Socios del crimen

-
Barney Gimbel

FORTUNE

En el verano de 2005, Elvis Santana buscaba algún tipo de asesoría bursátil. A sus 22 años, este asistente de Macy’s tenía una pila de libros de inversiones para novatos, una suscripción a Investor’s Business Daily y sus ahorros de 30,000 dólares. Pero todavía no estaba seguro de por dónde comenzar. Así que cuando su hermano menor le contó de un amigo, un tipo inteligente y refinado llamado David Pajcin (o ‘Jeff’, para los amigos), que había trabajado en Wall Street, Santana estaba ansioso por consultarlo. Apenas se conocieron, comenzaron a tener acuerdos sobre futuras transacciones.

Pajcin, de 28 años, era un ex analista de Goldman Sachs, amigable y seguro de sí mismo; del tipo que atrae amigos fácilmente y novias mucho más. Le explicó a Santana que estaba por arrancar su propio fondo de cobertura (hedge fund) y que le encantaría enseñarle algunos puntos básicos de las inversiones. Todo lo que Santana tenía que hacer era compartir sus ganancias por los consejos de bolsa. Tras la asesoría, Santana abrió una cuenta con un corredor. Sus primeras transacciones las hizo con acciones de Casual Male, una cadena de ropa, y de FedEx, ambas por consejo de Pajcin. En un día, sus operaciones le habían dejado una ganancia de 4,662 dólares.

Pero seis semanas y muchas transacciones después, Santana se quejó con Pajcin de que ya no avanzaba más. Una vez más, Pajcin le compartió un dato. “Jeff me propuso algo que definió como una opción fuerte”, dice Santana. Se trataba de la acción de Reebok, que entonces se cotizaba a 42 dólares. Desde el lunes 1 de agosto (de 2005), Santana realizó 465 opciones de compra por 520 acciones. Para el miércoles, cuando Pajcin llamó para pedir su parte, Santana revisó su cuenta. Había ganado 463,279 dólares. “Me dije: ‘¡Dios mío!’”, relata Santana.

Ese mismo día, 3 de agosto, David Markowitz, un abogado de 34 años y asistente del director regional de la oficina en Nueva York de la Comisión de Valores de EU (SEC), leía el Wall Street Journal en el metro camino de su oficina. Mientras ojeaba la primera plana, leyó que el grupo alemán Adidas-Salomon estaba “próximo a comprar a su rival Reebok International por casi 4,000 millones de dólares (MDD) en lo que sería una gran apuesta de dos gigantes de la industria del calzado deportivo para retar la prolongada supremacía de Nike”. La nota reportaba que Adidas pagaría hasta 59 dólares por cada acción de Reebok, 34% más que los 43.95 dólares con que el título había cerrado el martes. Esa tarde, la acción de Reebok subió a casi 60 dólares.

Markowitz se olvidó de esa transacción hasta las cinco de la tarde, cuando recibió un fax. La Unidad de Monitoreo de Mercados de la SEC en Washington había recibido un tip de la Casa de Bolsa de Filadelfia avisando que algunas personas habían comprado muchas opciones de Reebok en los días anteriores –2,952 opciones de Reebok se habían ejecutado el lunes y 2,315 el martes, contra un promedio diario de 112 durante la semana anterior–. Las opciones intercambiadas sobrepasaban por 8 dólares el promedio anterior y la mayoría tenía una caducidad inmediata. Eso significaba que quienquiera que las hubiera comprado estaba muy seguro de que la acción de Reebok estaría por explotar.

Cuando Markowitz revisó las transacciones de Reebok se dio cuenta de que la mayoría de las opciones se habían realizado por unas cuantas personas en Croacia, Alemania, Nueva York y California.

Sonja Anticevic, de un pueblito croata, había adquirido 1,997 opciones –38% de las registradas los dos días anteriores– y 240 acciones de Reebok, con lo cual ganó 2,044,161 dólares. “Nos dimos cuenta de que algo olía mal”, cuenta Markowitz. También supo que había una solicitud para girar 870,000 dólares de las transacciones a un banco en Salzburgo, Austria. “Me di cuenta de que teníamos una situación de emergencia”, señala Markowitz. “Una vez que el dinero se va, uno no lo vuelve a ver jamás”.

