Los Salinas se disputan el dinero

Raúl Salinas, hermano del ex presidente de México, se separó de su tercera esposa a finales de 2007; con lo que puso fin a un matrimonio marcado por amantes, cárcel y complicidad amorosa.
Los ánimos se calentaron cuando la pareja empezó a hablar de  (Foto: )
Alberto Tavira
CIUDAD DE MÉXICO (Quién.com) -

Estaban solos. Sentados frente a la mesa del comedor, Raúl Salinas de Gortari y su esposa Paulina Castañón Ríos Zertuche platicaban sobre los acuerdos a los que tenían que llegar para dar por concluido su matrimonio. El personal de servicio, un poco nervioso, iba y venía con los platillos de la comida mientras ellos dialogaban muy tranquilos. Desde diciembre de 2007 habían decidido por común acuerdo que había llegado el tiempo de cerrar el ciclo de su relación.

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Cuando el factor dinero comenzó a monopolizar la conversación, el ánimo de los comensales empezó a caldearse. Raúl aumentó el tono de volumen, las muchachas se escondieron en la cocina y lo que sucedió quedó asentado en la Cuarta Agencia del Ministerio Público el 27 de febrero de 2008 tras una denuncia que interpuso Paulina, contra su esposo. “Él perdió el control y sacó de mi recámara mis pertenencias personales, diciéndome que las iba a sacar a la calle. Cuando yo traté de calmarlo, él empezó a insultarme con palabras hirientes, que me fuera de su casa […] Yo todavía traté de calmarlo, pero me empujó hacia la puerta, me sujetó del brazo y a empujones me sacó a la calle”, relató Castañón en la querella consignada en el expediente 133/8-02, en la delegación Miguel Hidalgo. Paulina mandó una copia de la denuncia al periódico Reforma, el cual publicó en primera plana del siguiente día una nota en la que narraba que Raúl había regresado al Ministerio Público, pero ahora acusado por violencia intrafamiliar. Esa tarde del 28 de febrero Raúl mandó una carta a este diario en la que solicitaba publicar que “todo lo que se refiere a la señora Paulina Castañón tiene que ver solamente con una imagen de amor y respeto, lo que me hace absolutamente incapaz de cometer cualquier tipo de agresión en contra de la señora Paulina […] Haré todo lo posible para que pronto se resuelva esta dolorosísima situación para el bien, en primer lugar de la señora Paulina, por sus hijas que sólo merecen lo mejor y por todos mis seres queridos que están sufriendo al igual que nosotros”.

Buscamos a los protagonistas de esta historia para que nos hablaran del suceso, pero ambos declinaron dar cualquier declaración para no entorpecer las negociaciones del divorcio. Sin embargo, la información que pudimos obtener revela que la pareja no pudo soportar la convivencia diaria luego de que él saliera de la cárcel a mediados de 2005. Al principio lo intentaron. Durante dos años y medio se les vio felices en varios eventos sociales, pero luego se percataron de que el tiempo separados había dejado huella: él ya no era el hombre con el que ella se había casado y viceversa. Ambos estaban frente a un desconocido y decidieron terminar.

En las fiestas navideñas del año pasado cada quien celebró por su lado. Paulina se fue a Acapulco con su hermana Eugenia, casada con Gustavo Díaz Ordaz Borja, hijo mayor del ex presidente del mismo nombre; Raúl, por su parte, festejó con su ex esposa Ana María Pasalagua, sus hijos y nietos en su casa de Las Lomas, la cual a pesar de estar arraigada, puede ser habitada por su dueño. En esa misma propiedad, antes del 27 de febrero, llegaron camiones de mudanza. Algunos dicen que Paulina le desvalijó la casa a Raúl, otros que los muebles que se llevó eran suyos.

