Yo sí tomé un sabático

¿Quién no quiere tomarse un año de receso?
Decidió pintar. “La gente piensa que tu trabajo define lo qu
Sara Brito

El día que volvió a tomar un pincel, el galés Carl Jones dio, sin saberlo, un giro total en su vida. Junto con los creativos de la agencia BBDO llegó a la idea de que una campaña para Bayer llevaría ex votos mexicanos como arte. Jones buscó a un artista que lo hiciera, hasta que afloraron los encantos de algo que tenía enterrado hacía mucho tiempo. Tomó los pinceles y experimentó esa plenitud que de adolescente le llevó a estudiar artes plásticas. Aquel gusanito estuvo merodeando hasta que en 2004 decidió que los nueve años que llevaba en BBDO eran suficientes. Decidió renunciar a su cargo de vicepresidente de la agencia en México para tomarse un año sabático y probarse como artista.

Muchos dicen que es cosa de europeos, millonarios o académicos, que por el mundo corporativo, al menos el mexicano, aún ni se huele eso que llaman periodo sabático, pero ¿quién no se ha imaginado cuánto podría hacer con unos meses de receso? La idea es tentadora.

Ya sea concedido por la empresa, con derecho a regresar, o tomado por la libre, "es un tiempo de reflexión y descanso de la rutina que puede ser muy benéfico, más allá del descanso físico y motriz de las vacaciones", según Carlos Peniche Lara, jefe de la coordinación de Psicología del Trabajo de la UNAM. Es un tiempo de reciclaje. Así lo ve también Mauricio Santillán, cuando al dejar la vicepresidencia para América Latina de Microsoft decidió darse cuatro meses para irse de safari a África, a navegar y bucear al Caribe y a definir prioridades para los próximos años. Todo le ayudó a levantar las dos empresas que hoy le ocupan: la aceleradora de pymes Grupo Visionaria y Arte Mexicano para el Mundo. "Estar en un ambiente relajado me ayudó muchísimo a aclarar ideas", comenta.

Lo cierto es que en Estados Unidos, empieza a darse una tendencia que, aunque silenciosa, ha sido señalada ya por la organización Society for Human Resources Management y por medios como The New York Times o CNNMoney. De acuerdo con estas fuentes, alrededor de 20% de las empresas del país vecino conceden periodos sabáticos a sus empleados, eso sí en su mayoría sin goce de sueldo. La revista Fortune publica que en EU 22 de las 100 empresas que ranquearon en 2006 como los mejores lugares para trabajar, ofrecen sabáticos pagados (entre ellas, American Express, Nike, Timberland y Adobe Systems). Otras fuentes indican que Silicon Valley parece ser el edén, ya que compañías como Google, Microsoft, Netscape o Intel lo tienen entre sus prestaciones.

En México comienzan a darse casos en ciertas empresas, sobre todo del ramo de la consultoría y la tecnología que dan esta prestación –aunque no la nombren así–. Microsoft, Accenture, PricewaterhouseCoopers y Everis son algunas de las que importan políticas de sus matrices a tierras mexicanas. En contrapartida, otras, como Goldman Sachs, que tienen una política de sabáticos en EU, no lo implementan en México.

Para las compañías puede ser un ganar ganar y una manera de retener y fidelizar a su personal, además de que regresen con ideas frescas y nuevas, sostienen sus simpatizantes. Y no les cuesta, ya que casi todos los sabáticos son sin goce de sueldo. Los empleados de la consultora Everis tienen derecho a dos tipos de permiso: uno de hasta seis meses sin sueldo pero con el pago de la seguridad social, y otro de hasta 12 meses sin pago alguno, desde que cumplen un año en la compañía. En ambos casos les aseguran el regreso a su mismo puesto.

También se les ofrece una excedencia mayor al año que tiene un inconveniente: quienes la toman pierden la garantía de retornar al mismo cargo y su antigüedad. "Nuestro negocio se basa en la gente y como consultora tenemos la necesidad de retenerla, esto crea una motivación muy alta y un mayor compromiso", asegura el socio director, Eduardo Millán.

Diez empleados de Everis han tomado este permiso en el año que tiene la prestación. Desde que implementaron esta y otras prestaciones de conciliación tiempo trabajo, se redujo a la mitad la rotación de personal –hasta llegar a 12.5%, por debajo de la media de 30% para el sector–.

José Miguel Dergal, consultor senior de Everis, se irá dentro de unas semanas, y durante tres meses, para ayudar a su familia a levantar un negocio de venta de computadoras. Sara Portes, de Accenture, ha tomado ya dos periodos de un año sin sueldo, para estar con sus hijos en su primer año de vida. En uno de ellos, incluso se fue a Canadá.

La compañera de Portes en Accenture, Mónica Rodríguez, se tomó un año para cursar una maestría en Madrid de la que agradece, sobre todo, las nuevas ideas que trajo consigo, haber viajado y conocido a gente muy diversa. Al regresar fue ascendida de consultora a gerente.

Una aventura solitaria
Pero esto no es lo más común. El sabático, al menos por el momento en México, es en la mayoría de casos una decisión personal que implica dejar el trabajo en el que se ha crecido, arriesgar el capital y hacer un paréntesis en la carrera que no todos comprenderán –a veces ni siquiera los amigos más cercanos o la familia–. También puede llevar a descubrimientos inesperados: "Cuando me tomé el sabático me di cuenta de quién era mi amigo por mi puesto de vicepresidente en BBDO o por mí mismo", recuerda Carl Jones. Aparte de estas vicisitudes, lo que exige sobre todo es planificación.

