Crisis: lo que cambiará

Se vislumbra un nacionalismo económico que parecía borrado con la globalización. Los gobiernos condicionan su apoyo a que las empresas creen y den empleo en sus países y no fuera.
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Jordy Micheli

La histórica depresión que se está viviendo trae consigo el viejo tema del papel que juega el Estado en la economía, y lo trae no de manera retórica, sino de forma palpable. A mi juicio se está desmitifi cando lo que durante años parecía verdad incuestionable, es decir, que los sistemas económicos, ya sea nacionales o globalizados, funcionan de modo ‘natural', y que menos Estado era la clave de más éxito económico.
Las impensables sumas de recursos financieros que los diferentes gobiernos están llevando de modo directo al salvamento de empresas, nos dicen a las claras que el sistema productivo que emergerá de esta nueva gran depresión, será distinto.
Es importante cobrar conciencia de las dimensiones del cambio, aun si nadie tiene su bolita de cristal, porque la noticia es que la crisis empezó antes de 2008 (en 2005 las automotrices de Estados Unidos  ya habían comenzado su declive) y va a terminar mucho después de las fechas ‘oficiales' que dictan los banqueros. Sin embargo, en nuestro país aún subsiste la idea de que calmadas las aguas, todo seguirá igual que antes, y esa me parece una idea peligrosa que prolonga nuestra vulnerabilidad.
¿Qué cambiará en los años venideros? Aparecerá un nacionalismo económico que parecía borrado con la globalización y los libres mercados internacionales. Los gobiernos están planteando que la afluencia de recursos a las grandes empresas está condicionada a producir y sostener el empleo en sus países, no afuera.
De modo general, aunque subsistirá ese gran discurso del mercantilismo global sin barreras, cada gobierno jugará al proteccionismo de modo pragmático.

"Los nuevos sistemas deberán tener una mayor vocación hacia la innovación"
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México ha construido su edificio productivo sobre los cimientos del mercado estadounidense, pero, ahora tendrá que resolver qué hacer ante el nacionalismo económico del gobierno demócrata del país vecino.
Vendrá una redefinición de las capacidades de los países, en donde ganarán relevancia aquéllos que apostaron en los años pasados por la educación, la energía y los proyectos de innovación tecnológica. Aquí hay países como India, Brasil y China, pero México no está en este club de naciones emergentes.   
Además, se gestará una renovación de los sistemas de producción en masa, es decir, de la manufactura como la conocemos hoy. Ahora que China es ya parte de ese sistema, con una ventaja laboral y técnica con la cual habrá que contar para entender mercados y desarrollo de industrias (de hecho, no nos engañemos: durante años pasados, la producción del país asiático permitió el consumo masivo en sociedades de bajos salarios, y con productividades decrecientes).
Los nuevos sistemas deberán tener una mayor vocación hacia la innovación, y las técnicas estandarizadas de mejora o adelgazamiento no serán suficientes: las alianzas, o entendimientos, entre los trabajadores y las empresas serán claves para sostener los nuevos proyectos productivos generadores de valor.
Pero, el nivel de bienestar que resulte de esta nueva manufactura no podrá ser menor al que se tenía previo a la crisis, incluso, a riesgo de procrear una nueva crisis. Los sistemas de crédito al consumo no van a ser tan expeditos, por ello, el nuevo bienestar de los países no podrá sostenerse en trabajo barato.
En suma, tres caminos en el gran desenlace de esta depresión, y los tres inciden en la vida industrial y manufacturera. México, lamentablemente, es vulnerable porque no hay indicios de una estrategia nacional en las direcciones apuntadas.
Y no las hay porque no hubo, en el pasado, las acciones de carácter estratégico que construyeran las ventajas competitivas de la economía moderna. Es decir, el Estado falló para estar donde y como debía estar. Ahora deberá empezar a hacer su trabajo

El autor es ingeniero y economista. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Azcapotzalco).

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