De lo hecho a lo creado en México

Cuando México fabricaba ya computadoras, China ni siquiera aparecía en los planes estratégicos; hoy los chinos tienen una industria local con presencia mundial, nosotros dejamos ir la oportunidad.
electronica china  (Foto: AP)
Ernesto Sánchez Proal

Es un atardecer fresco en el centro de la ciudad, los tonos rojos del cielo contrastan con el perfil de los enormes edificios y las luces que comienzan a encenderse. Frente a un moderno centro comercial el tráfico de automóviles de lujo provoca congestionamientos viales. ¿Londres, Milán o Manhattan? No, Shanghai. 

Estudios publicados a finales del año pasado ya ubican a China como el segundo país con más multimillonarios, sólo después de Estados Unidos (EU). ¿Cómo ha podido una economía que hace 30 años se destacaba por sus problemas sociales transformarse de ese modo? La generación de riqueza no ocurre espontáneamente, es necesario tener el ecosistema adecuado para que las empresas e individuos (como estos nuevos millonarios) puedan evolucionar y fortalecerse financieramente de esta forma. Para apreciar mejor el fenómeno, es importante entender cómo China ha pasado de un fabricante barato para mercados extranjeros a un desarrollador de tecnología para su mercado y el extranjero.

El camino ha implicado una dirección y apoyo de largo plazo por parte del gobierno chino, en un reconocimiento de los sectores de tecnología como estratégicos para la nación. De igual forma ha sido imprescindible la inversión en educación en carreras de ingeniería y la atracción de inversiones extranjeras. China sigue siendo fabricante de tecnología, pero ahora las cosas baratas se hacen en Vietnam. De hecho, de acuerdo con un reportaje de CNN Money (3/Nov/2009), Mexico está comenzando a reemplazar a China en las manufacturas para EU: el impacto de los precios del petróleo al transporte, la apreciación del yuan y el creciente costo de mano de obra en china están inclinando la balanza a favor de México, apoyado también por la devaluación del peso en la segunda mitad de 2008. Esto comienza a ser evidente en los sectores en que tradicionalmente China era el sitio de manufactura por excelencia, como la electrónica de consumo. 

Esa es indudablemente una buena noticia, pero uno no puede alegrarse tanto cuando analiza el cuadro completo: mientras los chinos están efectivamente moviéndose hacia arriba en la escala de valor, con empresas locales de tecnología que se comienzan a convertir en gigantes globales (como ejemplo podemos citar a Lenovo, uno de los mayores fabricantes de PC's del mundo y que adquirió la división de computadoras personales de IBM hace algunos años) en México la velocidad a la que nos movemos hacia arriba es dolorosamente lenta, casi un impasse eterno. 

Repasemos un poco la historia y algunas características fundamentales de la industria de alta tecnología. En 1975 Gordon Moore, una de las leyendas del Silicon Valley y entonces con Intel, hizo su famosa predicción: la cantidad de transistores que pueden empaquetarse en un circuito integrado se duplicará cada dos años; esto se conoce en la industria como la "Ley de Moore". El cumplimiento de esta ley se ha venido dando como una "profecía auto-cumplida": las empresas esperan que sus competidores alcancen el siguiente nivel y enfocan recursos significativos a la innovación para no quedarse atrás. 

Las implicaciones de la "ley de Moore" para las empresas y los consumidores son muy profundas: aumentando esta densidad se pueden fabricar computadoras más pequeñas, más rápidas y más baratas. Por ejemplo, es bien sabido que ahora un teléfono móvil tiene más capacidad de procesamiento que las computadoras de los años 60, cuyo precio las hacía accesibles sólo para grandes corporaciones - ahora uno puede comprar un celular literalmente en la tienda de la esquina.

El avance de la industria electrónica de alta tecnología ha impactado de forma impresionante a economías enteras, desde California hasta Vietnam, y no solamente en lo relativo a la habilitación de nuevas formas de telecomunicaciones, procesamiento de información y modelos de negocio, sino a un impacto directo en la generación de empresas directamente involucradas en la tecnología electrónica. Empresas que basadas en la innovación son capaces de generar altos niveles de valor y retorno no sólo a sus accionistas, clientes y empleados, sino a la sociedad.

