23 años después, así se vivió la Fórmula 1 en México

Alrededor de 330,000 personas asistieron al Gran Premio de México en la capital del país; así se experimentó desde dentro el regreso de uno de los deportes más populares a nivel mundial.
Fórmula Uno  (Foto: Melva Navarro)
Melva Navarro, Jorge Gómez, Gabriela Chávez, Samantha Álvarez
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

El Gran Premio de México regresó al país luego de 23 años de ausencia. Alrededor de 330,000 aficionados acudieron entre el 30 de octubre y el 1 de noviembre a ver a más de 20 pilotos de 10 diferentes escuderías correr en el recién remodelado Autódromo Hermanos Rodríguez en la Ciudad de México. 

Esto es lo que ocurrió el fin de semana en el que uno de los deportes más vistos alrededor del mundo regresó a la Ciudad de México.

Camisas y chamarras de las diferentes escuderías de la Fórmula 1 destacaban entre los pasajeros del Metro que iban al Autódromo Hermanos Rodríguez a disfrutar de la clasificación para el Gran Premio de México.

Las camisas conmemorativas del evento, que se vendían afuera, iban desde 500 a 600 pesos y las gorras costaban 100. Mientras que dentro del recinto, los costos se duplicaban: 1,800 pesos una camisa y 1,000 por una gorra de baja calidad. “La crisis no existe para estos eventos”, dijo Alejandro Armenta Flores quien estuvo presente como espectador en las pruebas del viernes 30 de octubre.

Desde el andén de la estación Ciudad Deportiva, una de las tres más cercanas al autódromo, era posible escuchar los potentes motores de las monoplazas durante la práctica previa a la participación, sonido que no se oía desde que la Fórmula Uno dejó la capital mexicana.

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Para llegar al Autódromo los visitantes tuvieron que caminar desde Río Churubusco o Viaducto, ya que el acceso en auto era imposible; por otro lado, llegar en Uber o taxi tampoco fue la opción para muchos. Además del Metro, los camiones asignados por el Gobierno del DF fueron otra opción para arribar al recinto, el costo del transporte fue de 15 pesos. 

Gabriel Cerda acudió a ver el regreso del Gran Premio el sábado luego de vivir la última carrera de 1992. Asegura que la organización es mejor este año, aunque desearía que los precios fueran más accesibles. De los dos días que acudió, uno llevó a su hijo y otro a su esposa. “Hay que turnar los boletos” debido al costo, dijo.

Los precios de los boletos para este año fue desde los 1,500 a los 19,000 pesos y en la página del GP ya existe una lista de espera para obtener un paquete para el próximo año.

“Yo creo que este Gran Premio superó todas las expectativas de que México pueda hacer eventos de este nivel (...) Además está muy bien organizado, le metieron entretenimiento, no solo llegas ves las carreras y te vas”, dijo. 

El sábado, la zona que rodeaba al Autódromo tuvo un escenario donde grupos y DJ’s armonizaron la jornada, junto con una carrera de monoplazas antiguos y los clasificatorios de la Fórmula 4. Además del área de comida, donde se podían consumir tacos, cocteles, sushi y pizza, con precios que iban desde los 190 a los 70 pesos. Una cerveza de lata estaba en 60 pesos y un refresco en 50.

Pese a que las gorras de Ferrari y las de Red Bull destacaban entre los asistentes, la mayoría apoyaba al piloto mexicano Sergio 'Checo' Pérez, de la escudería Force India, en cuyo box un grupo de mariachis tocaba una hora antes de la clasificación para desearle buena suerte.

Entre quienes recorrieron el Pit Lane estuvieron el expresidente de México Felipe Calderón, con la camisa de Force India, y su esposa Margarita Zavala, así como la empresaria María Asunción Aramburuzabala.

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Foto: El expresidente Felipe Calderón aprovechó para tomarse algunas fotos con los asistentes. 

Entre los asistentes a la zona de Paddock también estuvo el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera y Carlos Slim Domit, uno de los empresarios detrás del regreso de la Fórmula 1 a México.  

El alemán Nico Rosberg conquistó la pole position mientras el mexicano Pérez obtuvo el noveno lugar de salida de la parrilla.

