Tambuco

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Pilar Melero de la Cámara

Hace 12 años, cuando Ricardo Gallardo decidió abandonar su carrera como solista en Londres para formar un ensamble de percusiones en México, puso en jaque su futuro artístico, en aras de conformar un proyecto empresarial. Así nació Tambuco, uno de los conjuntos de percusión con más presencia en el mundo, que hoy cuenta con siete discos grabados y realiza una media de 45 conciertos al año, “casi uno por semana”, con giras por Europa, Australia, Japón, Canadá, EU, Colombia, Brasil, Venezuela, Uruguay Argentina.

“No queríamos depender del Estado”, confiesa el fundador y director artístico de Tambuco, ensamble que este año fue nominada a dos premio Grammy en las categorías de música clásica y mejor ensamble de cámara.

Para Ricardo Gallardo ser artista independiente “cuesta mucho, el precio es alto, pero la retribución es más. En Tambuco somos dueños totalmente de nuestros éxitos y trabajos, no somos resultado del proyecto de alguien más. Somos libres”, señala el percusionista, con un máster en la City University de Londres.

El gran reto para Tambuco fue conformar una estructura empresarial. “Durante mucho tiempo, nuestra principal fuente de ingresos fueron los conciertos”. Pero a medida que “la estructura de la casa crecía, con necesidades logísticas cada vez más complejas”, la venta de funciones ya no era suficiente.

“De pronto, para grabar un disco nuevo o invitar a músicos internacionales de prestigio a tocar con nosotros, teníamos recurrir a los apoyos institucionales” explica Gallardo. “Y queríamos ser capaces de generar nuestros propios proyectos artísticos sin depender de nadie”.

Una de las soluciones fue constituirse, hace dos años, como sociedad civil y agregar a su estructura un cuerpo de consejo directivo, una figura común en las grandes orquestas de Estados Unidos e Inglaterra. La intención: desarrollar relaciones con socios estratégicos para asegurar las aportaciones fijas, “porque no es lo mismo que seas tú solo el que pida recursos a una empresa, a que lo hagas con el respaldo de un consejo directivo sólido”.

Tampoco descartan la posibilidad de atraer inversión privada, “que es una estrategia en la cual todo mundo debería pensar, porque no hay artista que no esté cansado de debutar cada seis años. No hay que incluir el apoyo estatal como algo determinante de los proyectos, sino diseñar un plan de trabajo que no cuente con ese apoyo, porque de lo contrario se está sujeto a políticas, presupuestos, modas. Hay que aprender a trabajar gracias al gobierno o a pesar del gobierno”, señala Gallardo.

Otro de los resortes que ya han empezado a activar es el desarrollo de públicos, una estrategia que a largo plazo permitirá “depender menos del financiamiento público y privado” y más de la venta de boletos. La premisa: los públicos no nacen, se hacen.

“Hemos desarrollado un programa podcast en nuestra página web (tambuco.org). Son pequeñas retransmisiones con fragmentos de nuestros conciertos, entrevistas, etc., que la gente puede bajar de manera gratuita a su computadora. Tenemos un flujo constante de unos 100 visitantes diarios”, asegura Gallardo.

Tambuco, formado por cuatro músicos, no apuesta sólo a desarrollar su repertorio, también se ocupa de la investigación académica, “porque es importantísimo crear nuevas generaciones de mejores percusionistas en cualquier lugar donde nos presentamos”.

Otra de sus iniciativas es el acercamiento en concierto. “Instituimos lo que en países anglosajones se conoce como home season, una temporada anual, donde después de salir de gira, presentamos uno o dos conciertos dedicados al público de nuestra ciudad. Son espacios de reencuentro que permiten que la gente se involucre cada vez más con nuestros proyectos”, concluye Gallardo.

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