En el caso de México (el país geográficamente más cercano al Silicon Valley) aunque hemos tenido impactos positivos, éstos son de mucho menor escala que lo que se ha dado en países al otro lado del mundo como Corea, la India y Brasil, por citar algunos.

Pero lo que de verdad duele es el tiempo perdido: hace 25 años, cuando México fabricaba ya computadoras, circuitos impresos y ensambles de tarjetas electrónicas, China ni siquiera aparecía en los planes estratégicos. Se vertía una cantidad impresionante de conocimientos en nuestros ingenieros, con una inversión enorme en entrenamiento que normalmente se hacía en el extranjero. Unos 10 años después China comenzó a ser una alternativa viable para la manufactura, luego Malasia, la India, ahora Vietnam... Hoy, China tiene una industria electrónica local con presencia mundial en computadoras personales y celulares, entre otros productos; muchos de ellos ya ni siquiera fabricados en China sino en regiones de menor costo, como Vietnam. Lo mismo la India.

¿Y México? Parece que dejamos ir varias décadas de oportunidad en la industria, tiempo en que otros países nos han rebasado fácilmente y ahora no sólo fabrican productos complejos, sino que los diseñan y los venden a nivel global, mientras nosotros nos quedamos en la manufactura. Es necesario enfatizar que la manufactura es importantísima como un motor de empleo y fuente de tecnología y debemos conservarla y robustecerla. Sin embargo, pareciera posible generar aún más riqueza moviéndonos hacia arriba en la escala de valor.

¿Es realmente posible? Por supuesto. De hecho existen en varios lugares de México empresas locales que están creando ese valor: desde desarrollo de aplicaciones de software hasta aeronaves autónomas, no tripuladas. A estos emprendedores les ha resultado terriblemente difícil sobrevivir y aún más crecer. Esto no es nuevo, desde hace décadas en México había empresarios y empresas de base tecnológica, mismos que ahora podrían ser los LG o Tata o Lenovo de México... pero, se nos fue el tiempo. Hoy compramos ya tecnología china, si seguimos con esta inmovilidad no deberá sorprendernos que en unos años más compremos tecnología africana. No es aceptable esa complacencia y enfoque excesivo en las ganancias de corto plazo por parte de la administración pública, pero, peor aún, por parte de la misma industria organizada en cámaras.

Para que México sea capaz de sostener e impulsar esa generación de valor es necesaria una política de estado de largo plazo, apoyada por un sector privado dispuesto a tomar riesgos para apostarle a la innovación en el desarrollo de productos y servicios basados en tecnología y al desarrollo del mercado interno, dispuestos a enfrentar a la competencia global. Para articular esta política de largo plazo, una propuesta que puede funcionar es la creación de instituciones público-privadas, cuya definición de estrategia sea independiente del gobierno en turno, y que tengan representatividad del sector privado.

La participación de autoridades gubernamentales es requerida en estas instituciones tanto para apoyar en el fondeo como para asegurar que los objetivos de desarrollo económico del país son tomados en cuenta y puedan articularse las políticas públicas necesarias. La participación de la iniciativa privada se requiere para asegurar que los intereses de largo plazo del sector se toman en cuenta y para dotar del know how  interno de la industria  a la institución. Se requiere cooperación de ambos sectores, esto no puede resolverse sólo a través de una Secretaría de Economía actuando sin los empresarios o sólo a través de una cámara empresarial actuando sin el gobierno.
Una economía apoyada en vender mano de obra barata y la explotación de un recurso primario (bananas, cobre  - o petróleo) no hace fuerte a un país.

No lo hizo cuando teníamos petróleo y no lo hará fuerte ahora. Bienvenidas las nuevas fuentes de empleo en la manufactura, y aún mejor bienvenido el plan para movernos ya, como lo hemos soñado por años, de lo hecho en México a lo creado en México.

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