Durante la clasificación, cada una de las llegadas de Pérez a la zona de pits era recibida con fuertes aplausos de los asistentes, que estaban emocionados de ver al mexicano en acción, compitiendo por fin en suelo nacional.

Desde una suite en el paddock unos 100 invitados del equipo de McLaren Honda disfrutaban del evento, dividiendo su apoyo entre Checo Pérez y sus conductores Jenson Button y Fernando Alonso. Los invitados de McLaren tenían la opción de ver la disputa desde las pantallas gigantes instaladas en su suite o desde la zona VIP del evento. 

Al término de la clasificación, parte del grupo pudo recorrer el taller mecánico de la escudería, donde sus ingenieros revisaron el carro de ambos pilotos para verificar si existían daños producto de la competencia que tuvieran que reportar a la Federación Internacional de Automovilismo (FIA).  

Los pilotos de la escudería podían comunicarse con sus equipos en Tokio, Reino Unido y México durante la carrera para elaborar o cambiar su estrategia. Los ingenieros de McLaren Honda explicaron que están atentos durante todos los puntos de la competencia. 
 

El final del Gran Premio de México

La mañana del domingo primero de noviembre cambió su ánimo funesto tradicional, por el de la emoción que rodeaba a la culminación del Gran Premio de México.

En este día la calle estaba casi desierta, sólo algunos negocios abrieron. Eran más los vecinos en la calle ofreciendo sus cocheras como estacionamiento por 200 pesos las ocho horas (de 8 de la mañana a 5 de la tarde) sin importar el tamaño del vehículo.

Pese a la indicación de la Delegación Iztacalco a través de la Policía de Tránsito de no abrir los negocios cercanos al Autódromo Hermanos Rodríguez, ni estacionar automóviles en las avenidas principales, los vecinos de la Agrícola Oriental –una colonia cercana a los accesos 12 y 13 del recinto—pusieron puestos ambulantes e improvisaron estacionamiento y baños públicos.

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La instrucción de las autoridades para los vecinos fue “no dejar ningún carro sobre Av. Canal de Río Churubusco, porque pasaría la grúa y se los llevaría”. La razón era que los camiones con espectadores pasarían por esta arteria y necesitaban un camino limpio y libre.

“En la calle Iglesias Calderón, en un tramo de cuatro cuadras que bien puedes avanzar en 5 minutos, los cruzabas en 45 porque los policías de Tránsito le daban prioridad a los autos que iban rumbo a Río Churubusco o al Palacio de los Deportes”, dijo Laura Castillo, vecina de la colonia.

Letreros hechos de cartulina fluorescente anunciaban tamales, tortas, café, playeras y gorras llamaban a la tentación de los espectadores del Gran Premio de México, y de los cientos de elementos de la policía de Seguridad Pública y de Tránsito que resguardaban las rejas de “La Deportiva”, como los vecinos le llaman a la pista de 5 km donde Checo Pérez corrió este fin de semana.

Los revendedores también estaban a la orden del día durante el evento. 

“¿Le faltan boletos?”, se escuchaba afuera del acceso 13. Por un boleto cerca de las “Eses”, una zona de curvas y mejor conocida como la zona café, el revendedor quería 2,500 pesos por el boleto “que le sobraba”. Un joven escuchó la oferta y le ofreció 2,000 pesos, el trato estuvo a punto de cerrarse, pero algo en la mano temblorosa del revendedor le dio una señal de alerta al comprador. 

“¿Entramos juntos y le pago adentro?”, le preguntó el cliente. “No, no puedo entrar por ahí, mi acceso es por la zona morada”, le dijo el revendedor muy nervioso. La venta no se llevó a cabo pues no había seguridad de que el joven pudiera entrar al evento. 

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Hubo otros que pagaron por entrar al evento. 'Venimos porque es una oportunidad única. Está increíble un domingo así', dijo Fernanda que asistió con su novio a la carrera a la zona de gradas.

Mientras tanto, el domingo en la zona de Paddock algunos de los asistentes aprovecharon para conocer a pilotos como Fernando Alonso de McLaren Honda, aunque el piloto no vivió su mejor competencia. 

