A recobrar el paso

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Armando Talamantes

James Austin no pudo llegar a Monterrey. El profesor de empresas de la Harvard Business School tenía una cita para acudir a la Cumbre de Negocios en la capital regiomontana el pasado lunes 30 de octubre, pero tuvo el mal tino de estar en Oaxaca un día antes.

Mientras la elite empresarial mexicana se reunía en la mayor ciudad industrial del país con directivos de firmas extranjeras y expertos internacionales en negocios, la Policía Federal entraba a la ciudad de Oaxaca, el domingo 29, para terminar con el estado de sitio que hacía cinco meses iniciaron los maestros y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), en un intento por derrocar al gobernador del estado.

“El profesor Austin no pudo llegar hasta aquí por los problemas en Oaxaca. Su ausencia es lamentable, pero al mismo tiempo nos da un ejemplo muy vívido de lo que está pasando en México”, soltó Claude Smadja, el moderador de la mesa de discusión donde debió participar el académico de Harvard.

Oaxaca era –y sigue siendo– una ‘papa caliente’. Muchos se preguntaban si el presidente Vicente Fox asumiría el costo político de apagar el fuego o bien, lo heredaría a su sucesor, Felipe Calderón. Aunque Fox parece que empezó a desenredar el nudo que era Oaxaca, hay otros temas ardientes en los que no tendrá más opción que endosarlos al nuevo gobierno.

La debilidad del Estado de Derecho, la creciente inseguridad, la pérdida de competitividad de México en el mercado global y la liberalización de sectores estratégicos son, según los empresarios reunidos en la Cumbre, algunas de las perlas de un largo rosario en el que deberá trabajar con fervor la administración calderonista.

Necesitamos “hacer un ajuste importante de nuestras instituciones económicas, políticas, jurídicas y sociales; ponernos claramente metas que nos acerquen al México que queremos y al México que necesitamos”, planteó el presidente electo Felipe Calderón al llegar a la Cumbre de Negocios.

Reunidos en Monterrey durante tres días para celebrar su reunión anual –que en las primeras tres ocasiones tuvo como sede el puerto de Veracruz–, empresarios y directivos de firmas extranjeras invitaron a Calderón y a su principal asesor económico, Agustín Carstens, para poner sobre la mesa sus demandas y escuchar los proyectos que tiene el nuevo gobierno.

“No hay posibilidades de futuro sin desarrollo; es decir, sin un crecimiento ordenado y equitativo de las posibilidades de ingreso de una nación, y no hay desarrollo sin crecimiento (…) entonces, condición necesaria: estabilidad macroeconómica, sí, pero no condición suficiente”, dijo Calderón ante una audiencia que lo cobijaba como su futuro presidente, pero que también pedía soluciones ante el atraso que sufre el país en términos de competitividad y atracción de capitales productivos.

El futuro mandatario prometió que México recobraría el paso, para no dejarse ganar la carrera por otras economías emergentes, y para crear los empleos que el país necesita.

“No hay posibilidades de futuro si no hay quién ponga su dinero para crear un empleo en una fábrica, en un hotel, en un taller, en una escuela (…) Invito a que nos propongamos firmemente en el corazón y en la mente, la meta de hacer de México uno de los mejores destinos de inversión en el mundo y, para no quedarnos a medias, de una vez propongámonos hacer de México el mejor destino de inversión en el mundo”, dijo ante los empresarios.

Tarea difícil, si se tiene en cuenta que México está a media tabla en los indicadores que miden el potencial para atraer inversiones. Cuando en el índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial el país subió este año apenas un sitio, del lugar 58 al 59 en un listado de 125 economías, el Foro advirtió que las inversiones podrían verse afectadas por los problemas de gobernabilidad.

Días antes de la reunión en Monterrey, en el World News Café de Sergelstorg –la plaza ubicada en el corazón de Estocolmo–, los clientes veían la portada del diario español El País. Su foto principal era Oaxaca: un hombre atado a un poste por integrantes de la APPO, que hacían justicia por su propia mano. “En México permea una cultura de la ilegalidad y la impunidad”, concluyó una de las mesas de la Cumbre de Negocios que abordó el tema de la ley y el orden.

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