El arranque, apenas

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Juan Ignacio Fernández

México es un mundo aparte. Tal vez esta frase tenga un sentido más amplio que el que se le da en este artículo, pero es igualmente válida cuando se habla de telecomunicaciones, siempre tan cambiantes pero, al mismo tiempo, tan iguales.

Actualmente, cuando se analizan las propuestas de apertura hacia los servicios convergentes, es decir, aquellos servicios integrados denominados comúnmente triple play, donde la televisión de paga, la telefonía fija y el acceso a internet se ofrecen en paquete, se reescribe el eterno nudo en esa industria, que ha mantenido a México operando a niveles por debajo de los deseados en telecomunicaciones.

El dominio de las empresas del Grupo Carso en ese mercado es indiscutible. Telmex y América Móvil poseen una participación dominante en prácticamente todas sus áreas, hegemonía que no se vislumbra en ninguna otra economía o industria abierta a la competencia. En algunos mercados hemos visto situaciones similares, pero nunca al punto de que la concentración se haya mantenido intacta de la manera que ocurre en México.

Pese a la inercia regulatoria, ya se ven algunos cambios en la operación de la industria de telecomunicaciones. El Acuerdo de Convergencia que ya está en funciones podría generar un mercado más abierto en telefonía, al mejorar la competencia con la inclusión de las cableras. Si al acuerdo se le complementa con medidas regulatorias, como la portabilidad numérica, el camino a la mejora competitiva será más claro, aunque tal vez no sea suficiente. Con todo y que la convergencia sea real, el peso específico de la industria de la televisión por cable tal vez no le alcance para contrarrestar el poder de la telefonía, pues la cobertura de las cableras no es muy extensa, menos en áreas rurales o de baja densidad demográfica.

El acceso de banda ancha es la herramienta más importante para generar ingresos dentro de las comunicaciones fijas en casi todo el mundo y tiene un gran potencial para modernizar determinados sectores productivos, especialmente pequeñas y medianas empresas, las cuales pueden acceder a aplicaciones y servicios que elevarían su productividad y competitividad de manera importante.

En México, este mercado ha crecido, pero su penetración sigue siendo relativamente baja. Las cableras pueden ser parte de la solución pero no necesariamente toda. Esas empresas atendían, al cierre del primer semestre de 2006, a unos 3.5 millones de suscriptores para sus servicios de televisión, y 20% de éstos con servicio de internet de banda ancha. La expansión del servicio de internet de alta velocidad va a requerir más inversión por parte del jugador dominante para extender la infraestructura de conexión tipo DSL. Sin embargo, también es necesario invertir para desarrollar otras tecnologías, como WiMax, que requerirán espectro radioeléctrico y hasta el uso de la red eléctrica. La Comisión Federal de Electricidad ha lanzado un proyecto aunque todavía no tiene un modelo de negocios convincente.

Con respecto a la telefonía móvil, la situación en México es parecida pero no tan drástica. Telcel continúa dominando el mercado, pese a que hay opciones para los usuarios. Desde la entrada de Movistar, de Grupo Telefónica, por lo menos uno de los competidores puede pelear el mercado con Telcel en todos los frentes y no sólo en nichos. Las expectativas para el segmento son relativamente claras; el dominio de Telcel seguirá vigente, pero Movistar crecerá gradualmente su posición de mercado. Por su parte, Iusacell y Unefon, de Grupo Salinas, no ganarán más usuarios pero conservarán su base actual, y Nextel seguirá teniendo buena tracción en el segmento corporativo.

¿Y la tan llevada y traída 3G o tercera generación? Ni sus luces. Tal vez llegue el próximo año, o quizá habrá que esperar, de plano, a la cuarta generación. Lo cierto es que el mercado mexicano todavía no muestra apetito por los servicios que puede ofrecer la 3G, como transmisión de datos, video y voz a gran velocidad. Es recomendable que los operadores esperen a ver otras experiencias desarrolladas en servicios de 3G antes de decidir inversiones multimillonarias, pues podría ser dinero desperdiciado.

Cambiar la situación actual es imperativo para resolver el eterno conflicto entre la Cofetel y la SCT. El primer paso para solidificar el contexto sería aclarar en términos concretos quién va a dirigir el proceso de establecer las reglas del juego y asegurar que se cumplan.

Ésta es una condición indispensable, y sin ella todos los esfuerzos futuros son meros ejercicios. Aunque en la recién aprobada Ley Federal de Telecomunicaciones se aclara el panorama entre el hacer de la secretaría y la Cofetel, lo importante es que se establezca la responsabilidad final de cada una. Con eso resuelto, se pueden analizar iniciativas para incrementar la cobertura de las telecomunicaciones y el nivel de competencia en el mercado.

Cabe destacar que si bien el poder de mercado de Telmex puede ser controlado mejor y las alternativas pueden recibir un poco más de oxígeno en el mercado, no es razonable pensar que la situación competitiva va a cambiar de manera radical a corto plazo. Hay pocas empresas con el poder económico y las ganas de radicar su lucha en los mercados de América Latina. Telefónica es la única que ha mostrado ambas cualidades, las otras han optado por salir del mercado (BellSouth, Verizon, France Telecom y Telecom Italia, entre otras). Los equipos que van a pelear este torneo ya están listos, y no es realista esperar grandes sorpresas.

Las últimas tendencias de evolución de la infraestructura de telecomunicaciones apuntan hacia la convergencia de las redes fijas y móviles bajo un esquema único, donde una sola red debe operar sin importar que la tecnología de acceso sea fija, móvil, de banda ancha o angosta. Este tipo de redes ya es adoptada por operadores de mercados desarrollados y emergentes. En América Latina, firmas como Brasil Telecom ya han declarado sus planes al respecto. Telefónica comenzó a delinear su estructura corporativa con anticipación a este paso, cuando fusionó Telefónica Móviles y a su empresa de comunicaciones fijas.

En México, esta posibilidad es aún más remota que en Europa, Estados Unidos y Canadá. Tanto Telmex como América Móvil no han declarado la intención de converger sus operaciones en un futuro cercano y, dadas las características de uso de los servicios, todavía no se vislumbra un plan de negocios que justifique seguir esta tendencia internacional. La telefonía móvil continúa elevando sus ganancias con modelos básicos de prestación de servicios, y la telefonía fija todavía no acusa el impacto que se ve en otros mercados más competitivos.

Mientras la competitividad del mercado no demande más actividad por parte de los participantes en el mismo es bastante posible que las comunicaciones en México evolucionen de manera gradual y previsible. El Acuerdo de Convergencia, de ser exitoso, puede introducir un nivel de urgencia más elevado al mercado pero posiblemente con un impacto mediano.

Para iniciar un trayecto siempre se necesita un primer paso y para el mercado de telecomunicaciones de México ese primer impulso es la clarificación de los roles de los participantes del proceso regulatorio. Si el nuevo gobierno logra resolver esta situación va a exceder el éxito que tuvieron sus predecesores. De lo contrario podremos volver a escribir este artículo en unos años, con sólo algunos nuevos detalles.

El autor es analista principal de infraestructura en telecomunicaciones de Gartner Inc.

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