Vendido a...

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A la una, a las dos. El SAE contribuye a generar recursos pa  (Foto: )
Gardenia Mendoza Aguilar

La voz apresurada del martillero grita: "¿Quién se lleva el Jeep Grand Cherokee 4x4, V8, 2001? ¿Usted, caballero? ¿55,000 pesos? No es nada. ¿Quién más se anima? ¿Usted, 62,000? ¿Y por allá? ¿70,000? ¿98,000...? Los compradores presentes en el auditorio del hotel Fiesta Americana, de Querétaro, pujan levantando una y otra vez la paleta. Las ofertas a la alza los ponen nerviosos y jadeantes, ajenos a todo lo que no sea mirar una pantalla gigante con fotos del vehículo y al martillero que insiste: "¿110 de aquel lado? ¿120?... ¿154? ¿154? Vendido en 154". Son decenas los que se aglutinan en una de las subastas más concurridas de las que celebra el Sistema de Administración y Enajenación de Bienes (SAE).

"Al diablo", dice resignado Octaviano Naranjo, dueño de Naranjo Motors, una empresa de reventa de autos y camiones de Maravatío, Michoacán. Él viajó a Querétaro con la esperanza de llevarse un lote de hasta 50 vehículos. "Están pagando el doble de lo que valen". Naranjo es la voz de la experiencia. En su negocio requiere comprar barato y competir contra los autos usados que otros comerciantes traen de Estados Unidos. Es un veterano de las subastas del SAE, ha participado en por lo menos 10, desde que fue creada la institución, el 23 de junio de 2003.

"La gente se deja invadir por la emoción y no hace cuentas de lo que está pagando: sólo piensan en competir, en la velocidad del evento, en la voz del martillero y hasta en las edecanes", explica Juan Manuel Briones, gerente de Operaciones de Todo en Subastas, una de las cuatro compañías que apoya al SAE en la logística.

Naranjo regresó al día siguiente, cuando los ánimos ya se habían distendido. El comerciante estaba seguro de que llegaría su momento. El ambiente en este tipo de subastas de bienes enajenados es estresante. No es se trata de las subastas de obras de arte de Sotheby’s. Casi todo lo que sale de aquí será usado o revendido por los compradores.

Los participantes no cejan en el empeño de llevarse ‘algo’ y por tres días pujan por autos, tractocamiones, aeronaves, motocicletas, contenedores con juguetes, equipo electrónico, menaje, muebles, máquinas industriales, casas, bodegas… Todo eso forma parte de los inventarios del SAE, el organismo creado para unificar las actividades de enajenación, recuperación, administración, custodia y, en su caso, destrucción de los bienes en poder del gobierno federal. Para ello, la institución dependiente de la Secretaría de Hacienda tiene tres tipos de procedimientos: remate, adjudicación directa y subasta, que es el más popular y el que aporta 95% de las ganancias.

"Son bienes que provienen del desalojo de bodegas de gobierno, confiscaciones de bienes en aduanas y las de la Procuraduría General de la República por procedencia ilícita, evasiones fiscales o narcotráfico", dice Humberto Murrieta, director de Comercialización de Cartera y Empresa. "La venta pública recupera algo del valor comercial y hay grandes oportunidades para los compradores". Los resultados han sido positivos: el incremento en ventas entre 2003 y septiembre de 2006 fue de más de 900% y en ese mismo periodo se recuperaron más de 11,000 MDP a través de subastas (dos por mes, en promedio) en todo el país.

Las ventas de bienes muebles crecieron a una tasa media de más de 200% anualmente. Y las ventas de inmuebles pasaron de 144 MDP en 2003, a más de 800 MDP en 2006, resultado de colocar en el mercado más de 6,500 propiedades. Además, el SAE reporta que ha ingresado 6,755 MDP por recuperación de créditos de cartera.

De todo…
En una subasta organizada por el SAE hay mercancía que pocos imaginarían encontrar. Ésta, por lo general, se ofrece en contenedores destinados a compradores al mayoreo que han sido decomisados por alguna dependencia del gobierno federal. En la subasta realizada en Querétaro había 182 cajas de espinilleras y guantes de portero, objetos valorados en 18,000 pesos. También había 187 cajas de carteras de mano y chupones para biberón; un contenedor con partes de avión ultraligero; 175 cajas con muñecos de La leyenda del jinete sin cabeza, y 21 refrigeradores.

