In memoriam

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Facilidad de uso, que guarden cada instancia de la vida del usuario, que sean cómodos y que sirvan para muchas cosas. Éstas son las características que nutrirán en los próximos años a los dispositivos electrónicos. Y además, dejarán atrás las pequeñeces. Lo ‘nano’, la miniturización, pasará de moda.

Así lo predice Steve Mann, ergónomo canadiense y miembro de la Ergonomics Society. Él afirma que lo pequeño dejará de ser atractivo, pues la experiencia demuestra que lo minúsculo no es cómodo ni inmortal (se rompe o se pierde con facilidad) y la tendencia ahora es la facilidad de uso. “Lo que sí es un hecho es que seguirá imperando el gusto por lo fashion, es decir, lo colorido, lo que a la vista parece demasiado loco u original, que sea fácil de cargar o de manipular. Y claro, resistente al tiempo y al trato rudo”. Lo que ya no embonará con la forma de crear y consumir tecnología será la idea de hacer cosas, tanto o más pequeñas que la palma de una mano.

La otra tendencia que viene es la de la comunicación y la memoria. Tal vez pocos lo saben, pero la famosa frase “Éste es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, dicha por Neil Armstrong cuando pisó la Luna, se transmitió a través de una diadema Plantronics, que llevó durante toda su travesía espacial para comunicarse con la NASA. A casi 40 años, millones de personas en oficinas y call centers usan un artefacto similar, tanto para transferir llamadas telefónicas como para realizar conferencias inalámbricas.

¿El futuro ha alcanzado al presente? ¿La ciencia ficción se ha vuelto realidad? Sólo hay que echar un vistazo a lo que ya hay disponible en el mercado: monitores planos de Philips que se ‘guardan’ dentro de la pared, cocinetas de Sanyo que avisan cuando la despensa se está terminando, dispositivos que guardan la memoria musical de años…

Un individuo de 36 años, mexicano, de clase media alta, despierta cada mañana con los acordes de alguna de las 5,000 canciones almacenadas en su iPod y confía el desempeño de su rutina de ejercicios a una ‘pulsera’ Oregon Scientific. Es Gustavo Torres, dedicado a monitorear redes de internet. Antes de llegar al trabajo habrá mandado unos cinco mensajes de texto por su celular, y usa el sistema de navegación satelital de su auto para sortear el tráfico. En su oficina se mantendrá conectado por más de 10 horas. De regreso, mientras juega en su consola de videojuegos inalámbrica y espera a que llegue su novia, Gustavo usa su voz para controlar la iluminación, misma que se acopla a su estado de ánimo.

Éste es el prototipo de una casa ‘inteligente’ y de un usuario más común de lo que creeríamos, que no es raro, ni bizarro.

Muchos quizá se sientan intimidados, pero es un hecho que la tecnología nos rodea y cada día se adopta o se rechaza.

El que no ve…
“El avance tecnológico es una mezcla contrastante de fascinación y temor. Nos fascinan los beneficios que se desprenden de la tecnología, pero nos sentimos amenazados por ella”, dice el futurólogo Julio A. Millán, presidente de World Future Society México.

El crecimiento de los gadget en los últimos años no es casualidad. Según Millán, la velocidad del cambio tecnológico se ha incrementado de tal manera que el avance que tuvo la humanidad en 20,000 años es comparable al del último siglo.

“Es el mismo efecto que se dio cuando llegaron las carabelas de Colón a América: los nativos las vieron, pero como no sabían qué eran, no les hicieron caso. Hoy tenemos el cambio tecnológico en las narices y de pronto no lo vemos de tan rápido que avanza”, agrega Millán.

Aún así, acercarse al futuro parece ser cuestión de dinero y ganas de ser innovador, por lo menos en México. Una casa ‘inteligente’ equipada con alta tecnología requiere una inversión de 22 millones de pesos, apunta Repco Trade, empresa que se dedica a montar este tipo de espacios.

Omnipresentes
Según la Sociedad de la Ubicuidad, un modelo que surgió en Japón y que trata sobre la capacidad para conectarse a internet en cualquier lugar, todos los objetos de uso cotidiano estarán equipados con algún tipo de inteligencia artificial. Asimismo, esta organización prevé un uso intensivo de tecnología, combinando todo tipo de dispositivos. ¿Cuentas de rosario habilitadas como control remoto? ¿Botellas con filamentos que despliegan imágenes digitales? ¿Sombrillas que predicen la lluvia o que sirven de pantalla? Todo ya existe.

