Guadalajara ofrece cultura y más

Es estado se convierte en un gran parque de diversiones para promover el libro; el año pasado la FIL recibió a 532,000 visitantes y tuvo 330 presentaciones de libros.
Este año, el ambiente de la FIL tendrá más ritmo. (Especial)
Roberto Morán

Quién dijera que la sede de una feria del libro sería un salón de baile, el Veracruz, en el centro de Guadalajara. Eso parecería, a juzgar por la gran cantidad de escritores –alguno de ellos premios Nobel, como Gabriel García Márquez– que dan lustre a la pista al ritmo de cumbias y vallenatos, en la última semana de noviembre.

Al Veracruz lo que es del Veracruz. Este ‘antrazo’, como le llama la directora de la Feria Internacional del Libro (FIL), Nubia Macías, todavía es un lugar casi arrabalero y la mayor parte de las actividades de la feria se celebran en un digno centro de exposiciones, en la parte moderna de la ciudad.

Macías es una de las culpables del gran éxito del Veracruz estos días. Cuando trabajaba en prensa de la FIL, hace 20 años, organizó una fiesta ‘secreta’. Le pidió a un grupo de periodistas que no divulgara demasiado que se juntarían en el salón para bailar. Había reservado dos mesas que, obviamente, no bastaron para los 1,400 entusiastas que se presentaron a bailar.

Pero la idea es que la FIL no sea sólo formalidad, sino que los escritores hagan su trabajo de promover la lectura. Además, rara vez los buenos escritores están contentos subidos en un pedestal, por lo que muchos de ellos aprovechan estos días para acercarse más a su público.

Vaya que tienen oportunidades: la FIL del año pasado recibió a 532,000 visitantes, tuvo 330 presentaciones de libros, en las que hablaron más de 504 escritores, tres de ellos premios Nobel de Literatura –Nadine Gordimer, García Márquez y José Saramago– y un Nobel de Economía (Joseph Stiglitz). Para este año, hay cuando menos un Nobel confirmado, el colombiano, que no será el homenajeado principal (ya fueron suficientes las festejos por el 40 aniversario de Cien años de soledad) sino que participará en los honores a su paisano y amigo Álvaro Mutis.

Esta vez la feria está dedicada a Colombia. Ya hay 60 escritores de ese país confirmados, a los que se sumarán cuando menos otros 300 procedentes de lugares tan diferentes como Vietnam, Pakistán, Irak, Inglaterra, Irlanda, Noruega, Túnez, Francia, Estados Unidos...

La FIL ha servido para que se conozca en México la obra de escritores que hasta antes de su visita a Guadalajara habían sido poco traducidos al español.

Goran Petrovik, por ejemplo, encontró ahí a gran parte de su público (sus libros los publica en México la Editorial Sexto Piso). Y tal vez lo mismo suceda este año con el iraquí Jabbar Yassin Hussin, quien, según Nubia Macías, “desde que vino a la feria decidió aprender español”, y que se encargará de coordinar un encuentro de escritores refugiados cuya lengua literaria es el francés (Siruela publicó una traducción de su libro El lector de Bagdad).

Uno de los primeros lugares que visitó Salman Rushdie cuando dejó de ocultarse de la Fatwa fue la FIL Guadalajara, y en su libro El suelo bajo sus pies se adivina que el autor tuvo tiempo de darle una probada a la buena vida de la ciudad, de Tequila y de Puerto Vallarta. Por lo visto, también él se sintió aliviado de poder bajar del pedestal.

Algunos dicen que las presentaciones de best sellers en la feria, como el de El Chavo del Ocho, el año pasado, opacan a las de escritores más serios, pero esto no ha sucedido. El público alcanza para todos. Nadine Gordimer llenó una sala con más de 900 personas, Petrovik otra con 450; Carlos Fuentes y Monsiváis están entre los más taquilleros.

Durante la FIL, gran parte de Guadalajara se vuelve literaria. Las editoriales organizan fiestas y cocteles y todavía habrá que darse tiempo para ir a cenar o a bailar: los participantes le dan nueva vida al salón Veracruz, a la cantina La Mutualista, a los sitios de mariachi, y los restaurantes ponen decoraciones alusivas al país invitado en turno.

Con información de Carlos Enrique Orozco

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