Cómo Phelps libró el déficit de atención

A los 9 años se le diagnosticó el trastorno, incluso su maestra le dijo que no llegaría lejos; a su madre le encantaba que Michael nadara porque quemaba la mayor cantidad de energía.
Phelps se consideraba como una "rata de piscina". (Reuters)
PEKIN (CNN) -

Cuando Michael Phelps era un niño, una maestra de la escuela primaria le dijo a su madre que él nunca lograría demasiado porque no era capaz de concentrarse. Cuando el "fenómeno" ganó la primera de sus 14 medallas doradas olímpicas, en Atenas 2004, recordó esas palabras mientras estaba en el podio escuchando el himno estadounidense.

Pese a que se le diagnosticó Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) a los nueve años, Phelps terminó demostrándole a esa maestra que había cometido un error de juicio al espectacular.

"Era un pequeño muy energético, siempre correteando por todos lados y preguntando: '¿Por qué hacemos esto? ¿Cuándo haremos lo otro? ¿Qué hacemos ahora?'," recordó su madre, Debbie.

"'Travieso' no sería la palabra que yo usaría, más bien diría juguetón, creativo," agregó.

La mujer reconoce que el deporte, definitivamente, le permitió a su hijo canalizar mucha de esa energía.

Para el propio Michael, en cambio, "travieso" sí es una descripción que algunas personas pudieron haber utilizado.

En su autobiografía se recuerda a sí mismo como una "rata de piscina, corriendo de aquí para allá, escondido detrás de las personas, robándoles la comida y las antiparras, tocándoles el hombro y huyendo, y armando embrollo en general."

También tiene un puñado de anécdotas en el momento de la cena, porque siempre tenía que estar haciendo algo con sus manos.

"Me gustaba girar lápices y lapiceras con los dedos del medio, pero si no los tenía a mano durante la cena, podía sustituirlos por el salero o el cuchillo. Debería haberme dado cuenta de que no tenía que dar vuelta vasos de leche," recordó.

A su madre, obviamente, le encantaba que Michael nadara porque quería que su hijo quemara la mayor cantidad de energía posible.

Los Phelps son una familia unida, y el superastro abrazó a su madre y sus hermanas tras ganar su octava medalla dorada en los Juegos de Pekín.

Ese logro, afirmó Debbie, la puso "muy, muy orgullosa".

El más grande

Al tiempo que observa cómo su hijo se convierte en el atleta olímpico quizá más grande de todos los tiempos, la madre de Phelps dirige una escuela en el condado de Baltimore, estado de Maryland.

Hace poco se inscribió en un grupo de debate de la red social de internet Facebook, para brindar consejos a las madres de niños con TDAH (http://www.facebook.com/ADHDMoms).

Debbie asegura que la extraordinaria concentración de su hijo en la natación es algo común entre los menores hiperactivos.

Estos niños no son capaces de quedarse quietos por más de unos pocos minutos en la escuela, pero pueden dedicarse por completo a algo que realmente les gusta hacer.

"Los niños que tienen TDAH son individuos muy creativos, muy decididos y que pueden concentrarse. Pueden poner mucha atención en algo que les encanta," aseguró.

"Es muy importante ser capaces de permitirles a nuestros hijos experimentar todo tipo de cosas, para que puedan enfocarse en lo que les gusta y los apasiona," continuó.

Tal es la extraordinaria obsesión de Michael con la natación, que él mismo cuenta que cuando era niño soñaba que nadaba y despertaba a su familia al grito de "uno, dos, tres... ¡largada!"

Incluso hoy en día sueña con algunas de sus futuras carreras desde el principio hasta el fin o visualiza "cada salto, deslizamiento, brazada y vuelta" cuando se está durmiendo, según relató.

No obstante, lo que Debbie encuentra más extraordinario es el reloj mental de su hijo, el modo en que puede evaluar cuán rápido necesita nadar para cronometrar exactamente lo que su entrenador le pide.

La separación

Los padres de Phelps se separaron cuando él era pequeño, mientras que la exitosa carrera de su hermana Whitney en la natación quedó trunca por problemas de espalda y trastornos alimenticios.

Michael, sin embargo, deja en claro que la gran unidad de su familia le transmitió una fortaleza enorme, en especial el apoyo de su madre.

Tomó medicación para combatir los síntomas del TDAH, como lo hace uno de cada 25 niños en Estados Unidos, pero sólo los días hábiles y no los fines de semana o durante las vacaciones.

Después de un tiempo consiguió independizarse de esa droga y se convirtió en una persona extraordinariamente calma en público.

"Es bastante tranquilo, de hecho, yo me pongo más loca," afirmó Debbie.

"Siento que él definitivamente se asentó, y si hay hiperactividad, es capaz de manejarla con mucha calma," añadió.

¿Y qué hay con la maestra que lo dio por fracasado?

Debbie resiste la tentación de alardear y opina en cambio que, simplemente, "no entendió a Michael para nada."

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