Inversiones de trato amable

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Ulises Hernández

Hace un par de años, cuando Domingo Valdés, director de Finanzas de Viviendas Integrales (Vinte), buscaba financiamiento para impulsar las operaciones de la empresa se topó con muchas puertas cerradas.

Siendo una desarrolladora de vivienda de tamaño mediano, Vinte pensó en pedir un crédito puente o emitir deuda, pero resultaba muy caro. Valdés recurrió, incluso, a algunos fondos de capital privado enfocados al sector inmobiliario en busca de un socio, pero no tuvo suerte.

Sin embargo, la propuesta de negocios de Vinte, que se enfoca en la venta de vivienda popular equipada con computadoras e internet, despertó el interés de la Corporación Financiera Internacional (ifc, por sus siglas en inglés), el brazo de inversiones del Banco Mundial
(BM) para el sector privado.

El potencial del mercado mexicano de vivienda y la premisa de Vinte de que un hogar preparado para la era de la información ofrece mejores posibilidades de desarrollo a niños y jóvenes, convencieron a la ifc para invertir 22.5 millones de dólares (mdd) en la desarrolladora inmobiliaria: 10 mdd fueron para inyectar capital al grupo y 12.5 mdd se otorgaron en una línea de crédito.

Ahora, Vinte, que tiene desarrollos inmobiliarios en Tecámac (Estado de México), Pachuca (Hidalgo) y Playa del Carmen (Quintana Roo), tiene al Banco Mundial como socio y se dispone ampliar sus operaciones a una cuarta plaza.

“El Banco Mundial es un socio estratégico pues se preocupa porque ganemos todos: no sólo la ifc y nosotros, sino también nuestros clientes”, comenta Valdés.

En los últimos años, la ifc ha cobrado un rol más activo en México, apoyando diversos proyectos que favorecen un impacto económico y social positivo, contribuyen a reducir la pobreza y, además, generan una rentabilidad atractiva.

La inversión en Vinte marcó un precedente en la historia de la ifc, pues es la primera vez que el organismo financia directamente la construcción de vivienda y eligió a México para hacerlo. “Esto no lo habíamos hecho en ningún país del mundo”, dice Marcos Brujis, director de la ifc en México.

En la base de la pirámide

Como parte del grupo del Banco Mundial, la ifc tiene su propia filosofía: busca impulsar el crecimiento económico en países en desarrollo a través del financiamiento de inversiones privadas, la movilización del capital en los mercados financieros, la promoción del gobierno corporativo y el fomento de un medio ambiente y social sostenibles.

Desde hace varios años, ha apoyado a varias empresas mexicanas a través de diversos mecanismos financieros y ha brindado asesoría a los gobiernos federal, estatal y municipal para elaborar programas de mejora a las instituciones.

La ifc lo mismo ha otorgado fondeo a compañías hipotecarias, como Su Casita e Hipotecaria Nacional, que créditos a aerolíneas de bajo costo, como Volaris, para comprar aviones. Ha inyectado capital a instituciones como Banco del Bajío y Compartamos, vía la compra de acciones. y ha otorgado garantías contra riesgos bancarios a firmas que apoyan transacciones comerciales, como Monex.

A finales del año pasado, la inversión total de la ifc en México –incluyendo capital, préstamos y garantías crediticias– ascendió a casi 653 millones de dólares.

Y cada vez es más común que el organismo invierta como socio en empresas mexicanas. Hasta marzo de este año, las inversiones de capital sumaban poco más de 121 millones de dólares. Entre ellas figura la compra de acciones de Grupo Vinte, Banco Amigo y Occidental Hotelera.

Un común denominador de los proyectos que hoy apoya la ifc es que la mayoría están orientados a la franja de la población de ingresos bajos, conocida como ‘la base de la pirámide’. Es precisamente en este amplio segmento demográfico donde la escasa oferta de bienes y servicios supone varias oportunidades de negocios. Ello explica el apoyo del organismo a sofoles hipotecarias, microfinancieras y nuevos bancos orientados al sector popular (segmentos socioeconómicos C, D y E).