Dos días después, el viernes 5 de agosto, la SEC presentó una demanda en contra de Anticevic para congelar el dinero hasta que los investigadores pudieran saber qué estaba pasando. Cuando esto se supo en Croacia, los reporteros inundaron su departamento en un suburbio obrero de la pequeña ciudad sureña de Omis. En una breve aparición en su puerta, Anticevic explicó a los reporteros: “Nunca he comprado acciones y ni siquiera sé cómo funciona eso”. Los vecinos dijeron que ella trabajaba limpiando casas para complementar la pensión mensual de 263 dólares que recibía tras décadas de trabajar como costurera en una fábrica local de ropa interior.

La mujer vivía con su esposo e hija en un departamento de dos recámaras proporcionado por la fábrica. La familia no tenía computadora. Los reporteros croatas llamaron a la SEC para pedir comentarios sobre el hecho de que ella tenía un sobrino en Nueva York, llamado David Pajcin.

Ese tip guió a los investigadores de la SEC, agentes del FBI y abogados del distrito sur de Nueva York de la Procuraduría General de EU, no sólo hasta Pajcin, sino a otro joven, Eugene Plotkin. Se trataba de dos jóvenes inteligentes y ambiciosos, hijos de inmigrantes, que se habían conocido en 2000, cuando eran practicantes en Goldman Sachs. En cinco años, Pajcin, que pronto dejó la firma, y Plotkin, que se quedó, trabajaron y armaron fiestas juntos. Y además, confeccionaron “uno de los esquemas de transacciones internas más amplios, variados y premeditados que hayamos investigado”, explica Mark Schonfeld, director de la oficina noreste de la SEC. Sus ganancias totales –sólo 7 MDD– no fueron enormes, pero el arrojo de Plotkin y Pajcin no tenía comparación, menciona Schonfeld.

Ahora, ellos dos, junto con otras 15 personas, han sido demandados por la SEC por mal uso de información privilegiada. Plotkin, Pajcin y otros cuatro también fueron acusados de delitos federales de fraude bursátil y asociación delictuosa. Plotkin dice que es inocente y le ayuda al gobierno en la investigación contra su amigo.

Como muchos corredores jóvenes, Pajcin laboraba muchas horas, dividiendo el trabajo entre su escritorio y los pisos de remate del petróleo y el gas natural en la Bolsa Mercantil de Nueva York. “Me dije que no lo soportaría”, declaró luego a los investigadores de la SEC. “No quería que pasaran cuatro años y siguiera en los pisos”. Así que tras sólo cinco meses y medio en Goldman, Pajcin salió para tomar una serie de empleos efímeros en pequeñas corredurías, firmas de inversiones y de transacciones en futuros. Finalmente, dejó de trabajar para firmas financieras en 2003. (En la actualidad, está en una cárcel federal y declinó ser entrevistado.)

Pero Pajcin se hizo de los amigos que quería, siendo Plotkin uno de ellos. Plotkin, que concedió a Fortune la única entrevista que ha dado a la fecha (asesorado por su abogado, que no lo dejó hablar de los cargos en su contra), minimiza su relación. “Éramos como vecinos de banca”, comenta en referencia a las sesiones de entrenamiento en Goldman. “Es una persona muy sociable que hace amigos fácilmente y yo era uno de éstos… pero no diría que fuésemos muy cercanos”.

Plotkin se inició en Goldman Sachs como analista en la división de ingresos fijos, pero luego tuvo un ascenso a “asociado”, una posición con un salario de 100,000 dólares anuales, más un bono significativo.

Tras entrevistas y consultas a los archivos de la SEC y la Procuraduría General de EU, Fortune pudo determinar que la historia de Plotkin y Pajcin como defraudadores bursátiles arrancó en 2004. Pajcin vacacionó en Croacia, quedándose donde su tía en Omis, un pueblo costero cercano al resort de Split. Ahí pasaba sus días en la playa y las noches en los antros. Una noche, un amigo la presentó a Bruno Verinac, un empresario croata que vivía cerca de Hamburgo. Luego, Pajcin conoció a Perica Lopandic, una amiga de Verinac. Entre ambos confiaron a Pajcin una idea.

