Señor Q

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ESTIMADO SEÑOR Q:
Desde la llegada del nuevo director del área, hace seis meses, estamos sufriendo una ‘fiebre de PowerPoint’. Antes usábamos el programa sólo en las presentaciones importantes, pero ahora nos lo exigen constantemente. El resultado es que ahora nadie se esfuerza por aclarar sus ideas y las reuniones son largas y aburridas. Nadie tiene el coraje de decirle al director que un párrafo bien escrito es mejor que un slide con gráficos de colores. ¿Hay alguna manera de volver a la sensatez?
-Sujeto y predicado, Monterrey

Querido Sujeto:
No estás solo en el sufrimiento: cada día se dan 30 millones de presentaciones con PowerPoint en todo el mundo. Tampoco eres el único que se queja. Edward Tufte, profesor de computación y diseño gráfico de la Universidad de Yale, creó una enorme polémica en 2003 con un artículo titulado ‘El estilo cognitivo del PowerPoint’ en el que decía que el programa “promueve la estupidez, transforma a todo el mundo en personas aburridas, hace perder tiempo y degrada la calidad y la credibilidad de la comunicación”. Tufte dice que el PowerPoint pasó de complementar a sustituir el contenido de las presentaciones, y que es mucho más útil para quienes las dan que para quienes las reciben. Desde entonces, en Estados Unidos se ha acuñado la expresión ‘Muerte por PowerPoint’ (Death by PowerPoint) para los proyectos que naufragan por culpa de una mala presentación. Incluso ha surgido una casta de nuevos consultores especializados en evitar esa ‘muerte’, con consejos como “las tipografías son como las rosquillas: nunca uses más de tres al mismo tiempo”. No le digas estas cosas a tu director, pero sí esfuérzate para que tus párrafos en prosa sean verdaderamente mejores que una presentación visual.
Textualmente, Q

ESTIMADO SEÑOR Q:
Para quienes tenemos los sueldos más bajos de nuestra oficina ha llegado uno de los momentos más odiados del año: los regalos de Navidad. Nuestro jefe, como siempre, organizó un sistema de regalos anónimos y puso, como siempre, un precio límite exagerado: 500 pesos. Algunos preferiríamos gastar ese dinero en obsequios para nuestras familias, pero regalar algo muy por debajo del límite está mal visto. ¿Cómo puedo salir de este embrollo con gracia e invirtiendo poco dinero?
Juro que no soy avara, DF

Querida No Avara:
El precio límite sí que parece un poco alto, pero el Señor Q cree que puede jugar a tu favor. Ninguno de tus compañeros espera hacerse rico con esos 500 pesos por lo que todos sabrán valorar un regalo pensado con dedicación. Intenta recordar qué cosas le gustan al compañero que te ha tocado. Haz memoria sobre comentarios acerca de cosas pequeñas que le faltan, aun cosas muy pequeñas relacionadas con la oficina (una taza para el café, un marco para las fotos de sus hijos, etcétera). Escríbele una tarjeta simpática, lo menos formal que puedas, y tendrás con ello un regalo mucho más apreciado que la carrera por alcanzar –sin superar– la arbitraria cifra impuesta por el jefe.
Santacláusticamente, Q

ESTIMADO SEÑOR Q:
Soy directora de Arte en una consultora de mercadotecnia, pero estoy a punto de renunciar: quiero tomarme unos meses de descanso después de 10 años a toda velocidad. Hace semanas, sin embargo, que no me atrevo a comunicar mi decisión a mis jefes y compañeros. Tengo miedo de que se enfaden conmigo o, peor, que intenten convencerme para que me quede. ¿Cuál es la mejor manera de anunciar una renuncia?
Agotada e indecisa, DF

Querida Agotada:
No necesitas más de dos líneas: “Lamento informarles que a partir del (insertar fecha) debo renunciar a mi puesto en la compañía”. Cuando lo hables personalmente con tu jefe o jefa, explícale con honestidad tus planes y tus intenciones, segura de ti misma y tratando de no pedir muchas disculpas. Elige una fecha que moleste lo menos posible el funcionamiento de la empresa. La autora Sylvia Ho recomienda, en estos casos, “no quemar los puentes”: si en el futuro decides continuar trabajando en mercadotecnia, las referencias y los contactos te serán muy útiles. Incluso podrías volver a trabajar allí mismo. Disfruta tu descanso: el Señor Q te manda desde aquí mucha envidia y felicitaciones.
Aplaudiendo, Q

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