Además, siempre hay subastas de herramienta especializada y material industrial. "Es fácil saber lo que vende el SAE: cualquier artículo que es susceptible de exportación o importación, excepto alimentos. Tampoco ofrecemos productos químicos, explosivos o armas de fuego", comenta Andrés Casco, director corporativo de Comercialización.

La mercancía es tan variada que los clientes frecuentes le llaman ‘tesoros escondidos’. Marcos Basul, dueño de Fortaleza, empresa que vende saldos en México y Estados Unidos, es uno de los seducidos. Basul acudió en 2004 a la primera subasta que el SAE organizó en Guadalajara. Ahí, compró un contenedor con 400,000 pares de sandalias, 575 ataúdes y 800 vestidos de novia, todo por 1 millón de pesos, mucho más de los 300,000 que el gobierno pensaba. Basul se convirtió en un cliente frecuente, quizá uno de los consentidos del SAE ya que compra mercancía que a nadie le interesa, como 5,000 zapatos izquierdos, que luego revendió a pequeñas tiendas. "Lo importante de venir a pujar es conocer el mercado. Para ello hay que estudiar primero las mercancías y saber el valor. Por lo demás, mi experiencia dice que es el proceso más transparente que hay en la actualidad en el gobierno", dice Basul.

Sincronía en el trabajo
Los procedimientos de venta en las subastas del SAE se hacen a través de compañías conocidas en el reglamento interno como ‘terceros especializados’, que son personas físicas o morales que no pertenecen al organismo, pero son profesionales en su ramo y ganaron un proceso de licitación.

"Son (empresas) externas cuya especialización depende del tipo de subasta", menciona Julio César Sánchez, director de Comercialización de Enajenación de Bienes del SAE. "Tenemos 200 firmas trabajando para promoción, organización, remates, etcétera".

En el caso de la venta, intervienen firmas como Todo en Subastas, Carasa, Acetec y hasta el portal eBay. Carasa liquida activos improductivos o fuera de servicio para Grupo Modelo, Banorte, Hilco Industrial y JL French desde 1999. "La promoción de las subastas se hace vía internet y en diarios nacionales porque consideramos que el costo-beneficio no es suficiente para pagar los altos costos de la publicidad en medios electrónicos", dice José Manuel Ramírez, gerente administrativo de Carasa.

Por su parte, Juan Manuel Briones, gerente de Operaciones de Todo en Subastas, comenta que la promoción en televisión sí funciona, aun cuando sea regional y se limite a un comercial por día. Todo en Subastas trabaja además para General Electric, Hertz y Budget y organiza eventos del SAE en varios estados y el Distrito Federal. "Invertimos 25% de nuestro presupuesto en publicidad", señala Briones, que aplicó un esquema similar en Autoplaza, el sitio creado en 1998 para vender y subastar autos usados por internet.

Otra vía de difusión de estas subastas es el boca a boca, el cual convoca a todo tipo de compradores a los eventos: curiosos, herederos, recién casados, cazafortunas y gente de todo calado que se busca la vida en la compraventa. El capitalino Jesús Guizar, dueño de Autos Puriló, compra y desvalija autos para venderlos en partes. En la subasta de Querétaro adquirió cuatro vehículos: un Jetta 1987 por 2,500 pesos, un Spirit 1988 por 1,100, un Colt 1991 por 2,000 y un Topaz 1992 por 2,500. Todos tenían precio base de 500 pesos.

En el ciberespacio
El SAE también invade internet, donde tiene una alianza con el gigante eBay, la mayor firma de subastas del mundo. "¿No encuentra lo que busca?, búsquelo en eBay", reza el eslogan de la compañía, pero en México tiene una variante: "… búsquelo en el SAE". En www.saecomercial.com.mx se emite una convocatoria permanente para las subastas públicas en medios electrónicos y muestra un catálogo de los bienes que el interesado puede consultar previo registro.

Para participar, el usuario necesita conectarse a internet, registrar su cuenta de correo electrónico y su cuenta bancaria con Clave Interbancaria (CLABE), así como aceptar las bases de participación. Para participar en la subasta se deben realizar ofertas económicas y depósitos de garantía en las instituciones bancarias que designa el SAE. El fallo de la subasta se da a conocer a todos los usuarios por correo electrónico. Los perdedores reciben la devolución de su dinero y los ganadores tienen que cubrir el total del bien adjudicado en el plazo y forma establecido en el sitio web.