Mientras este drama llega a su fin, Paulina se fue a vivir a su casa de Las Lomas. Raúl se quedó en la suya. La licenciada Julia Collado, hermana del abogado Juan Collado Mocelo (que le llevó el divorcio a Arturo Montiel Rojas), es la encargada de los trámites legales de la separación. Y el amor, que alguna vez se tuvieron, tomó un sentido contrario.

UN HOMBRE BUSCA A UNA MUJER
Paulina y Raúl se conocieron en noviembre de 1992. Fueron presentados en una comida en el rancho del empresario Juan Sánchez Navarro, en el estado de Hidalgo. Él quedó sorprendido por su belleza y a ella no le fue indiferente la personalidad de él. Los dos estaban divorciados, así que el hermano del entonces presidente de México Carlos Salinas de Gortari le pidió su teléfono y se lanzó a la lucha por conquistarla.
Raúl venía de dos matrimonios: el primero con Ana María Pasalagua Branch, con quien duró 10 años de novio, 10 de casado y tuvo a sus dos únicos hijos (Mariana y Juan José); el segundo con la chilena Gladys Franco, una doctora en Economía y con quien anduvo alrededor de una década.

Por su parte, Paulina estuvo casada con Alfredo Díaz Ordaz Borja, el más chico de los tres hijos del ex primer mandatario y su esposa Guadalupe Borja. Totalmente alejado de la política, Alfredo se dedicó a la música como productor y compositor. Ellos tuvieron dos hijas: Paulina y Andrea. Fue muy comentado que Díaz Ordaz, aún casado, inició una relación con la integrante de Timbiriche, Thalía, a quien ayudó en su lanzamiento como solista. A raíz de eso, Paulina le pidió el divorcio y pusieron fin a 18 años de matrimonio. Más adelante la propia cantante declaró que su novio ya le había dado el anillo de compromiso porque se iban a casar tras cuatro años de noviazgo, pero la muerte sorprendió a Alfredo, de 43 años: una hepatitis fulminante cegó su vida el 15 de diciembre de 1993.

Después del primer encuentro con Paulina, Salinas comenzó a enviarle flores diario, le escribía cartas, la invitaba a cenar, poco a poco conquistó el corazón de una mujer necesitada de amor.

LA AMANTE INCÓMODA
Antes del flechazo con Paulina, Raúl sostuvo un tórrido romance con María Bernal, a quien conoció en junio de 1992 en Sevilla. Ella trabajaba como dependienta de la boutique Enrico Vasatti. “Lo encontré en la entrada, tirado en el suelo. Sucio, ebrio. Me dijo que le ayudara. Le di café y se bebió tres litros de agua”, narra la española en su libro Raúl Salinas y yo. Desventuras de una pasión. En sus memorias, publicadas en 2000 por editorial Océano, la autora revela que la primera vez que se vieron Salinas de Gortari le contó que había tenido un problema matrimonial, que lo había dejado su mujer (Gladys Franco) y que por eso había estado bebiendo.
Tres meses después de haber coincidido en España, María viajó a México invitada por Raúl. Primero la llevó a Casa Linda, en Acapulco, después fueron a la hacienda Las Mendocinas, situada al pie de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, ambas propiedades de él, y más tarde la instaló en un departamento en la Zona Rosa del df. Después de varios meses, la sevillana volvió a España para recoger sus pertenencias y mudarse definitivamente a México. Raúl le había pedido matrimonio.

Sin embargo, cuando regresó al país en febrero de 1993, Bernal se enfrentó con una sorpresa que casi le provoca un infarto: Salinas iba a casarse con otra mujer, Paulina Castañón Ríos Zertuche. “Le pedí una explicación y me dijo: ‘Mira, María, tengo que casarme para cumplir con la sociedad, pero tú serás siempre mi mujer’”, escribió Bernal en su libro.

