El ente sigue vivo

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Feike de Jong y Alejandro Ángeles

La enorme estructura metálica se mueve lentamente por la superficie del agua. Pasa por tres estructuras similares que cercan el río Pánuco, en Tamaulipas. Las torres se ven imponentes.

Ese objeto gigante en desplazamiento es una plataforma petrolera destinada a los yacimientos de la Sonda de Campeche. Parece una pieza de artillería pesada en un campo de batalla, un refuerzo de última hora. Encarna en sí misma el dilema y la esperanza de la mayor empresa de México y América Latina.

Durante los seis años del gobierno de Vicente Fox, Pemex ha hecho un esfuerzo grande para restablecerse: las inversiones aumentaron, la producción de gas natural creció, la contribución al fisco mejoró gracias a la explosión en los precios del crudo y, por increíble que parezca, las relaciones con el sindicato parecen haber mejorado. Pero hay un gran problema: Cantarell.

El enorme campo petrolero, el segundo mayor del mundo está en declive, a un ritmo que podría superar 10% anual, en tanto que Pemex sólo ha reemplazado 14% de sus reservas probadas de petróleo crudo en el último sexenio.

Muy arriba en las alturas, en una oficina con muebles pasados de moda, un viejo surtidor de petróleo y paneles de madera en las paredes, Luis Ramírez Corzo, director general de Pemex, se prepara para rendir cuentas de dos años de su gestión. A este hombre ‘energético’ de 59 años y cara ovalada, se le está acabando el tiempo: dentro de dos semanas el nuevo presidente tomará posesión y probablemente nombrará un nuevo director para Pemex, aunque Ramírez Corzo no ha hecho todavía sus maletas. “Si la nueva administración me invita a participar, ahí estaré”.

Graduado en ingeniería petrolera, Ramírez Corzo dice que Cantarell bajará 10% cada año durante el próximo sexenio. Pero el punto es que nadie sabe qué tan rápido se podría secar el gigante. Y eso determinará al fin del día el legado de Ramírez Corzo y su antecesor, Raúl Muñoz Leos. Ante una caída más rápida que lo esperado por muchos analistas, las alternativas podrían ser meramente cosméticas. Con todo, el secreto del futuro de la paraestatal yace escondido en las profundidades de la Sonda de Campeche.

Una sola canasta
La analogía es irresistible: Pemex ha dependido tanto de su mayor campo petrolero de la misma forma que el país depende de la paraestatal. Con más de 40% del presupuesto del gobierno federal aportado por Pemex, las finanzas públicas principian y terminan con el petróleo. “El contenido social de Pemex es importantísimo”, dice Ramírez Corzo. “Es diferente a cualquier petrolera, nacional o privada”. Pero, por dos décadas, Pemex (y en consecuencia el país) ha estado sacando todos sus huevos de la canasta de Cantarell, soslayando la exploración en otras zonas del Golfo de México.

“Nos pasamos 20 años fijándonos en Cantarell y descuidamos lo demás”, admite Ramírez Corzo. El funcionario habla de un paquete de inversiones y medidas que podrían posicionar a Pemex en la ruta hacia su viabilidad y advierte que, sin ellas, el futuro del oro negro será muy oscuro.

Pareciera una especie de esquizofrenia. A números de hoy, la paraestatal pudiera estar en su mejor momento: las exportaciones cerrarán en 3.3 millones de barriles por día (MDBD), ligeramente inferiores a los 3.6 millones de 2005, contra un promedio de tres millones durante la administración de Ernesto Zedillo. Las ganancias antes de impuestos y depreciación (EBITDA) de 2005 fueron de 55.3 MDD (con ventas de casi 90,000 millones de dólares), ubicando a la paraestatal como la segunda en el mundo, sólo detrás de la gigantesca Exxon Mobil (con 59.3 MDD en EBITDA y ventas de 340,000 millones). Pero la deuda y el pasivo laboral, así como la contribución fiscal, implican una carga de 100,000 millones, equivalente al patrimonio de la empresa. Pemex resiste de milagro. Ninguna otra empresa, pública o privada, entrega más de 30% de sus recursos por este tipo de cargas.

Lo acaba de advertir el Fondo Monetario Internacional (FMI). La sustentabilidad del monopolio energético es una ‘preocupación potencial’ debido a que la producción ha crecido poco en años recientes, dijo el organismo en un informe sobre México. El futuro de la empresa dependerá casi exclusivamente del éxito que tenga en sus iniciativas de producción y explotación de los campos petroleros con reservas probadas. A la fecha, éstas son de unos 16,500 millones de barriles de petróleo. Sin un programa de desarrollo de nuevos yacimientos, la exportación de crudo caería hasta 40% en los próximos nueve años; y más allá sería un desplome todavía más dramático.

Gran parte de este escenario tiene que ver con la merma prematura de Cantarell, que se registra por primera vez este año, luego de surtir de millones de barriles de crudo desde 1979. Pemex dice que Cantarell ya llegó al pico de producción, con más de 1.8 millones de barriles diarios (de un total probado de 7,000 millones). Esto es casi 60% de la producción total.

“Si Cantarell baja más de 20% por año, creará problemas económicos estructurales para México”, asegura José Antonio Bargés, consejero del Instituto Mexicano para la Competitividad y ex subsecretario de Hidrocarburos (1999-2003).