Lugares de descanso... Paradisiaco y eterno
El SAE también subasta empresas, muchas de ellas caídas en quiebra pero operando, así como otras que fueron abandonadas por sus fundadores. La mayoría de éstas se venden en licitaciones con todos sus activos y pasivos, incluyendo maquinaria, bienes muebles e inmuebles, derechos, concesiones y acciones. Muchas fueron decomisadas a narcotra- ficantes, secuestradores, evasores fiscales, prófugos de la justicia y todo tipo de criminales que dejaron tras de sí todo un caudal de historias.

El 30 de noviembre de 2005, por ejemplo, el SAE publicó la convocatoria de una licitación para la enajenación de un cementerio, registrado como Valle de Paz, en Atizapán, Estado de México. El ex líder petrolero Joaquín Hernández Galicia ‘La Quina’ controlaba esta propiedad por medio de un prestanombres. Seis meses más tarde, se anunció que el camposanto, ubicado en un predio de 1.5 millones de metros cuadrados, sería propiedad de un grupo de inversionistas dedicados al negocio de las funerarias que pagó casi 53 millones de pesos y asumió pasivos por alrededor de 70 millones.

"Pensábamos que se iba a declarar desierta la licitación", recuerda Humberto Murrieta, de Comercialización del SAE. "Muchas veces la historia de los lugares se convierte en un arma de doble filo. La gente se asusta o se cautiva".

No se describe en los catálogos, pero muchos de los bienes en manos de la institución tienen un pasado enigmático. Valle de Paz, por ejemplo, fue entregado en 1989 como "dación de pago" a la Secretaría de Hacienda por Sergio Bolaños Quezada, de Grupo Serbo, acusado de evasión fiscal y presunto prestanombres de ‘La Quina’.

El hotel de lujo Amansala Casa Magna, ubicado cerca de Tulum, Quintana Roo, era una de las residencias que el narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, jefe del Cártel de Medellín, pretendía usar como villa de descanso. Nunca la disfrutó, pero sí lo han hecho el actor Gael García y la súper modelo Cindy Crawford, de quienes se reporta su visita. Se trata de ocho villas privadas en un predio tropical de 12,000 metros cuadrados. Los visitantes pagan un promedio de 3,000 pesos por noche en habitaciones individuales, además del costo por servicios como yoga, masajes y excursiones privadas y el gasto en su restaurante.

Esta mansión es administrada por dos empresarias estadounidenses en depositaría, un esquema en el cual el gobierno permite el uso de bienes en proceso penal a un particular mediante el pago de alguna contraprestación.

"En caso que tengan que devolverse a los propietarios, se hace inmediatamente. Esto lo sabe el depositario. Son contratos sui géneris, dado que el uso no es por tiempo definido", cuenta Óscar Espinoza, directivo del SAE. En el caso de bienes cuya licitación se declara desierta o que no se venden en las subastas, el organismo recurre a la adjudicación directa, preferentemente a una institución gubernamental.

En los remates, los bienes tienen un avalúo menor a su valor real y el precio de salida son las dos terceras partes del valor calculado. Entre todos los esquemas de trabajo del SAE se logró unificar a dependencias y funciones de la Administración Pública Federal que realizaban por separado actividades de monetización de activos. Actualmente, los organismos que lo conforman son el Fideicomiso Liquidador de Instituciones y Organizaciones Auxiliares de Crédito (Fideliq), el Servicio de Administración de Bienes Asegurados (SERA), la Unidad de Desincorporación de la Subsecretaría de Ingresos y la Administración General de Destino de Bienes de Comercio Exterior del Sistema de Administración Tributaria (SAT).

Y, como una cereza en el pastel, algunos particulares han pasado de compradores a vendedores. Mario Moncada, un empresario dedicado al servicio de grúas, en Monte Morelos, Nuevo León, encontró en el SAE la vía para deshacerse de más de 10,000 carros rezagados en sus terrenos que han servido como corralón de la Policía Federal de Caminos durante más de 40 años. "Los llevan ahí por infracciones y detenciones y los dueños ya no los recogen. Es un problema porque no tengo la facultad de venderlos o sacarlos", comenta Moncada, quien logró convencer al gobierno de dividir las ganancias con tal de desalojar sus propiedades, herencia de su padre. "Podemos solucionar muchos problemas con el SAE. A la gente le gusta comprar cualquier cháchara", dice optimista.

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