En casi todos los números de Business Week se incluye una columna de Gene Marcial llamada Inside Wall Street. Y no es raro que las acciones de empresas pequeñas se muevan unos puntos por alguna mención de Marcial. Si uno pudiera saber anticipadamente de cuáles firmas hablará, se podría tener una posición desde la cual ganar por ello. (Esta idea se les ha ocurrido a otros defraudadores potenciales. Por lo menos tres veces en la década, el gobierno de EU ha atrapado a gente que ha querido obtener la columna de Marcial anticipadamente.) Pero como la columna se guarda celosamente en las oficinas de Nueva York de la revista, la única forma de echarle un vistazo sería robando un ejemplar de Business Week del impresor. Verinac y Lopandic presuntamente preguntaron a Pajcin si, a su regreso a EU, podría contratar a alguien para infiltrarse en la planta de impresión y compartir la información con ellos.

A Pajcin le interesó, lo mismo que a Plotkin. De regreso a Nueva York, los dos pusieron anuncios en internet buscando obreros, para una ubicación sin precisar. Una de las respuestas vino de Nickolaus Shuster, un vecino de 23 años de Nueva Jersey. Pajcin y Plotkin presuntamente acordaron verlo cerca de Union Square, en Manhattan, y, eventualmente, le ofrecieron pagarle para mudarse a Wisconsin y conseguir trabajo en Quad/Graphics, que imprime Business Week. Shuster aceptó y, en principio, obtuvo un empleo como operador de montacargas.

A principios de octubre, dice la fiscalía, Shuster estaba ya instalado en Hartford, Wisconsin, y tenía un plan rutinario: la mañana de cada jueves robaría una copia de la revista, que no está disponible sino hasta la tarde, y llamaría a Pajcin o Plotkin desde la planta o su automóvil. Pajcin entonces haría transacciones con los datos que Shuster le proporcionara, y que compartiría con Verinac y Lopandic. Las primeras transacciones del grupo, en noviembre 18, fueron la compra de 6,500 acciones de TheStreet.com y 6,000 de Biolase Drills, un proveedor dental. (Marcial había dicho que a Biolase le beneficiarían cambios en su administración y que TheStreet.com estaba lista para ser adquirida.) Al día siguiente, vendieron las acciones, obteniendo 3,764 dólares de ganancia. En general, el grupo, que llegó a ser de 12 personas, ganó 282,573 dólares entre noviembre de 2004 y julio de 2005, dice la SEC.

En tanto, Plotkin que aún buscaba en Goldman hacer en Wall Street la carrera que su amigo había abandonado, comenzó a reclutar prospectos para la firma en universidades y escuelas de negocios. Mantuvo el contacto con muchos de los estudiantes que conoció, ofreciendo ser su mentor, llevándolos a cenar carne y, ocasionalmente, a algún club nudista. Uno de ellos era Stanislav Shpigelman, a quien Plotkin conoció en la primavera del año 2004, cuando estaba a punto de graduarse de la Universidad Binghampton, en Nueva York.

Luego Shpigelman comenzó a trabajar como analista de fusiones y adquisiciones en Merrill Lynch, en julio de 2004, y Plotkin comenzó a llamarlo con frecuencia. Acordaron verse el 6 de noviembre en Spa 88, una casa de baños rusa, ubicada cerca de Wall Street. Pajcin se les unió ahí. Shpigelman fanfarroneaba sobre una fusión secreta en la que trabajaba: Procter & Gamble pretendía la compra de Gillette. Inclusive les dijo que había volado a Ohio, a entregar archivos a las oficinas de P&G.

Luego de dos meses, el 25 de enero de 2005, dice la fiscalía, Shpigelman llamó a Plotkin para decirle que ya era inminente una oferta por Gillette. Al día siguiente, Pajcin y el resto del su grupo comenzó a comprar opciones de Gillette a un precio superior a la acción. Dos días después, cuando P&G anunció el acuerdo para adquirir Gillette por 57,000 MDD, el equipo ganó 158,930 dólares, su máxima cifra a la fecha. Un mes más tarde, Shpigelman estaba en un club nudista de Manhattan con Pajcin y Plotkin cuando recibió un mensaje en su BlackBerry de parte de un colega, para confirmarle que la farmacéutica Novartis había comprado una parte de E.ON Labs, un fabricante alemán de medicinas genéricas. El grupo ganó 85,473 dólares por transacciones anticipadas de ese acuerdo, menciona la SEC.

