Había una vez un turista...

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Ana Lourdes Esquivel

En el Burj Al Arab todo es posible. Ubicado en Dubai, el más popular y segundo más grande de los Emiratos Árabes Unidos, se considera que el lugar es el mejor hotel del mundo. Esta maravilla arquitectónica brinda la bienvenida a sus huéspedes con espectáculos de agua y fuego que superan a los de Las Vegas. Los visitantes cuentan con un séquito de empleados dispuestos a satisfacer su mínimo deseo, así como un menú de baños y de almohadas, y una lista de 300 periódicos disponibles de todo el mundo. Para comer, se puede elegir el restaurante Al Mahara, al que se accede a través de un viaje virtual de tres minutos en submarino y cuyos muros son cristales con vista a un asombroso acuario marino. Por la experiencia única que ofrece, un huésped del Burj Al Arab no duda en pagar el equivalente a entre 20,000 y 30,000 pesos por alojarse una sola noche en una suite promedio y sentir que es rey por un día.

La palabra clave en la historia anterior es sentir, pues este hotel refleja lo que ahora intenta hacer el turismo a escala global: que los visitantes vivan experiencias. “El nuevo turista es menos racional y más emocional”, dice Carlos Romero, director de la Fundación Themis, un organismo de la Organización Mundial del Turismo (OMT) que promueve la capacitación de los recursos humanos en este sector.

Romero cree que el turismo está entrando en una nueva etapa. En los años 50 del siglo pasado, explica, el turismo era artesanal. Se caracterizaba por ser muy atomizado, inconexo, con pocas actividades y exclusivo de las familias aristócratas. En las siguientes dos décadas, tomó mayor importancia el de masas, impulsado por los avances tecnológicos, el abaratamiento del transporte y la nueva forma de comerciar los viajes a través de paquetes.

“Ahora se trata de encontrar excusas que bajo el nombre de cacao, café o Camino de Santiago, permitan hacer un viaje físico pero también mental”, explica Romero. “El turista busca que le cuenten historias en donde él sea el protagonista”.

Así, el turismo de los sueños puede convertir a un empleado en un conquistador; a un profesionista en un campesino; a un obrero en un explorador, o a cualquier persona en un médico herbolario, un biólogo u ornitólogo, así como en otras especialidades exóticas o atractivas.

Y México no es ajeno a esta tendencia.

Buscadores de chocolates
Quienes conocen Comalcalco, en el estado de Tabasco, entienden por qué esta zona es considerada la patria del cacao. Ahí el aroma a chocolate transporta a los visitantes a los tiempos en que los mayas-chontales plantaban cacao y preparaban el chocolate de manera rudimentaria.

En ese municipio se ubica la Hacienda de la Luz, la primera del estado que ofrece a los visitantes la experiencia de conocer más sobre el cacao, desde su plantación hasta la transformación en chocolate artesanal. Incluso el lugar tiene un museo dedicado al cacao-chocolate. Cuando la hacienda comenzó a funcionar con fines turísticos, hace ocho años, recibía sólo 20 visitantes al mes. Ahora, llegan a la finca entre 5,000 y 6,000 turistas al año, muchos de ellos provenientes del extranjero.

“Nadie creía que en este pueblo pudiéramos hacer turismo”, recuerda Gloria Wolter, propietaria del lugar e hija del inmigrante alemán Otto Wolter, que hace 80 años empezó a industrializar el cacao en la región tabasqueña de La Chontalpa, con el fin de fabricar chocolate.

Desde entonces, otras fincas siguen los pasos de ésta, como la Hacienda Cholula y la Hacienda Jesús María, que tienen tanto éxito que los gobiernos municipal y estatal las incluyen en sus programas de promoción turística, por lo que cada día son más los visitantes que llegan para conocer la ‘ruta del cacao’.

Eulogio Bordas, presidente de THR, una consultora especializada en turismo, afirma que la sociedad está cambiando su comportamiento.

La tecnología, el racionalismo, el pragmatismo y el confort físico, explica el consultor, ya pasaron de moda. Ahora los vacacionistas prefieren experimentar emociones, vivir las historias de los lugares, conocer los valores y gozar del confort espiritual. “Es un cambio de protagonismo de la inteligencia racional a favor de la inteligencia emocional”, dice.

Bordas cree que el turismo se convertirá en la primera actividad económica del mundo, y que el éxito será de quienes sean capaces de comprender la esencia del negocio. “No es un problema de ingeniería, es un problema de fantasía”, asegura.

Bordas hace la siguiente clasificación del turismo de experiencias:

• Aventura: Es el que invita a gente ordinaria a hacer cosas extraordinarias, como subirse a un globo aerostático, participar en campeonatos 4X4 o volar en parapente.

• Naturaleza: El turista convive con fenómenos naturales, como los viajes para ver ballenas, recorridos por los manglares o visitas a parques naturales.

• Bienestar: Es el que ofrece una experiencia holística, que ofrece una aportación a la mente y al cuerpo, como los retiros espirituales o los cursos de yoga en ambientes naturales.

• Jet set: Marca la diferencia con viajes en veleros antiguos de lujo, aventuras en moto de nieve por Alaska o turismo rural de lujo.

• Causas y convicciones: Son los viajes donde se manifiesta militancia y solidaridad en temas como ecología, derechos humanos, protección de animales o valores religiosos, como los campamentos para salvar tortugas, el turismo guerrillero o las peregrinaciones religiosas.

• Amor: Utiliza los viajes como una oportunidad para estrechar lazos interpersonales y promover la socialización, como los paquetes donde se ofrecen escapadas exóticas o bodas en lugares extraños.

• El hiperturismo: Ofrece experiencias en espacios de ocio artificiales, como los parques temáticos.

Más opciones
Además de la ‘ruta del cacao’, en México existen otros ejemplos de empresas que privilegian la experiencia del visitante. En Colima, los turistas que buscan vivir situaciones distintas pueden visitar los cafetales de Suchitlán, observar el proceso de extracción de sal en Cuyutlán o cultivar plantas medicinales en un lugar conocido como La Yerbabuena. Si les interesa el turismo rural, pueden recorrer las huertas de Tecomán o conocer un poco más la labor de los artesanos al aprender cómo trabajan en el otate y el carrizo en Platanarillo o cómo se fabrican los muebles de madera fina en el pueblo mágico de Comala.

En Quintana Roo no todo es sol y playa. También existe la posibilidad de hacer visitas a la selva para conocer a curanderos mayas que pueden hacer limpias y guiar en experiencias místicas. Los organizadores también ofrecen recorridos para que los visitantes conozcan el proceso de extracción del chicle o sólo visiten los campamentos chicleros, además de disfrutar los auténticos platillos de origen maya.

Otro caso es Oaxaca, donde existe un poblado llamado Miahuatlán, el cual se considera el centro de la medicina tradicional maliollin. Ahí se ofrece a los turistas un paquete que incluye danzas ceremoniales, colecta de plantas, preparación para la ceremonia de curación, ceremonias de temazcal y de tenonacatl (hongos sagrados), dinámicas de grupo, talleres de expresión creativa, narración de mitos y leyendas frente a una fogata.

La mesa es la excusa en San Miguel de Allende, Guanajuato. Hay paquetes cuyo principal atractivo son las clases de cocina típica mexicana. El servicio incluye hospedaje, recorridos culturales y cenas en casas privadas. El hotel también ofrece opciones para que el turista estudie español o aprenda los secretos del arte y la danza de México.

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