“Aquí, este concepto está muy atrasado, nos falta conocimiento, una buena legislación del uso de la tecnología y sectores que lo empujen. Existe quizás en ambientes empresariales y de alto poder adquisitivo, pero aún no encontramos el detonador”, explica Millán.

¿Qué hay de usuarios como Gustavo Torres? “No creo que quienes gustamos de la tecnología seamos un grupo pequeño, aunque percibo que se ve a los amantes de los gadget con prejuicio, como bichos raros”, dice el futurólogo. “No tiene qué ver con el dinero. Los adolescentes, por ejemplo, tal vez no tienen todos los aparatos que quisieran, pero apenas tengan ingresos los conseguirán”.

Diseño del mañana
La complejidad que encierra la frase ¿qué es primero, el huevo o la gallina? es lo que acompaña al desarrollo de dispositivos tecnológicos en la actualidad: ¿es el fabricante el que marca el paso en el consumo de gadget, o es el usuario el que demanda qué se debe fabricar y cómo hacerlo?

Algunas pistas las da Apendd, la firma española de estudios sociológicos y de mercado: un consumidor no usa algo que en su cerebro no existe, pues sin importar su poder adquisitivo o condición social, rechaza productos que atienden necesidades que aún no existen o que estén alejadas de su realidad. Esto hace pensar que el choque cultural todavía es más fuerte que la innovación, que sí existe y en grandes cantidades, pero sólo en laboratorios universitarios y hasta en las maquilas de muchos fabricantes, pero no en las casas de los usuarios, según Apendd.

“Los nuevos medios de comunicación se basarán en el futuro en el concepto uno a uno, en lugar del clásico uno a muchos, con lo que la idea de negocio cambiará radicalmente de un enfoque de oferta a uno basado en la demanda. Es decir, el cambio de paradigma trasladará el poder de selección a los usuarios, que dispondrán de una oferta personalizada”, agrega Millán.

Además, no todos los consumidores responden igual a los lanzamientos de nuevos productos. Según ICM Research (firma especialista en focus groups), mientras que un usuario en Estados wwmes y gasta 40 dólares mensuales en promedio, en Asia se adquieren cuatro dispositivos con un presupuesto de 30 dólares. En América Latina la cifra se reduce a siete productos anuales, con una inversión de 27 dólares por mes.

Un poco inmortales
¿Qué es exactamente lo que estamos consumiendo? La World Future Society habla de todo tipo de servicios móviles, televisión digital, difusión de nuevos contenidos y acceso a la banda ancha.“Pero lo que hay detrás de todo esto es parte de la necesidad de eternidad. Lo que nos importa al comprar un gadget es almacenar pensamientos y recuerdos, quedarnos con un cachito de nuestras vidas”, dice Millán. “Ésa es la verdadera tendencia, lo que está detrás de la tecnología actual: la obsesión de quedar inmortalizado en un aparato, en un ‘nanobot’ que no morirá”.

No son casualidad entonces los cálculos de InfoTrend/CAP Ventures que indican que este año serán adquiridos 370 millones de teléfonos celulares equipados con cámara fotográfica y de video y que para 2009 podrían ascender a 847 millones a escala mundial.

Otra prueba de la obsesión de la inmortalidad está en el proyecto de la cápsula del tiempo que acaba de emprender la compañía estadounidense de internet Yahoo!, que en los próximos meses permitirá que millones de usuarios de 20 de sus sitios en todo el mundo añadan contenidos tanto visuales, de texto o de audio a su página, para guardarlos físicamente en tres cajas protegidas. Una será enterrada en su sede de Silicon Valley, otra se enviará al espacio vía láser y la tercera será resguardada por el Museo de Antropología de la Ciudad de México, y no se abrirán hasta 2020.

No es gratuito que Gustavo Torres se aboque a construir, con datos, su propia caja del tiempo. El ingeniero recopila pruebas que algún día le servirán para mostrar a sus nietos quién fue y qué hizo antes de que ellos nacieran.

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