Este enfoque marca un cambio significativo respecto de las estrategias que llevaba a cabo la ifc anteriormente.

“Hace muchos años, la estrategia era acudir a las grandes empresas, realizar una operación muy grande, industrial o de comunicaciones, y hacer un volumen bastante alto de negocios”, explica Brujis. “Ahora tratamos de estar muy enfocados en los sectores que van a contribuir a que la gente de menores ingresos pueda tener mayores oportunidades de progreso”.

Sin embargo, este nuevo modelo de negocio ha demostrado tener potencial y ser redituable. “Quien tenga la visión para tratar de hacer negocio con esos sectores, en el largo plazo va a tener un negocio muy sólido”, añade.

Asegura que, a diferencia de otros inversionistas, la ifc no es un “socio amenazante”, pues normalmente no adquiere más de 20% del capital de una empresa. “Siempre vamos a ser un socio minoritario, nunca vamos a aspirar a tener el control”, apunta Brujis.

No obstante, la ifc es muy rigurosa al seleccionar a sus socios potenciales, se fija sobre todo en su calidad moral y en el manejo de la operación. “Nosotros no somos una institución de caridad, nosotros buscamos rentabilidad”.

Impulso al crédito educativo

En los años recientes, el organismo multilateral ha jugado un papel clave en el desarrollo del mercado mexicano de vivienda. Junto con el Banco Mundial, asesoró al gobierno para crear la Sociedad Hipotecaria Federal y fue una de las primeras organizaciones que tuvo confianza en las sofoles.

Hoy, la ifc sigue en busca de nuevos proyectos. El organismo tiene interés en trabajar cada vez más con sofomes –financieras de objeto múltiple– e, incluso, bancos que otorguen financiamiento a la educación.

A finales de 2006, se asoció con la sofome Financiera Educativa de México (Finem), para impulsar los primeros esquemas de crédito educativo en el sector dirigidos a estudiantes universitarios, así como los primeros préstamos a instituciones educativas para construir o ampliar la infraestructura escolar.

La ifc invirtió 15 millones de dólares en Finem; una parte se destinó a capital y otra se otorgó en una línea de crédito a 10 años. A la fecha, el proyecto pinta bastante bien.

“Tenemos colocados como 2,000 créditos para licenciatura y posgrado en todo el país”, explica Francisco González-Cos, director general de Finem. “La línea de crédito ya se nos llenó, así que estamos en negociaciones con la ifc para obtener más financiamiento”.

Hasta ahora, Finem sólo mantiene convenio con una universidad para otorgar crédito a estudiantes, pero la intención es ampliarlo a más universidades. La ifc busca fuentes de fondeo adicionales de manera que no sea el único promotor de los préstamos al sector educativo.

Los créditos van desde 300,000 pesos hasta 50 millones de pesos para las instituciones educativas. A la fecha, han otorgado créditos a universidades privadas de Michoacán, Celaya y Guadalajara.

El organismo multilateral mira hacia adelante y ya perfila nuevos proyectos en el sector de tecnología. “Hemos identificado más de 100 empresas que están en una etapa de desarrollo avanzada y que tendrían potencial de convertirse en proveedores de tecnología de EU”, concluye Brujis, sonriente.

SOCIOS DEL BANCO MUNDIAL
El brazo de inversiones del bm cada vez tiene más participación
en empresas mexicanas.
Inversiones de capital de la IFC en México:
Empresa Monto mdd % del total
Banco del Bajío 58.4 48.1
Su Casita 14.7 12.1
Vinte 10 8.2
Occidental Hotelera 9.9 8.2
Banco Amigo 7.1 5.8
Otros 21.1 17.4
Total 121.4 100
FUENTE: IFC.

“No somos un socio amenazante, pues nunca vamos a aspirar a tener el control”.

Marcos Brujis,director de la IFC en México .

César S. Manjarrez

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