En el texto autobiográfico, María cuenta que un día Raúl se reunió en Los Pinos con su hermano Carlos. “En esa ocasión se había decidido mi vida sin yo saberlo”. Según ella, los Salinas optaron por apartarla de su camino porque había planes de que Raúl se convirtiera en gobernador de Nuevo León e incluso, en presidente de México. Semanas más tarde, en una comida familiar realizada en casa de don Raúl Salinas Lozano, papá de Raúl, con motivo del aniversario luctuoso de Margarita de Gortari, “junto a la tumba de su madre, fue donde (Raúl) me explicó que por desgracia no iba a cumplir su palabra de matrimonio, ya que por ser el futuro gobernador de Nuevo León tenía que casarse con una mexicana”.

MATRIMONIO POR CONVENIENCIA
A decir de los relatos de María Bernal, el propio Raúl la puso al tanto de quién era la que “le habían elegido” para casarse. “Me dijo que esa mujer se

llamaba Paulina Castañón y que estaba de acuerdo con la boda planeada”. También dice que Salinas le describió a su futura esposa como una persona “con bastante experiencia en asuntos relacionados con la alta sociedad, el poder y las mañas que se requieren para tratar con esa gente”.

Antes de la boda ya se decía que Paulina se había enamorado de “el hermano del presidente” y no de Raúl, la persona. En ciertos círculos políticos y empresariales se comentaba que ella tenía debilidad por el poder económico y político. En cambio, Raúl aseguraba que con Paulina se había dado otra oportunidad para encontrar el amor, luego de dos intentos fallidos.

Finalmente, Raúl se unió en matrimonio con Paulina el 5 de junio de 1993. El civil se llevó a cabo en uno de los salones de la residencia del patriarca Raúl Salinas Lozano ubicada en Coyoacán. Los testigos principales fueron Carlos Salinas y su esposa Cecilia Occelli. Para la fiesta se instaló una carpa en el jardín, elegantes mesas con arreglos florales y una pista de baile. Los novios se fueron de luna de miel a Tanzania. “Yo misma ayudé a Raúl a vestirse y a que se preparara para su boda. Acepté todo eso porque lo quería mucho”, dice María Bernal.

Pero lejos de regresar a su tierra, la española se quedó a trabajar como asistente personal de Raúl y le administraba algunas de sus propiedades como el rancho El Encanto y la hacienda Las Mendocinas. La misma Bernal reconoce que pasó de novia a amante y que, desde el día que conoció a Raúl, mantuvo una conexión sentimental de dos años con él. “Paulina sabía de nuestra relación, pero prefería mantenerse callada”. 

IRRUMPE LA TRAGEDIA
Aún no cumplían dos años de casados cuando Raúl fue llamado a declarar en calidad de sospechoso por los asesinatos de Luis Donaldo Colosio Murrieta (ultimado el 23 de marzo de 1994) y de su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu (que había estado casado con su hermana Adriana Salinas de Gortari y fue ejecutado el 28 de septiembre de 1994). Era principios de febrero de 1995. La pareja estaba en California cuando recibió la llamada del abogado Juan Velásquez, quien le pedía a Raúl que regresara a México para rendir su declaración.
Salinas aceptó porque quería apoyar a sus sobrinas Claudia y Daniela Ruiz Massieu Salinas. Se acordó que el encuentro con las autoridades sería en casa de su hermana Adriana, en la colonia Las Águilas, del Df.

Ya estando ahí, el 28 de febrero de 1995, los Salinas de Gortari enmudecieron cuando un centenar de agentes rodearon la casa, treparon por las paredes, se subieron a los techos y arrestaron, frente a la mirada impotente de sus familiares, al ingeniero Raúl Salinas de Gortari.

Lo trasladaron al penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez –ahora llamado La Palma–, por su presunta responsabilidad como autor intelectual del homicidio de su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu.Una Paulina tan desconcertada como desconsolada fue tras su marido. Ese mismo día –después de haber concluido todos los trámites de ingreso al reclusorio–, Raúl, de 48 años, pudo reencontrarse con su mujer. “En cuanto vi a Paulina tras el cristal del locutorio de la cárcel lo primero que le ofrecí es que nos divorciáramos. Le dije que el gobierno había tomado una decisión política y que por lo tanto yo entendía que el sexenio iba a ser un infierno para nosotros […] Para mi fortuna ella me dijo que estaría siempre a mi lado. Que de ninguna manera aceptaba el divorcio”. Así narró la escena Raúl en el libro Diario del infierno de Almoloya, publicado en 2005.