En la primavera y el verano de 2005, las operaciones florecían. Shpigelman presuntamente filtró a Pajcin y Plotkin detalles sobre otros tres acuerdos. Shuster, el operador de montacargas, había sido despedido de Quad en enero por razones no reveladas (la empresa declinó comentar), pero se seguía escabullendo en la planta para robar revistas portando su viejo uniforme. En mayo, Pajcin contrató a Juan Rentería Jr. como reemplazo a través de un anuncio clasificado en el Milwaukee Journal Sentinel.

Para el verano, Pajcin había dejado de operar con su propio nombre, usando ahora cuentas a nombre de su tía Sonja y su novia, Monica Vujovic, una bailarina que conoció en un bar de Nueva York. Y compartía su información con cuatro personas, a cambio de una parte de las ganancias.

No todos los esquemas de Pajcin y Plotkin funcionaron, asegura la SEC. Un plan para usar a strippers para sonsacar a banqueros información interna no rindió fruto. Pero semanas después llegó el premio de 6 MDD de la transacción de Reebok, la máxima ganancia del grupo. Al día siguiente, la SEC envió un email a la dirección asignada a la cuenta de Sonja Anticevic, usada por Pajcin. La SEC hacía preguntas sobre las transacciones de Reebok y el FBI buscaba a Pajcin. Las autoridades dicen que Pajcin y Plotkin se reunieron con Jason Smith (un ex compañero de preparatoria de Pajcin, involucrado en otro esquema fraudulento) en cuyo departamento destruyeron sus laptops, discos duros y teléfonos celulares. Después, Pajcin, que había realizado la mayoría de las transacciones, tomó un vuelo a República Dominicana.

Una vez que Markowitz, de la SEC, escuchó el nombre de Pajcin en voz de un reportero croata, las cosas comenzaron a aclararse para los investigadores. Los registros de transacciones de Anticevic, por ejemplo, incluían una dirección en Croacia, pero los registros digitales demostraban que la cuenta se había abierto y se administraba usando puntos de acceso inalámbrico en Nueva York y Nueva Jersey. Esos mismos accesos se usaron simultáneamente para manejar una cuenta registrada a nombre de Monika Vujovic, la novia de Pajcin, como pronto descubrieron los investigadores. Un análisis de varias de las cuentas de los corredores de Reebok demostró que habían invertido en muchas acciones al mismo tiempo.

La SEC descubrió que muchas de estas acciones estaban relacionadas con fusiones y adquisiciones, y que Merrill Lynch había participado en cada una de esas operaciones. “Dijimos: Eureka. Parecía que enfrentábamos una fuga constante de datos de uno de los mayores bancos del país”, relata Markowitz.

Tras una semana de investigaciones, Melissa Coppola, una contable forense de la SEC, visitó a Markowitz. Si bien la teoría sobre Merrill Lynch había funcionado en cinco títulos de acciones que el grupo había intercambiado, no fue así con los otros 22. Pero Markowitz recordó una vieja estafa: “¿Habría alguna mención de esos títulos en Business Week?”, preguntó. Coppola lo investigó y, en consecuencia, reveló el resto del caso.

Los investigadores enfocaron su atención en Pajcin y les tomó un poco más descubrir a Plotkin. Su nombre no aparecía en ninguna de las cuentas que examinaron, pero figuraba como uno de los contactos más frecuentes en el correo electrónico y el teléfono de Pajcin. Había comprado boletos de avión a Croacia, Alemania y Wisconsin para su amigo y había viajado con él a Austria y Suiza. Además, los dos tenían una cuenta bancaria conjunta.

De cualquier forma, el principal objetivo era Pajcin. Luego de tres meses en Dominicana y Cuba (a donde supuestamente Jason Smith le llevó 10,000 dólares en efectivo), regresó a Nueva York. No tenía muchas opciones: sus cuentas estaban congeladas y si no aparecía, la SEC podría confiscar el dinero. “Una cosa es andar fuera con 7 MDD y otra andar sin uno solo”, dice Markowitz.

Pajcin lucía muy bien en su traje oscuro cuando entró a la pequeña sala de conferencias en las oficinas de la SEC en Nueva York la mañana del 22 de noviembre. Parecía no inmutarse ante las preguntas de Scott Black, el litigante en jefe de la SEC. (Después revelaría al FBI que había preparado las respuestas con Plotkin.) El joven admitió haber aconsejado en la compra de acciones de Reebok a muchas de las personas involucradas, pero sólo porque pensó que el título operaba a precio muy bajo y no porque supiera de alguna fusión inminente.