McLaren Honda ha buscado este año probar el mayor número de motores posibles de cara a la próxima temporada, aunque ello signifique perder lugares por ahora. 

En la pista los históricos autos de pasadas ediciones de Fórmula Uno corrían su última carrera, mientras las gradas comenzaban a llenarse de banderas y aficionados haciendo la ola para expresar su emoción. En pits la gente visitaba de cerca a sus autos favoritos.

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Una a una las escuderías recibirán a los fans, la mayoría, buscaba solo un lugar estratégico para tomarse  colocar su selfie stick (aunque habían dicho que estaban prohibidos), tomar una foto y subir la imagen lo más pronto posible a sus redes sociales. Las sonrisas se reflejaban en el cristal de los Ray-Ban ajenos, una práctica habitual en un domingo familiar con boletos de 50,000 pesos... o más.

Los pits de Ferrari, de Red Bull y de Toro Rosso fueron los más fotografiados durante el domingo. Hasta que comenzó a sonar el mariachi y el Son de la Negra de fondo. Ese era el indicador para que la gente tomará sus lugares y pasará por un tentempié antes de las 71 vueltas.

Justo antes de la primera nota del Himno Nacional la emoción vibró. Casi cualquier sitio estaba ocupado y miles de voces corearon el himno para después darle ánimo a Checo Pérez.

En punto de la una de la tarde inició la carrera. De la vuelta uno a poco más de la vuelta treinta la gente miraba atenta la pista y las pantallas. Algunos usaban tapones para los oídos y otros preferían disfrutar de la fórmula en sus sentidos; desde el zumbido de los oídos hasta el olor a humedad quemado en en pavimento.

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En vivo a través de la pantalla

A pesar de que la gente estaba a unos metros de la pista, la carrera fue más vista por smartphones que con los ojos y cada vez que el coche de alguna escudería se paraba en los pits, la gente se levantaba de sus lugares para lograr la mejor captura y ganarle a la rapidez de los ingenieros, el resto del tiempo, solo los fans veían la carrera en vivo, incluso algunos preferían seguirla en la app de Fórmula Uno en sus teléfonos, aunque estuvieran ahí.

Hacia la mitad de la carrera, una hora después, los asientos de Paddock comenzaron a vaciarse. La gente cambió la grada por la barra y en los pasillos pasaban empresarios, políticos, Adela Micha y hasta Meme de Café Tacuba.

La salida de uno de los pilotos más conocidos, Sebastián Vettel de Ferrari en la vuelta 52, devolvió la atención de los asistentes a la pista. La tensión regresó a las gradas, en ambos lados del autódromo, el grito de 'Checo, Checo', no cesó. En las últimas 5 vueltas subieron más los ánimos y pararon los bostezos, los asistentes estaban con el mexicano aunque los pilotos de Mercedes ya tenían en la bolsa el podio.

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Los técnicos de Ferrari trataron de regresar a Vettel a la carrera, pero no tuvieron éxito. 

Finalmente, en la última vuelta, la ola y los vítores se volvieron a escuchar. Checo quedó en octavo y el alemán Nico Rosberg, de la escudería Mercedes, nunca soltó el primer sitio, ni siquiera ante su compañero, el británico Lewis Hamilton, piloto reinante.

Las 71 vueltas terminaron en menos de dos horas. La gente estaba feliz pero no enardecida. La celebración con baño de champagne a Rosberg se diluyó en el ánimo. Las gradas se vaciaron rápido y las barras se llenaron a la misma velocidad.

“Pese a todas las calamidades, es un evento de carácter mundial que no me hubiera perdido por nada del mundo”, aseguró Alejandro Armenta, quien confiesa que el ruido de los motores le enchinó la piel.

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Aún quedan dos fechas para que los pilotos determinen quién sigue a Lewis Hamilton en el ranking de la Fórmula Uno por esta temporada, esto ocurrirá primero el 15 de noviembre en Brasil y posteriormente el 29 de este mismo mes en Abu Dhabi.

México aún tiene cuatro años más para disfrutar del regres de la Fórmula Uno y posiblemente ver, el próximo año, el ascenso de otro de sus pilotos Esteban Gutiérrez, de 24 años, con el equipo Haas.

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