Relojes directo de Francia

Hoy se dice que los “buenos relojes” se hacen en Suiza pero no es del todo cierto; algunos aventureros han hecho del país galo un digno representante en el mundo de la alta reloj
Bernard Richards Manufacture, 3MVT-52 (Cortesía de la marca)
Alejandro Estrada

Ser francés o no serlo. Ésa es la cuestión. La historia nos ha dicho que es mejor no serlo, sobre todo para el caso de las compañías relojeras. Y es que algunas de ellas, en vista del poder que tiene hoy la etiqueta “Swiss made” —en términos de negocio y prestigio—, tuvieron que optar por tres diferentes destinos: mudar sus manufacturas, literalmente, a Suiza; fabricar relojes de cuarzo con una clara tendencia fashion; o perecer en el intento. No obstante, existen algunas otras que nacieron para presumir con orgullo el sello nacional galo.

Compañías como brm (Bernard Richards Manufacture) o Alain Silberstein instalaron sus manufacturas en las comunidades de Magny-en-Vexin —en el departamento de Val-d’Oise— y Besançon —en el departamento de Doubs—, respectivamente. Ambas relojeras se distinguen por sus diseños arriesgados e innovadores, y son orgullosas portadoras de la nueva era de la relojería mecánica francesa. Pero también existen otras marcas que resistieron con éxito el embate de la tecnología digital japonesa, como es el caso de Regnier, fundada en 1920, o Michel Herbelin, abierta en 1947. El lugar ideal para que estas dos relojeras instalaran sus manufacturas no sorprende: la villa francesa de Charquemont, ubicada a escasos 10 kilómetros de la frontera suiza. Yema, creada en 1948, eligió, al igual que Alain Silberstein, la localidad de Besançon, ubicada al noroeste de Charquemont, pero también muy cerca de localidades suizas como La Chaud-de-Fonds y Le Locle, donde empresas suizas de alto nivel tienen sus manufacturas. Es indiscutible: la influencia (directa o indirecta) de los maestros relojeros suizos ha sido fundamental para el desarrollo de estas casas relojeras. Otras firmas de reciente creación, como Utinam (ubicada también en Besançon), han optado por incorporar cuarzo en sus relojes de manufactura nacional, pero con un marcado énfasis en el diseño.

Como quiera que sea, las nuevas firmas francesas están demostrando que hoy están a la altura del gusto mecánico (si no tradicional) de los clientes más exigentes, y que el futuro de la relojería gala está en explotar su identidad nacional.

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