Mi tiendita.com

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Mariano Garza-Cantú

Era la época de oro de los portales de internet, cuando las inversiones millonarias eran noticia cotidiana y las compañías interesadas en entrar al mundo en línea brotaban por todos lados con la promesa de que el e-commerce haría ricos a todos los involucrados.

Justo con esta ilusión, en 1999 Bruno Jiménez y Martha García se lanzaron al mundo virtual para ‘instalar’ tiendas en línea, así que luego de revisar las opciones que había en el mercado decidieron desarrollar un programa de comercio electrónico que fuera más flexible para las necesidades de cada cliente. Pero la novela rosa duró muy poco porque cuando la burbuja se rompió ellos se fueron a la quiebra junto con todos sus usuarios.

¿Cómo salir de las cenizas? Jiménez y García ya tenían un software propio que bien podía ser explotado, así que la inquietud de volver a intentarlo seguía presente. Ambos habían analizado que las empresas grandes no se tomarían el tiempo de hacerles caso porque contaban con departamentos de sistemas propios, así que luego de desempolvar su solución reestructuraron su plan y volvieron al campo en busca de revancha.

Este año lanzaron su solución: MyStore, un software para construir tiendas virtuales con el objetivo de que empresas de cualquier tamaño (pero particularmente pymes) abran una sección de compraventa en línea. El nuevo planteamiento propone que los clientes paguen una cantidad al mes como si fuera el alquiler de un local.

“Para nosotros una pyme es la empresa que no cuenta con su propia área de sistemas y que por ello necesitan outsourcing”, comenta Bruno Jiménez, socio director de Grupo Creativo, quien agrega que en una primera etapa consideraron vender las licencias de su software de comercio; no obstante, la idea era una verdadera falacia pues el precio que un usuario tendría que pagarles era muy costoso: 15,000 dólares. Por eso se renta la solución.

Al gusto del cliente
Bruno Jiménez y Martha García aprendieron la lección después de la debacle de las puntocom. Y en esta ocasión decidieron ser mucho más flexibles en su apuesta por MyStore. Así que en la nueva aventura el cliente tiene distintos esquemas de funcionalidad que están íntimamente ligados a la cantidad de productos que quieren vender.

Una pequeña empresa bien puede destinar entre 100 y 200 dólares al mes por alguno de los paquetes. Están concebidos para firmas que manejan desde 50 hasta miles de productos. Incluso, si un cliente no desea alquilar un paquete, MyStore le diseña una opción que se adapte a sus necesidades. Otra ventaja es que, al ser un esquema de renta, las empresas no tienen que preocuparse por hacer actualizaciones y tampoco pagar una cantidad extra por ellas.

El sitio se divide en dos: frontend y el backend, que es el módulo de administración y se controla vía web. El acceso es por usuario y password. Desde allí se pueden dar de alta productos, cambiar precios, modificar, etcétera. Y es el mismo cliente quien decide si estas tareas las realiza o las deja en manos de MyStore. Pedidos, compras, solicitud de información, etc., llega tanto por el módulo de administración, como por correo electrónico. Todo está en español, para que sea accesible para toda la gente.

El módulo de administración se modifica de acuerdo con el producto que se ofrezca. Por ejemplo, si se venden playeras, se necesita un campo para el color y otro para las tallas, pero si se venden libros, entonces no aparece ese campo, para que no le estorbe al cliente.

En este módulo se configura todo lo que tiene que ver con la tienda, como costos de envíos o newsletters.

Para el pago se manejan diversos esquemas: por depósito bancario o transferencia. Si el cliente lo decide, también se dan de alta las opciones de tarjetas de crédito en donde contratan el servicio con un banco o por medio de PayPal, de eBay.

De hecho, para avalar la seguridad de las transacciones que ahí se hagan, la tienda ofrece un certificado de seguridad otorgado por VeriSign, cuyo costo se comparte entre todos los clientes del centro comercial virtual.

Existen varios niveles de seguridad, incluso MyStore firma un contrato de confidencialidad que asegura la información de sus clientes. También se comprometen a que los datos siempre estarán disponibles en línea; para ello, el servidor donde se almacenan está en Atlanta, en un datacenter a prueba de desastres naturales.

Apenas tienen ocho clientes en su tienda virtual. No obstante, Bruno Jiménez y Martha García saben que encontraron un nuevo nicho que no había sido atacado, el de las pymes que no disponen de los recursos para montar una tienda en línea y tampoco tienen los conocimientos técnicos necesarios. Con MyStore regresaron con el pie derecho al mundo de las puntocom.

En el camino aprovecharon su experiencia y el software que habían desarrollado, y ahora van por más clientes, todos ellos pequeños y medianos.

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