Carmen Aristegui, valentía periodística

Su programa de análisis en CNN es una cita obligada, pero se extraña su voz en la radio mexican en sus 20 años de experiencia caben la esperanza y el desencanto: “Veo un México decapitado”, d
La entrevistadora por excelencia de la radio y la TV mexican
CIUDAD DE MÉXICO (Revista Quo) -

¿Algo de tomar? “Un whisky doble… no es cierto, es para parecer interesante”, y pide agua.

La entrevistadora por excelencia acepta por esta vez invertir los papeles con Quo.

Menuda, de mirada inteligente y segura, agrada la actitud positiva con la que se desenvuelve esta reportera que se confiesa discípula de Kapuscinski –el gran periodista polaco del siglo XX– y que ha ganado su reputación en más de 20 años de encarar con firmeza los asuntos más difíciles de la agenda nacional, a través de la radio, la prensa y la televisión.

Aristegui es una de las miradas con más autoridad moral, y la referencia insoslayable para medir el pulso social de la convulsa realidad mexicana. Su programa en CNN es una cita obligada, pero existe una nostalgia colectiva por esa voz de la W. Sirvan estas páginas como un reencuentro con Carmen.

Danos una imagen de México. ¿Cuál es la más próxima que tienes de este país?

Un decapitado. No es la imagen de México en su totalidad, pero sí te habla de una situación fuera de control en varias partes de la República.

Por supuesto, hay otros rostros mucho más amables y benévolos de nuestro país, pero la violencia, el narcotráfico, el descontrol y la disfuncionalidad del Estado mexicano se hace cada vez más presente y es cada vez más preocupante.

¿Cómo vives esta realidad y la intensidad que se genera con el periodismo?

A partir de lo indisociable de ser periodista y ciudadano. El retratar la realidad a través de la tarea periodística o intentar hacer y ofrecer información, entrevistas y generar opinión para tratar de acercarte a los asuntos que son de relevancia para la sociedad, es una tarea que tiene cierto método, cierta especificidad; pero generalmente los temas profesionales terminan siendo problemas de tu interés como ciudadano.

No se trata, como los psicoanalistas, los doctores o los abogados, de no llevarse los problemas a su casa, sino que los problemas que estamos retratando los periodistas son precisamente los que agobian a todos los ciudadanos. ¿Cómo se vive la intensidad? Pues en las diferentes velocidades que te da la vida.

Por un lado, con la urgencia de salir al aire, en ese instante, en vivo, y de manera similar, esos mismos temas se conversan en el circuito familiar y de amistades.

¿Cómo se enfrentan casos tan brutales como el de Ernestina Ascencio?

Fue un caso que generó mucha polémica.  Lo que en un principio se abordó desde la prensa y desde la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) como una agresión a una mujer indígena de la sierra de Zongolica, en Veracruz, tuvo un giro de 180 grados a partir de una declaración presidencial, como respuesta a una pregunta no formulada, en la que el mandatario afirmó que la muerte de Ernestina había sido por una gastritis, y a partir de esa declaración se presentó una movilidad sistémica.

Un grupo de periodistas y yo, que estábamos en la W, continuamos con una línea de investigación independiente a la declaración presidencial. Sostuvimos nuestra mirada crítica, no desde nuestra opinión, sino desde información basada en testimoniales, peritajes, frases, declaraciones de lo que fue el caso.

Esto nos reveló una radiografía completa de un problema profundo de la justicia mexicana y el comportamiento institucional ante la muerte de una persona con todos los rangos de vulnerabilidad posibles: indígena, pobre, anciana y mujer.

Un caso al que se le dio un carpetazo institucional y en el que desde el presidente municipal hasta el presidente de la República, pasando por los procuradores y el ombudsman actuaron en consecuencia.

A mí me gustó mucho la imagen que utilizó en un artículo el doctor Lorenzo Mayer para describir este hecho: "Ernestina y un copo de nieve". Un copo de nieve pequeño e insignificante en su tamaño, pero con toda la información del universo en su interior.

Éste es el caso de una persona que nadie hubiera tomado en consideración de no haber sido abordado periodísticamente. Yo estoy convencida de nuestro trabajo. Nosotros podríamos sostener cualquier análisis o debate con las informaciones que presentamos.

Quedó inconcluso nuestro seguimiento por razones obvias (su salida del aire en W Radio por “incompatibilidad editorial”).

