financie otro 30% de los gastos; y la renta de espacios para conferencias o exposiciones, así como una cafetería y la tienda del museo aportarán 40% restante. Al pasado mes de agosto ya contaban con dos terceras partes del fondo de reserva necesario para esta operación, aunque en la parte de los ingresos por taquilla tuvo que lidiar con el plantón que ocupó durante varias semanas el Centro Histórico de la capital y que alejó de esta zona a los visitantes que habitualmente tiene.

Las salas más difíciles de montar fueron las dedicadas a la numismática y (algo imposible de creer en México) a explicar el concepto de inflación, además del módulo que intenta mostrar para qué sirve la política monetaria.

Sin embargo, el mayor desafío se presentó desde el inicio del proyecto: cómo atraer la atención de los visitantes. Ahí fue donde más se notaron los 25 años de experiencia en museos que tiene Singer. “Usamos la sorpresa como medio para incitar el conocimiento”, dice. “La tarea es mantener sorprendido al intelecto y eso se logra causando una emoción”. Para el MIDE, no es casualidad que con las letras de la palabra economía se pueda formar el término emoción.

Método cientÍfico
El techo alto, los balcones y los largos pasillos afuera de la oficina de Singer hacen recordar que el edificio donde se encuentra fue construido hace tres siglos. Pero cuando Singer recibe en su celular una llamada de su hijo Sebastián, el timbre telefónico transforma esa clásica oficina en la cueva donde viven Batman y Robin.

La conversación con su hijo de 19 años une la selva de Chiapas con el Centro Histórico de la Ciudad de México. Sebastián está recorriendo el Sur con sus compañeros de generación. La conversación no contiene las típicas recomendaciones que da una madre a su vástago cuando éste se va de campamento (aplicarse el repelente contra los mosquitos, no separarse del grupo y muchas más).

En cambio, la conversación contiene un lamento familiar. “Es una pena que ya no sea planeta”, dice la madre. Se refiere a la degradación que los científicos hicieron en agosto pasado del estatus de Plutón como uno de los nueve integrantes del sistema solar. “Es sumamente emocionante que se afine la visión del hombre para definir que un planeta deja de ser planeta”, dice Singer luego de colgar con su hijo.

Este es un sentimiento que sólo puede tener alguien que ha vivido el regocijo del descubrimiento científico. Y ésta es también la forma en la que quiere abordar los temas económicos y la forma en que el MIDE los presenta. “Los museos de ciencias, difícilmente abordan temas polémicos, pero hay que aprender a manejar la diversidad de opiniones”, dice.

Eso significa que en el MIDE no hay salas ni vitrinas dedicadas a mostrar verdades absolutas. Como toda ciencia, se ahí se reconoce que los conocimientos de economía también están en constante evolución.

Por ahora, los temas prioritarios del museo son los conceptos básicos de la economía y la explicación de cómo funciona la economía de mercado, que es el sistema económico que opera actualmente en el país. Pero en una segunda etapa, el museo podría abordar otros temas que permitan mostrar las distintas visiones que tiene la humanidad sobre los diversos sistemas de economía que hay en todo el mundo.

La pasada elección presidencial hizo que la sociedad mexicana eligiera entre dos modelos económicos distintos. Todo científico sabe que el avance en cualquier disciplina se facilita cuando ese tipo de diferencias se discuten abiertamente. Y este museo podría ser un buen espacio para ello.

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