AMOR SIN BARRERAS
El 20 de junio de 1995, en una celda en la que podía tocar las paredes con los brazos estirados, el mayor de los Salinas de Gortari documentó: “Paulina se ha portado muy bien conmigo. No ha dejado de venir a verme ni un solo día desde que estoy recluido aquí”.

El 1 de septiembre Raúl salía de una fuerte depresión y escribió: “Hoy me toca visita familiar. Ésta es sólo una vez por semana y el día es movible, además, la familia debe turnarse para verme, ya que sólo se permite la entrada a tres personas; el horario es de nueve de la mañana a una; y la visita íntima es de una a cinco de la tarde”.

Pero no fue hasta el viernes 20 de octubre que tocó el turno a las confesiones: “Me apena mucho haber utilizado documentación falsa, como un pasaporte y una licencia de conducir. Para salir del país con Margarita Nava, con quien tenía amores clandestinos, sacamos dos pasaportes falsos para evitarnos problemas sociales y familiares. Esta falta la reconozco grave y me siento muy mal por haber actuado tan tontamente”.

En el segundo cumpleaños de Raúl en prisión (24 de agosto de 1996) tocó visita familiar “y con ello la oportunidad de estar con mis seres queridos […] le pedí una hoja y una pluma al oficial de guardia. La corté a la mitad y dibujé un pastel con velas, varias estrellas y un sol resplandeciente”. Las visitas de la señora de Salinas a la cárcel eran cada vez menos frecuentes: “Ya son dos semanas sin Paulina (7 de enero de 1997), 10 minutos de llamada telefónica diaria son muy pocos. Siempre se desea más tiempo. Quedan en el aire mil ‘te quiero’, muchos besos y por último ‘Te necesito. No te vayas nunca’”.

El 18 de junio de 1997, Raúl recibió uno de los golpes más duros de su estancia en la cárcel. Su hermana Adriana le dijo que Paulina se sentía agotada, que ya no podía más y prefería retirarse. Poco después Raúl escribió en su diario: “Me es imposible aceptar la situación con Paulina. La quiero tanto que me cuesta mucho hacerme la idea de perderla. Cuando inicié la vida junto a ella, pensé que era lo definitivo. Hicimos planes, la vida en común e involucramos a las familias. Me duele mucho […] tengo que dejarla libre para que descanse; para que encuentre un poco de paz”.

Después de aproximadamente un mes separados, el 4 de agosto, Raúl y Paulina, con toda su circunstancia a cuestas, salieron a flote y decidieron darse otra oportunidad. “Me comunico con Paulina después de unos días ensombrecidos con su ausencia, se renueva el sentimiento, afloran los ‘Te quiero’ y se vuelve a la relación y con ella se siembra la alegría y el amor lo envuelve todo”.

El 14 de junio de 2005 finalmente Raúl abandonó el penal de Santiaguito (donde fue recluido seis años, después de haber permanecido cuatro en Almoloya) a bordo de una Suburban acompañado por sus familiares. Tras la salida de la cárcel, Raúl se fue a vivir a la casa de su mujer en Las Lomas. Los primeros dos años se dedicaron a ir a cuanto evento social los invitaran como el bautizo de su nieta Martina García Salinas. Pero a finales de 2007 entró en declive su relación. Vinieron las supuestas agresiones y tomó fuerza la parte económica en el proceso de divorcio donde cabe señalar que las propiedades de Raúl están incautadas por la pgr y sus cuentas bancarias congeladas, un factor que muy probablemente les agrió la comida.

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