¿Es ésta la decapitación a la que haces referencia?

Sí, porque imágenes como ésa dejan ver las enormes lagunas y abismos, en donde no existen los temas más elementales como dar u otorgar justicia o conocer con verdad lo que sucedió.

En los últimos años hemos sido testigos de una lista interminable de muertes, ejecuciones, levantones, secuestros, decapitados: tenemos una justicia colapsada.

Estamos hablando de que en este país sólo 1% de los delincuentes es sentenciado; existe una impunidad casi total de los delitos. Un país que no logra resolver los elementos mínimos de coexistencia entre Estado, justicia y ciudadanos y que tiene como condición dominante la impunidad, es un país  que asocias a imágenes de naturaleza trágica.

En contraste con Ernestina Ascencio, tenemos el terrible caso de Fernando Martí. En el que existe otro comportamiento por parte de los aparatos de justicia, e incluso de los medios. ¿Qué opinas?

No se le puede regatear ni un milímetro de tragedia, ni a la familia ni al caso mismo. Es inaceptable que una cosa así haya ocurrido. Es verdad, también, que hay un tratamiento diferenciado en los medios, en la política y en la actuación de las autoridades.

Un caso con nombre y apellido tiene la posibilidad de incidir y de suscitar simpatía e indignación en los círculos de este país que tienen voz y que movilizan las esferas de influencia más altas, la estructura gubernamental, administrativa y política.

Esto nos muestra las atrofias del sistema político, social y económico mexicano. Seguramente cuando esta entrevista se publique ya habrá pasado la manifestación de Iluminemos México, y la reunión que habrá sentado en una mesa de trabajo, por primera vez, a Felipe Calderón y Marcelo Ebrard para analizar el tema de los secuestros.

Todo esto en contraste con la indiferencia, la inacción, la omisión, el desgano, la negligencia y todas esas palabras que se me ocurren para hablar de lo que no se hace frente a miles de casos similares y anónimos que han ocurrido en los últimos años y que igualmente destrozaron familias y biografías.

¿Una de tus funciones como periodista es no olvidar y recordar a la gente los problemas y las injusticias?

Sí, este país tiene una indigestión informativa. Un escándalo tapa otro escándalo; el marco de impunidad en los temas judiciales es el mismo para los escándalos políticos, de corrupción y electorales.

Un circuito inacabado, inacabable, de situaciones que generan agravio, indignación, enojo y que son superados por nuevos escándalos que tampoco se resuelven, y todos tienen el mismo apellido: impunidad.

Como el caso del joven Martí, también están los de Zongolica, Lydia Cacho, Ulises Ruiz en Oaxaca, o el de la matanza en la sierra de Chihuahua, que éste último ya es una situación insostenible, este estado es donde más ejecuciones se han dado en los últimos años, y mira que esto se lo pelean varias entidades.

Y ante todo esto, ¿cuál es el papel del periodismo?

A mí me gustaría que los periodistas hiciéramos un esfuerzo adicional en tratar de dar seguimiento, de no quitar el dedo del renglón de estas cosas, porque esta generación permanente de enojo, indignación y reclamo puede crear una gran descomposición.

México está hecho de personas como Ernestina Ascencio, la mayor parte de nuestro rostro social está formado por personas en situaciones similares a la suya, y nadie se ocupa de informar, ni de atender sus necesidades básicas. El Estado no ve las situaciones de la pobreza, la justicia y la educación.

Los periodistas tenemos la difícil tarea de informar, generar debate y crítica ante problemas profundos y amplios. Como sucedió en el caso de Lydia Cacho que se vuelve un referente contra un problema mayúsculo, como es la pederastia.

A ti te distingue tu valentía como periodista, pero vivimos en un país donde el signo es el miedo.

Todos somos vulnerables en este país. Yo no creo que se les deba pedir heroísmo a los periodistas. El Estado debería garantizar su seguridad, puesto que ésa es su razón de ser, la razón fundacional de un pacto social que le otorga autoridad a unos y condición de gobernados a otros.

Y es que si esas autoridades no velan por nuestra vida, seguridad, bienes y certidumbre, tenemos una crisis de Estado y creo que en eso andamos. Lo digo por los 24 periodistas asesinados y los ocho que siguen desaparecidos.

