Ejecución, ¿táctica o estrategia?

“El liderazgo que carece de ejecución está incompleto y no es efectivo. Sin la capacidad para ejecutar los demás atributos del liderazgo se tornan huecos”. (Larry Bossidy).
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Abraham López
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Al contrario de lo que mucha gente afirma respecto a que la ejecución es el aspecto táctico del negocio, en realidad, va más allá, debe considerarse como una disciplina y un sistema que debe ser un elemento primordial de la cultura de la organización para que todo el personal se enfoque a lograr los resultados esperados.
Hoy en día ante un mundo con cambios vertiginosos y donde hay cada vez mayor exigencia para que los directivos alcancen los resultados esperados —pues, de ello depende la permanencia de la organización— cobra relevancia en el entorno de negocios y en las preocupaciones de los altos mandos de las organizaciones el término ejecución, el cual se ha convertido en un aspecto clave para la administración efectiva de los negocios.
Antes de profundizar en el tema que nos ocupa es relevante clarificar el concepto de ejecución que proviene del latín "exscecutio", de ahí que se le haya definido como acción y efecto de poner en obra algo hasta completarlo.
Este concepto está fuertemente asociado al de estrategia que, a su vez, nace en la esfera militar. En este sentido, sobresalen la estrategia y la táctica, donde la primera —de acuerdo con Carl von Clausewitz— es la forma de combinar las batallas para ganar la guerra. En tanto que, la táctica, es la forma y la seguridad para que se garantice la logística que permite las combinaciones previstas. Aquí la táctica está subordinada a la estrategia.
Posteriormente, el término de estrategia que utilizan las organizaciones retoma mucho de la estrategia militar.
Es así que aparece a mediados del siglo XX, en la década de los 60, la Dirección Estratégica como respuesta a la necesidad de proactividad, ante la agresividad y turbulencia del entorno. Consta de tres fases principales: planeación, implantación y control. Sin embargo, de acuerdo con un estudio realizado, la implantación y el control presentan insuficiencias que afectan la ejecución efectiva.
Adicionalmente, cabe destacar que, según un informe de la revista Fortune, nueve de cada 10 estrategias aprobadas por la dirección de una empresa, nunca llegan a implantarse operativamente. Esto nos permite visualizar que la ejecución es una gran área de oportunidad para mejorar el desempeño de las organizaciones.
Ello explica el actual énfasis en la ejecución, que se les exige a los mandos de las organizaciones, pues son ellos los que deben asegurarse de que las cosas correctas se hagan correctamente. De ahí que Larry Bossidy afirme en su libro El Arte de la Ejecución en los Negocios, que "es el trabajo más importante de un líder, si éste no sabe cómo ejecutar todo su esfuerzo será menos que la suma de sus partes".
Contrario a lo que mucha gente afirma, la ejecución es una disciplina y un sistema, que debe ser un elemento primordial de la cultura de la organización.
Todo líder que tenga personal a su mando, sin importar el sector o industria en la que se desempeñe, debe lograr que las cosas sucedan, asegurándose de que sus colaboradores tengan claro el rumbo a seguir, definan metas realistas que permitan avanzar en la dirección correcta, corroborar que tienen los recursos y la capacidad para llevarlas a cabo, ser muy tenaz en darles seguimiento para que se ejecuten correctamente y, finalmente, debe reconocer y premiar a los que obtienen resultados y sancionar a los que incumplen con su metas.
Es fundamental concluir con una brillante reflexión de Bossidy en torno a la ejecución: "La táctica es importante para la ejecución, pero la ejecución no es táctica. La ejecución es fundamental para la estrategia y le da forma. Debe ser construida como parte de la estrategia de la organización, de su metas y de su cultura".
La ejecución debe convertirse en un factor de cohesión y vínculo entre la estrategia y los resultados alcanzados y, además, es una acción estratégica indelegable de todos los líderes de la organización.

El autor es posgraduado de la especialización en Dirección y Gestión Empresarial de la Universidad Politécnica de Madrid y Máster en Relaciones Industriales con especialidad en D.O. Fue director del Premio Nacional de Calidad y actualmente es director general de la consultora Administración Integral del Cambio.

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