Pajcin se mantuvo en ese tenor casi las siete horas que duró el interrogatorio, detallando la métrica que aplicó a la acción de Reebok. Luego, Black preguntó: “¿Hemos cubierto todos los componentes de tu análisis de Reebok que puedas recordar?” El joven añadió algunas cosas: “La correlación de la volatilidad histórica e implicada en términos de S&P y sólo una caída general en la volatilidad a cinco días, causando nuevos récords al alza, son las cosas en que me fijo”.

Media hora después, Black introdujo el tema de Business Week, que Pajcin declaró no leerla muy seguido. Sus respuestas se acortaron. Cuando se le mostraron algunas copias de la columna Inside Wall Street, dijo que no la conocía. Cuando le enseñaron artículos que habían aparecido los días en que había hecho transacciones de las empresas que se mencionaban, parecía un ‘venado lampareado’, dice un abogado presente en el interrogatorio.

¿Su respuesta? Que probablemente había obtenido información de un par de tipos que conoció en bares de Croacia, a los que sólo conocía como ‘Carlo’ y ‘Vladimir’.

“¿Cómo podrías obtener sus apellidos?”, dijo Black.
“De ‘Vladimir no sé, pero de ‘Carlo’, sólo bastaría con ir allá y preguntarle a algunas personas”, dijo Pajcin.
“¿Cómo sabrías a dónde ir?”
“A Zagreb o Split… ahí hay tres antros a los que todos van. Sólo sería cuestión de decir que soy amigo de ‘Carlo’”.

“Estaba derrumbándose”, relata Black. “Sabíamos que lo teníamos en las manos con lo de Business Week”. Cuando Pajcin salió de la oficina de la SEC, pasadas las ocho de la noche –tras nueve horas de interrogatorio– los agentes del FBI ya lo esperaban. Lo arrestaron por usar información privilegiada con base en Business Week.

Aunque avanzaban las investigaciones del gobierno, Plotkin seguía trabajando en Goldman, Shpigelman hacía lo propio en Merrill Lynch y, por un tiempo, Rentería Jr. presuntamente continuó robando revistas de la planta de impresión. Pero aunque los investigadores sabían casi todo lo que había sucedido, la evidencia sólo les servía para incriminar a Pajcin por el esquema de Business Week. Aún no sabían quién era el soplón en Merrill.

Pero en febrero de 2006, Benjamin Lawsky, un fiscal asistente de 36 años asignado al caso, decidió jugar duro. Él y David Makol, agente especial del FBI, le dijeron a Pajcin que el gobierno sabía todo sobre Reebok. Luego, Lawsky le propuso cooperar con el gobierno a cambio de una sentencia más corta. Pajcin aceptó y pasó horas contando a Lawsky, Makol y a la SEC todo sobre el esquema. A las 9:20 del 11 de abril, Plotkin iba de su casa, ubicada al sur de Nueva York, a las oficinas de Goldman Sachs, en Manhattan, a bordo de un BMW negro rentado. Una patrulla de caminos le marcó el alto. “Creí que me multarían por exceso de velocidad”, cuenta Plotkin. “Cuando llegó el FBI, les dije que se habían equivocado de persona”.

Pero a ello se remonta la defensa de Plotkin. Él y los dos operadores de montacargas, Rentería y Shuster, son los únicos participantes del plan que se han declarado culpables. Tras dos meses en la cárcel, Plotkin permanece bajo arresto domiciliario y lleva un brazalete electrónico. Su juicio arrancará en abril de 2007. Si lo encuentran culpable de todos los cargos, podría pasar más de 10 años en una prisión federal.

Por lo que hace a Shpigelman, el analista de Merrill Lynch, se declaró culpable por un cargo de transacciones con información privilegiada; y el amigo de Pajcin, Jason Smith, se declaró culpable por usar información privilegiada y asociación delictuosa.

El caso civil de la SEC probablemente iniciará cuando se resuelvan los cargos criminales. Los abogados de Elvis Santana, Monika Vujovic y Sonja Anticevic dicen que sus clientes actuaron de forma que les parecía legítima. Los abogados de otras seis personas acusadas por la SEC declinaron hacer comentarios.

© 2006. Time Inc. Todos los derechos reservados. Traducido de la revista Fortune y publicado con el permiso de Time Inc. La reproducción en cualquier manera en cualquier lenguaje total o parcial sin permiso escrito está prohibida.

Ahora ve
No te pierdas