Investigadores usan a insectos en tareas médicas y criminalísticas

identifican enfermedades y hasta detectan bombas.
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Pilar Gil Villar
Autor: Pilar Gil Villar | Otra fuente: QUO
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La dinamita utilizada para fabricar explosivos, la cocaína y los componentes de una mina antipersonal dejan en el aire una huella química que la nariz humana es incapaz de detectar en cantidades mínimas.

Por eso, los investigadores del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Estados Unidos, encontraron un candidato más eficiente y barato que los perros para tales tareas: la abeja melífera (la europea).

Su extraordinario sentido del olfato (sentido que acapara más genes de su ADN), le permite buscar alimento y regular sus relaciones sociales. Además, su reducido tamaño garantiza una extraordinaria discreción y manejabilidad.

Tales cualidades convirtieron a las abejas en protagonistas del Proyecto Insecto Sensor Furtivo, donde las entrenan para misiones de rastreo de sustancias "delicadas", desde el campo de batalla hasta los aeropuertos.

Mientras tanto, un proyecto similar perfila ya a las avispas como otra opción: Glen Rains, de la Universidad de Georgia en Estados Unidos, consiguió que estos insectos reaccionaran ante la presencia de hongos en plantaciones y almacenes de grano.

Economía de insectos

Con el mero hecho de hacer sus vidas normales, los insectos reportan beneficios que John Losey, de la Universidad de Cornell en Estados Unidos, tradujo en cifras.

En un detallado estudio calculó que aportan a la economía estadounidense 57,000 millones de dólares anuales. Sus labores: alimentar a otros animales aprovechables por el hombre, limpiar prados, polinizar plantas y controlar plagas.

Para conseguir lo anterior, se sueltan al ambiente enemigos naturales de las especies dañinas. Es el caso del gusano (Trichogramma maidis), que parasita los huevos de la plaga conocida como piral del maíz, evitando que se convierta en un problema mayúsculo para los agricultores.

Sus beneficios también fueron constatados en los laboratorios donde los insectos empiezan a sustituir a los ratones en las primeras fases de pruebas de medicamentos.

Kevin Kavanagh, de la Universidad Nacional de Irlanda, comprobó que las moscas de la fruta y dos especies de polillas (la de la cera y la de la Manduca), daban los mismos resultados obtenidos con roedores.

Investigadores y espías

La entomología forense es la ciencia que estudia a los insectos y su relación con aspectos médicos y legales.

Las moscas, las larvas, los escarabajos y las chinches son sus aliados para determinar el lugar del asesinato, las circunstancias y hasta el estado toxicológico del muerto.

En la escena del crimen se toman fotos de los insectos en un radio de hasta 10 metros y luego se analizan en el laboratorio para formar un registro científico de las especies.

El ciclo de vida del insecto ayuda a calcular el tiempo de descomposición del cadáver.

También sirven para asegurar si la víctima consumió drogas, ya que los insectos, al alimentarse del cadáver, introducen en su sistema fragmentos del ADN humano. Además, no tienen enzimas que les permitan eliminar las drogas.

Las ideas de cómo emplear a los insectos para beneficio del ser humano son tan descabelladas como emplearlos en pequeños robots espías capaces de transportar radiotransmisores, sensores de todo tipo y minicámaras de vigilancia.

Michel Maharbiz de la Universidad de Berkeley en Estados Unidos implanta electrodos en el cerebro de los escarabajos en su estado de pupa para controlar su vuelo luego de la metamorfosis, convirtiéndose  en un órgano más.

En la práctica, si se le dota de un sensor que detecte heridos, podrá convertirse en un héroe salvavidas, y un minimicrófono lo transformará en un espía.

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