Jones decidió que iba a tomarse un sabático desde un año antes y comenzó a ahorrar y a planificar cuando tenía 42 años. "Contaba con unos 50,000 dólares para un año, para pagar el coche, la renta de la casa, la comida, la electricidad; pero buscas trucos como usar el Skype en vez de llamar por el teléfono, no irte de compras, estar más en casa, comprar unas cervezas e invitar a amigos en vez de salir y gastarte 150 dólares en una noche", relata. Desde luego que no tener hijos también ayudó. Como apunta Ignacio Pérez, director en México de la reclutadora de ejecutivos Heidrick & Struggles, "no es común el sabático en México, aquí el problema es la falta de talento". Pero, eso sí, reconoce que es sano que entre empresa y empresa, los ejecutivos se tomen un tiempo para pensar en su siguiente paso, para hacer cosas que no podían, "aunque muchos no aguanten esta ociosidad".

Precisamente fue esto lo que le ocurrió a Álvaro Migoya. Iba a celebrar sus 15 años de casado con un viaje que había planificado durante meses, y un día antes le dijeron en la compañía dulcera Dulco (proveedora de Sonrics) y de la que era director general que no sería posible por un problema, que "no resultó ser tal cosa". Ésa fue la gota que colmó el vaso. Migoya decidió dejar la compañía y tomarse unos meses para pasar con su familia y para crear una empresa propia o buscar asociados. "Pero a los pocos meses empecé a desesperarme", recuerda el capitalino. Al final, el sabático se transformó en un año y en un titubeo entre la desesperación y el descanso. "Disfruto más el post sabático, porque ahora soy socio de una empresa con un trabajo balanceado con mi vida personal", dice. A pesar de que la reinserción al trabajo no fue tan fácil como esperaba, aquel periodo le sirvió para aclarar sus ideas, estar con su esposa y sus cuatro hijos, aprender nuevas formas de hacer negocios, y darse cuenta de que "la vida vale mucho más la pena que morir en la raya".

Si alguien sabe también de eso, es Timothy Heyman que en 1990 arrancó la operación de Baring en México y en otros cinco países de América Latina, y que luego fue presidente de ING Baring de México, además de consejero de la Bolsa Mexicana de Valores, entre otros puestos de rigor. "Estaba en una actividad muy intensa de crecimiento de ventas y utilidades, y administración, pero mi capital intelectual se había reducido a menos cero", recuerda. En 1996, decidió que era el momento de hacer pausa, y se tomó un año sabático que dio para mucho. Regresó a dar clases al ITAM (lo que había hecho en los años 80), escribió su séptimo libro, Inversión en la globalización, y aprovechó para sentar las bases de su negocio actual, Heyman y Asociados, una administradora independiente de inversiones. "Quería reeducarme y recargarme y eso fue lo que hice". Aunque muchos imaginarán que el sabático es una oportunidad para recorrer el mundo, para personas como Heyman, que viajan continuamente, es una oportunidad justamente de lo contrario. "Para mí, el placer era quedarme en México, en el ITAM, dar clases y estudiar".

Pero de todas formas, lo del sabático cambia la vida a cualquiera. Los entrevistados reconocen un antes y un después de esta pausa: una manera más relajada de vivir y ver la vida, aunque en ocasiones pueda ser difícil volver, como le ocurrió a Álvaro Migoya. Muchas son las ocasiones en que quien se toma un periodo sabático acaba abriendo su propio negocio, como le sucedió a Mauricio Santillán y a Migoya.

Elías Amione huyó de la crisis de 1994 para pasar un año en Grecia y recorrer la región del Peloponeso de cabo a rabo, con todo y esposa e hijas. Estudió asignaturas sueltas de un MBA, aprendió a chapurrear algo de griego y convivió con su familia como nunca. Pero, sobre todo, aprendió a que menos puede ser más. Ese año lo vivió gracias a que pudo rentar su casa en México al empleado de una firma estadounidense que le pagaba "bien y en dólares". "Te acostumbras a vivir con menos y clarificas lo que realmente quieres de la vida", dice. Hoy este hombre vive en Niza de la renta de unos departamentos que compró en la ciudad francesa con la venta de acciones de Innes, su empresa de aire acondicionado en México, a la que se integró a su vuelta del sabático. Desde Niza, piensa en maneras de empezar un nuevo negocio. Sabe que la calma y el placer de vivir están por encima de todo. De origen bíblico, el año sabático es aquel, según la Torá, en que se dejan de cultivar las tierras para el descanso, en que se perdonan las deudas contraídas o se libera a los esclavos. En el mundo laboral puede ser también esa temporada de barbecho para crecer más fuerte luego. Cuando Carl Jones salió de BBDO se quitó el reloj y no se lo volvió a poner durante un año. Hizo dos exposiciones de su obra, viajó por el este asiático, tomó dos tres cosas del budismo que le han servido para llevar la vida con más calma y saber que ese Carl Jones con el que vive es algo más que la empresa en la que trabaja. Hoy es vicepresidente y director general creativo de Young & Rubicam y, según dice, es un poco más libre.

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