Una odisea aeroportuaria revela lo irritantes y terribles que somos

Las personas intentan pasar animales, armas, y cadáveres por los aeropuertos y aerolíneas de Estados Unidos
aeropuerto  bebe
Autor: Jessica Ravitz
(Reuters) -

Una familia intentó hacer pasar a un cadáver sobre una silla de ruedas en el aeropuerto de Nueva York. Una pareja fue detenida mientras tenía relaciones sexuales en la esquina de una terminal del aeropuerto de Phoenix, Arizona. Un hombre que volaba de Chicago, Illinois, liberó a una rata en la terminal aeroportuaria e insistió en que lo hizo con motivos religiosos.

Estas son algunas de las historias que recopilé la semana pasada, mientras viajaba casi 10,000 kilómetros por seis aeropuertos de Estados Unidos, días antes de que millones de viajeros comenzaran la peregrinación anual de Día de Gracias, lo que la convierte en la semana con más viajes aéreos del año.

Durante esta misión de varios días, experimenté retrasos, me colapsé en un sillón incómodo que no se reclinaba cuando más necesitaba dormir y recibí golpes en la cabeza mientras me ofrecían bebidas.

Volé de Miami, Florida, para encontrarme con una maleta rota en Atlanta, Georgia, y mi equipaje llegó de Nueva York a Chicago una hora después de mi aterrizaje y pagué una barbaridad por un panqué fresco en una terminal de Nueva York.

Viajar es difícil, pero también lo somos nosotros. Las mejores historias son las de los agentes de la Dirección de Seguridad de Transportes (TSA), quienes manejan las máquinas de rayos X y los cateos requeridos por el gobierno, y que ahora son motivo de controversia y quejas. La mayoría de ellos se negó a dar su nombre, y han visto más de lo que hubieran querido. Un oficial en el aeropuerto O'Hare de Chicago recordó a los viajeros que se desnudan espontáneamente sin que nadie se los pida; y otra agente habló de los bebés que ha encontrado mientras sus padres intentan hacerlos pasar por las máquinas de rayos X.

Han tenido que perseguir gatos, aves, monos y criaturas exóticas. Un agente incluso abrió un refrigerador en el que encontró a un pingüino vivo.

Un agente de Miami dijo que los imitadores de Elvis son los pasajeros más raros con los que ha lidiado, pero un supervisor en el aeropuerto JFK de Nueva York dijo que esto no es nada, pues él lidió con un cadáver.

Dijo que hace cinco o seis años, una familia que intentaba ahorrarse los gastos de envío de cuerpo a República Dominicana, intentó meter a su pariente muerto sentado en una silla de ruedas, alegando que estaba muy enfermo, pero cuando el supervisor tocó el cadáver y les dijo que estaba muerto, ellos fingieron sorprenderse.

A principios de este año, agentes del aeropuerto JFK encontraron 6 kilos de marihuana pegados al cuerpo de una mujer, y lo más raro es que iba a Jamaica, donde la venta y consumo de marihuana es completamente legal. “¿Quién quiere meter marihuana a Jamaica?”. No parecen viajeros muy astutos.

El agente señaló un contenedor metálico donde se guardan las ‘cosas duras’: balas, mazos, bóxers para golpear. Aunque en una ocasión una mujer admitió que el cuchillo que llevaba era para apuñalar a su esposo en el ojo.

Según los agentes de la TSA, los que más se quejan son los que dejan su teléfono en sus bolsillos, olvidan quitarse zapatos o sacar sus computadoras o ignoran el resto de las reglas. Aunque me dio gusto lograr meter una pasta de dientes al avión sin que nadie se diera cuenta, ahora sentí un poco de culpa.

Durante mi primer cateo, que recibí intencionalmente por negarme a entrar a la máquina de rayos X, y porque mi editor me dijo que hiciera que me catearan, la agente me explicó cada uno de sus movimientos. “Voy a tocar su trasero con el dorso de mis manos –dijo-, mientras movía sus manos por mis muslos hasta llegar al “punto de resistencia”– ¿Verdad que no fue tan malo?”. Y no lo fue. A los pasajeros que conocí tampoco les importó.

Un experto en cateos me dijo que una agente en Las Vegas, Nevada, movió sus manos demasiado lejos, pero bromeamos diciendo que “lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”.

Pero los pasajeros pueden causar problemas por su propia cuenta, como dos mujeres que conspiraron en la fila del registro para que los agentes creyeran que sólo llevaban dos bolsas de mano. Y nunca falta quien lleva un pasaporte vencido, o quien ni siquiera lo lleva.

“Llevo tanto tiempo haciendo esto que cuando alguien grita y patalea no es mi presión sanguínea la que aumenta, sino la suya”, dijo una representante de US Airways, quien lleva haciendo ese trabajo desde hace 24 años.

Los padres novatos olvidan llevar pañales extra, obligando a las sobrecargos a ingeniar alguna alternativa.

En Atlanta, después de llenar el papeleo para que Delta arreglara mi maleta rota, vi a un hombre llorar porque dejó su cartera en un avión que ya iba camino a Kentucky.

Muchas de las personas que trabajan en aeropuertos aman su trabajo porque los conmovemos y entretenemos. Una mujer que trabaja en un puesto de joyas en Miami ha recibido bendiciones de misioneros, ha sido terapeuta de los descorazonados, y una vez vio a una mujer mostrando sus senos a toda la gente hasta que seguridad se la llevó. “Nunca sabes lo que vas a ver”, dijo con una sonrisa.

Un empleado de un restaurante en Phoenix Sky Harbor casi llega a las lágrimas contando cómo cada vez que llega un militar, algún viajero paga su cuenta.

Seis horas después, abordé un tecolote de Los Ángeles a Atlanta. No encontramos espacio para nuestras maletas y nos quejamos cuando tuvimos que amontonarlas en la parte trasera del avión o registrarlas porque no había espacio suficiente.

Cuando pregunté a la tripulación si tenían algún consejo para los viajeros de esta temporada, todos alzaron la mirada.

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“Quédense en casa”, dijo un piloto desde la cabina de mando.

“Revisen las malditas maletas”, dijo una sobrecargo exhausta al final de su turno de diez horas.

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