¿Por dónde se nos cuelan?

En los últimos 10 años, el espionaje industrial se ha disparado en México y sigue en aumento; puede ser interno o externo, pues en 80% de los casos son los propios empleados quienes lo realizan.
espionaje4  (Foto: AP)
Esteban David Rodríguez
CIUDAD DE MÉXICO (Manufactura) -

Mientras lees este reportaje, la red computacional de tu planta podría estar siendo invadida por un virus espía que algún empleado resentido ha sembrado en sólo unos segundos desde una unidad de almacenamiento masivo (USB) que cabe en cualquier bolsillo, cuelga de un llavero o es un accesorio de belleza, como una pulsera. Quizá el repartidor de pizzas que entra a tus instalaciones frecuentemente y saluda a todos con gran familiaridad, es un espía que ha instalado diminutos micrófonos ultrasensibles en tu oficina, en tu teléfono, en tu telefax. Probablemente anoche entró a tu bodega un grupo espía para desplegar una ‘operación negra' y fotografiar el prototipo del producto que planeabas lanzar en el verano. Pero será dentro de meses cuando te enteres. Los profesionales que invadieron tu empresa no dejan nada al azar. Antes habían accedido ya a los planos arquitectónicos de la empresa, a los mapas urbanos de la región donde se encuentra, a tu agenda electrónica, tu cuenta de correo, tu teléfono móvil. Tal vez no lo admitas aún, pero tu planta podría estar siendo espiada, o al menos, estar en grave riesgo de serlo.

Amenaza múltiple

Eduardo Muriel, auditor en seguridad de empresas de todas dimensiones, que capacita personal en materia de sistemas de prevención a través de la compañía que dirige, Infocor Blindaje Empresarial, define así al espionaje: "Obtener información de otro sin su consentimiento para beneficio de un tercero".

Acciones que abarcan actividades ilícitas como "robo de secretos o propiedad intelectual, chantaje, coerción, soborno, amenazas, vigilancia electrónica y computacional", y métodos más sofisticados como ‘la ingeniería social', explica Joaquín Negrete, director general de Espionaje México, empresa que ofrece servicios de contraespionaje, contrainteligencia, y capacitación en prevención y seguridad.

Pueden buscar conocer detalles de un prototipo de producto o tecnología en las áreas de investigación y desarrollo, conceptos y contenidos de una campaña publicitaria, esquemas de operación, detalles de participación en licitaciones públicas, asociaciones, estrategias comerciales.

Muriel habla de las amenazas internas y externas a la empresa: "La externa proviene de esas personas que ofrecen los servicios de espionaje y obtienen información desde fuera, a través de medios de comunicación, de internet, tecnología, buscando papelería en los botes de la basura, etcétera. La más delicada es la de aquellas personas que toman la información desde dentro de la empresa, la gente que se emplea en ésta con el propósito de tomarla. En alrededor de 80% de los casos, quien toma la información son los mismos trabajadores de las empresas, se prestan a éste tipo de cosas, se les presenta ésta oportunidad de vida, quieren cambiar de empleo, y adquieren mayor valor para la competencia".

Algunos métodos se sirven de la ingenuidad, como aquéllos en que una empresa directamente negocia una hipotética asociación, y sin que ésta se concrete, una de las partes ya está implementando proyectos o utilizando información que se trataron en las reuniones. Muriel recurre a un caso básico para ejemplificarlo: "El dueño de la vulcanizadora de la esquina es visitado por su compadre, y éste, que estuvo viendo cuánto cobraban, cómo cobraban, dónde entregaban, al rato ya tiene su vulcanizadora, y es competencia de aquél. Así sucede con una miscelánea, un taller, una escuela, y conforme el tamaño del negocio crece, el perjuicio es mayor".

Asegura que eso también es espionaje, "porque se enteran de información de primera mano, cómo opera, con cuántos trabajadores, y de una manera muy sencilla y rápida, algo que está sucediendo en las empresas grandes". Niega que eso sea competencia: "Eso no es competencia, es falta de imaginación. La competencia se da en iguales condiciones, para generar un mercado".

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"Algunas veces hemos encontrado empresas paralelas —revela Muriel—. Un alto ejecutivo crea una empresa más o menos similar o afín a lo que él estaba haciendo (en la empresa saqueada), esperando tener una mayor productividad llevándose listas de clientes, de proveedores, la tecnología que utilizan". En ocasiones puede llevarse hasta miembros del personal. A menudo, apunta el director de Infocor, éstas maniobras son ejecutadas "como una especie de venganza hacia el patrón por parte de empleados resentidos". Y evidentemente, "el impacto por la información sustraída es mayor cuando el que la obtiene es un alto ejecutivo que cuando es un obrero".

Mario González-Román —quien por casi tres décadas fuera investigador y enlace de la Embajada de los Estados Unidos (EU) en nuestro país con los organismos mexicanos de seguridad, y que ahora conduce SecurityCornerMexico.com, "un recurso informativo independiente" de vocación altruista, con aval de instancias locales y foráneas como The Washington Post—,  puntualiza que el riesgo de deslealtad es mayúsculo cuando ese empleado resentido sirve, precisamente, en el área de seguridad: "Un empleado, entre peor pagado sea, entre menos beneficios le otorgues, y que a la vez tú le confíes un servicio que implica tu protección, la de tu patrimonio y de tu propia vida —en un país con grave problemática de secuestro como éste—, más  obligado estás a investigar si no es un promotor de factores de deslealtad".

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