Ramírez Corzo cree que el país podría aguantar el declive en Cantarell con la explotación de otros yacimientos, como Ku-Maloob-Zaap, que tiene reservas de casi 4,800 millones de barriles y que podría llegar a su pico productivo en 2010, con 794 MBPD. Otros campos petroleros significativos son los de Chicontepec (3,800 millones de barriles) y Antonio J. Bermúdez (1,867 millones).

Sin embargo, el FMI cree que encontrar los reemplazos adecuados para sustituir a Cantarell será el mayor reto de la compañía, y del país, por extensión. Ramírez Corzo lo sabe. De hecho, su diagnóstico sigue muy de cerca las recomendaciones de instituciones y analistas, que dicen que Pemex necesitaría allegarse inversiones superiores a 15,000 MDD por año a fin de compensar la merma de Cantarell.

“Se necesita un promedio de 18,000 MDD por cada uno de los próximos 10 años a fin de mantener los ritmos actuales de producción”, el director de Pemex. La distribución sería: 14,000 MDD para proyectos de exploración y extracción y 4,000 MDD para el downstream (procesamiento, refinación y distribución). “Sólo así mantendremos el nivel de 3.3 millones de barriles por día y 6,500 millones de pies cúbicos por día de gas natural asociado”, explica.

Sin claroscuros
No todo en Pemex es petróleo. Algunos de los éxitos de la empresa han sido fuera del ámbito del oro negro. Mientras la cifra de restitución y reservas probadas del crudo ha sido 14%, la del gas no asociado (que quiere decir el gas no asociado con la producción de crudo) ha sido de 89%. Este gas tiene un valor estratégico muy importante porque las termoeléctricas lo usan. La producción de gas implica una menor dependencia de las importaciones desde Estados Unidos. “Uno de los acontecimientos de este sexenio es que se ha logrado afinar la estrategia de generación de electricidad y la producción de gas no asociado”, dice Bargés.

El aumento de gas fue impulsado por incrementos de producción en la Cuenca de Burgos y la Cuenca de Veracruz. Pero el ex director de Pemex Adrián Lajous recuerda en una nota de la revista Este País, que la esperanza de vida de esos campos no excede los siete años, poniendo en duda la sustentabilidad.

Otro éxito de la gestión actual ha sido el restablecimiento de relaciones más o menos cordiales con su sindicato. De cualquier manera, la empresa sigue bajo la sombra de su pasivo laboral. Mientras su deuda total es superior a 501,592 millones de pesos, sus pasivos laborales de largo plazo ascienden a casi 244,000 millones de pesos, lo que implica que tendrá que erogar ese monto cuando se jubilen sus trabajadores que aún no se retiran.

“Vemos el pasivo laboral con creciente preocupación”, afirma Alejandra León, analista de Cambridge Energy Research Associates (CERA).

De la deuda no laboral de la empresa, casi 370,000 millones de pesos son en Pidiregas, el controvertido instrumento creado en 1995 para que la empresa pudiera financiar proyectos de largo plazo utilizando capital privado.

“Hemos restructurado nuestra deuda”, dice Ramírez Corzo al señalar que los pagos más cuantiosos se concentraban en el periodo 2007-2010, pero ahora están diferidos a 15 años con tasas más favorables.

La bola de cristal
Hasta ahora las finanzas públicas de México han flotado sobre un mar de petróleo y los enormes ingresos de Pemex son un instrumento político. La corrupción sigue rampante, aunque Ramírez Corzo asevera que las quejas y denuncias han bajado. Según la empresa, la cantidad de denuncias disminuyó 20% entre el primer semestre de 2005 y el mismo periodo de 2006.

Sin embargo, las costas del Golfo siguen reverberando con historias de licitaciones chuecas, ineficiencia y compromisos bajo la mesa. Además, la dirección corporativa no ha contribuido a mejorar la reputación de la empresa con pronunciamientos de grandes descubrimientos, como el de Noxal, en marzo de 2006, que después desmintieron.

Ninguna información se presta tanto a la propaganda como los prospectos de nuevas reservas. Y ninguna información es tan importante para la planeación del futuro económico de México como las prospectivas de Pemex. Es exactamente en este punto que la autonomía de gestión que ha impulsado Ramírez Corzo tiene un papel clave. “Esperemos que en 2007 los legisladores estén dispuestos a por lo menos considerar este tema”, comenta el directivo.

León, de CERA, concuerda en que Pemex ha logrado bajar su perfil político durante la actual gestión. “En general ha sido una administración buena, no tanto maravillosa –lo cual sería hablar de más– pero lo ha hecho moderadamente bien”, comenta la analista.

Pemex pasó de ser una empresa con aparentes reservas ilimitadas a una más apegada a la realidad, que acepta que tiene que manejar un recurso escaso y precioso. Un declive gradual, o quizás abrupto, parece inevitable. Otra vez empieza la ruleta sexenal. Y de nuevo el país apuesta a un tesoro negro escondido en su subsuelo.

El pronóstico de Ramírez Corzo descansa en la voluntad política del actual Congreso. “Esperamos que se interesen, por lo menos, en debatir”, insiste. Ésa es su apuesta.

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