Por una red sana

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Mariano Garza-Cantú

Para Fernanda, el comercio de su cuerpo era una situación normal, como jugar, ir a la escuela o ver televisión. Con sólo 12 años, había descubierto la fórmula perfecta para que su ‘tío’ no se enojara y la dejara ver tranquilamente la novela de las ocho; no sabía el daño mental que le provocaba ser utilizada para crear escenas pornográficas en las que interactuaba con otros infantes, muchos hasta cinco años menores que ella. Por eso, cuando entraron y se llevaron a su ‘tío’, no entendió qué pasaba, y mucho menos imaginaba que su liberación se la debía a un software que rastrea e identifica fotografías e imágenes a través de internet, el escenario principal donde le ponían precio a su desventura.

Creado por la firma ibérica Astabis Data Management, por encargo específico de la Guardia Civil Española, Hispalis cuenta con un avanzado sistema detector de huellas, si se les puede llamar así, mismas que siempre se dejan al momento de crear, transferir y colocar un archivo en internet.

Así lo entendió la autoridad española que, ante la creciente ola de delitos de abuso sexual en menores, confió en las posibilidades de la tecnología y definitivamente acertó. Ya son más de siete años de alimentar una base de datos con material pornográfico incautado, el cual asciende a 50,000 fotografías y videos en los que los niños, por desgracia, son los actores principales.

La operación se llama Azahar y arrojó sus primeros resultados en octubre de 2005, los cuales fueron más que halagüeños: 629 objetivos ubicados entre 8,670 usuarios de redes analizadas; en concreto, se detuvo a 24 personas en España y a más de 100 en otros 19 países, incluyendo cuatro pederastas en México. Pero el programa de Astabis no es tan simple como para detectar únicamente el nombre del archivo, ya que éstos cambian constantemente y la búsqueda resultaría estéril; el sistema va mucho más allá: el héroe de la novela se llama Hash, un vocablo poco conocido pero que representa el núcleo de todo el proceso. Hash es un algoritmo que identifica los archivos a través de una serie de indicadores alfanuméricos que almacena como un conjunto de datos; en resumen, se trata de seccionar el archivo y, al rastrear otros, se busca que tengan similitudes con alguna sección del original.

Tal y como se ve en las películas de Hollywood, el sistema arroja posibles fotografías o imágenes que correspondan a la que se está analizando; es decir, al incluir la fotografía de Fernanda, el sistema buscará entre las 50,000 que tiene en una base de datos para saber si la niña aparece en alguna otra, o se hace una investigación por todo el ciberespacio para identificar archivos que tengan los mismos parámetros que la foto analizada.

Entonces, la Guardia Civil sigue estas imágenes en internet en función del rastro dejado en las redes y pasa los indicadores, que son datos de tráfico de datos, a países con quienes haya acuerdo de cooperación y donde estén ubicados los posibles infractores.

Todos por los niños
Otro punto a favor es la posibilidad de identificar una cámara digital con sólo analizar una foto tomada por ésta.

Gracias a un estudio de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, se ha logrado detectar que cada fotografía posee una sombra propia, la cual es un patrón único con el cual es posible saber de dónde salió la imagen. Es decir, así como la policía puede saber qué pistola disparó una bala por las huellas dejadas en el casquillo, también puede saber qué cámara tomó una foto.

Para llegar a esta conclusión se hizo un estudio en el que se analizaron 2,700 fotografías que fueron tomadas por nueve cámara digitales. Los resultados fueron satisfactorios porque tuvieron 100% de aciertos al detectar el origen de cada imagen.

Hasta ahora, la mayor dificultad que tiene la policía en Inglaterra es que los pedófilos manipulan el entorno para que no se pueda detectar dónde se tomó la fotografía y su captura sea más complicada. En pocas palabras, se puede saber si tal imagen salió de aquella cámara, pero… ¿dónde buscar la cámara… o al fotógrafo?, si en la foto aparece una playa de lo que parece ser el Caribe y, en realidad, pudo ser tomada en una bodega ambientada de Helsinki.

Justo por ello, por el momento esta técnica solamente tiene aplicaciones forenses aunque ha funcionado para detectar el uso ilegal de fotografías que tienen derechos reservados. “No es fácil detectar un patrón en el uso de la pederastia”, dice Jessica Fridrich, quien encabezó el proyecto en la Universidad de Birmingham, porque requiere la comparación de pixel a pixel y la colaboración de los fabricantes de cámaras.

Asimismo, la empresa número uno de software en el mundo, Microsoft, ha puesto su granito de arena, con su Sistema de Búsqueda de Niños Explotados (Child Explotation Tracking System, CETS, por sus siglas en inglés). Este programa analiza y clasifica automáticamente las imágenes de pornografía infantil, acelerando una labor que antes sólo podía hacerse manualmente.

Microsoft destinó 2.5 millones de dólares para CETS que es utilizado desde hace dos años por la policía de Toronto y la agencia de investigaciones canadiense Gendarmerie Royale. Ambas instituciones comparten la información permitiendo que distintas dependencias colaboren en tiempo real en la búsqueda de menores.

Y también el gobierno de Inglaterra ha dirigido sus esfuerzos en este sentido: la operación Magenta, resultado de seis meses de trabajo de las dependencias inglesas, infiltró a agentes del gobierno en las salas de chat para monitorear los diálogos y operaciones de diversos pederastas.

Además, el gobierno inglés echó mano de un software de detección de fotografías que le permitió conocer la identidad de los niños utilizados en este tipo de redes y, más tarde, dar con los pederastas que distribuían la pornografía.

Cualquiera creería que del otro lado de la cortina, en el rincón de los pederastas, se encuentra puro gorila sin educación, libidinoso y sin ninguna preparación académica o moral. Pues hasta el más avezado se sorprendería de saber que, además de los personajes oscuros, los investigadores se han topado con médicos, sacerdotes y pastores de diversas religiones y hasta instruidos profesores vinculados con este negocio.

Uno de los casos más sonados fue este año el de un oficial que trabajaba en la NASA, acusado de tráfico de pornografía infantil por internet. Luego de analizar la información capturada sobre la actividad en la red de James Robinson, un filtro utilizado por la agencia espacial detectó que las imágenes que acostumbraba ver excedían los porcentajes de tono de piel que aparecen en una fotografía normal. Así que al realizar un rastreo se llegó a una serie de sitios pornográficos.

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