Aquí hay una víctima principalísima que es la sociedad mexicana, que no tiene la información suficiente respecto a éste y otros asuntos. El tema de la censura y autocensura están presentes en muchas otras problemáticas.

Yo no me atrevería a reclamarle a alguien que diga “no le entro”. Admiro profundamente a quienes deciden hacerlo, como Jesús Blancornelas durante muchos años y los reporteros del Semanario Zeta (Tijuana), pero también tienen derecho a negarse o censurarse por su propia supervivencia.

A pesar de un México decapitado, ¿hay en ti una voz de esperanza?

Tengo una amiga que dice que tenemos que ser optimistas por sobrevivencia moral y yo creo que tiene razón. No podemos renunciar a la esperanza de que este país debe ser distinto, sería un contrasentido plantearnos las cosas tan crudamente y concluir que se trata  de un país que tiene un problema profundo que por el momento parece irresoluble y no hay salida.

Creo que los ciudadanos no podemos renunciar a la condición fundamental de mejoría.Al pensar en esto me acuerdo de Fernando Savater, el filósofo español, que dice que los gobernantes siempre prefieren al que es idiota, a la manera en que los griegos entendían esta palabra; es decir, el que no participa en la política.

Para los griegos, los ciudadanos eran los que participaban en la política y los idiotas no tenían una presencia en el diálogo público. Creo que los ciudadanos tenemos que renunciar a la condición de “idiotas” y... ¡mira que es complicado! porque implica recuperar algo que está en un estrechísimo lugar.

La élite de este país se ha apropiado de las decisiones, de las resoluciones, de las directrices de todo lo que significa interés público. No se necesita ser diputado o senador para participar en política, tampoco basta con hacer una pancarta.

Estamos ante un Estado disfuncional. Si el que tiene el mandato no resuelve las problemáticas de la sociedad, hay que cuestionar ese mandato y no sólo al presidente de la República sino a todos los actores involucrados en la estructura gubernamental y castigarlos o premiarlos con el voto ciudadano.

¿Cuál es tu mirada al futuro?

Me resisto a pensar que este país se cae. Hay muchos elementos desesperanzadores pero tenemos que pensar seriamente cómo logramos no perder la condición humana de seguir adelante a pesar de todo.

Radiografía Quo de una periodista

Obsesión musical:  Joan Manuel Serrat y Pablo Milanés, me encantan.

Platillo y sabor preferido:  La comida mexicana. Me gusta la sopa de fideos, el espagueti y las enchiladas.

Libro básico: Me pareció muy revelador y redondo El perfume, de Patrick Süskind.

La obra de arte que más recuerda:  Me gusta mucho el escultor Javier Marín, Rodin y Van Gogh.

Su mejor entrevistado: Ryszard Kapuscinski, es referencial, es el gran reportero del siglo XX.  En la entrevista le dije en broma, pero en serio, que yo en mi currículum lo que he hecho en la vida, bueno o malo, lo podían quitar y sólo poner: “Conversó con Kapuscinski”.

En qué no cree: No creo en la objetividad en el periodista, porque no se le puede pedir objetividad a un sujeto. A ver, que me diga alguien que no tiene una mirada subjetiva para elegir ocho columnas y no otras.

Qué le molesta y asusta: No se vale utilizar el criterio periodístico (que al final es subjetivo) para distorsionar, vender o manipular la información; tampoco hacer campaña a favor de alguien o incluir criterios extra periodísticos para dañar a alguien.

Me asusta la manipulación y la utilización indebida y anti ética del trabajo periodístico.

La pregunta del millón:

¿Regresas a la radio? Desearía. No tengo nada que comentar al respecto todavía. No he encontrado las condiciones necesarias para poder desarrollar mi trabajo en las condiciones en las que lo desarrollaba.

Los premios

Medalla de Oro, Premio Maria Moors Cabot 2008, Estados Unidos.

El 16 de octubre de 2008, Carmen Aristegui Flores recibirá este premio que otorga la Columbia University (en Nueva York), porque su trabajo periodístico ha propiciado un mejor entendimiento sobre el Continente Americano.

Las frases de Aristegui:

"México se está convirtiendo en una especie de nueva Tailandia. El seguimiento del caso Lydia Cacho nunca será exhaustivo. Hay que denunciar los casos de pederastia".

"Tenemos un régimen autoritario y paternalista. El mapa de herramientas que tienen los ciudadadanos en México es paupérrimo respecto a otras democracias".

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