Nuevamente, innovación

Las empresas mexicanas deben entender dónde y cómo innovar.
David Luna
David Luna

Innovación es la palabra de hoy. Innovar es el verbo que todos decimos conjugar. ¿Sabemos qué es esto? Hace casi 10 años, cuando Óscar Vega se reunió con su equipo para comunicarle que podrían mejorar la tecnología para televisores que les estaban mandando del corporativo de Japón para ser ensamblados en su planta de Tijuana, BC, seguramente hubo más de un escéptico.

Sony, fundada en 1945 por Masaru Ibuka y Akio Morita, es una empresa de vanguardia en investigación y desarrollo (ID). De hecho, así está descrito en su misión: “Producir algo nuevo, original e innovador para el mejoramiento de la vida de las personas”. Por lo tanto, como coloquialmente decimos en México, para el equipo del gerente de la planta de Sony Tijuana sería “como enseñarle el Padre nuestro al cura”.

Pero Vega siempre tuvo razón en dos cosas: “Es lógico tener un centro de diseño cerca de la planta y no a miles de kilómetros de distancia, se tiene más sensibilidad sobre el producto y sus implicaciones en la fabricación”, y: “Tenemos la capacidad de hacer nuestros propios diseños, mejores y con menores costos, pues tenemos el conocimiento”.

Iniciaron con la reducción de componentes centrales de televisiones de la serie Wega, haciéndolos más eficientes y mejorando el aprovechamiento de los gabinetes. Hoy, trabajan sobre diseños para televisores LCD y plasma y son pieza clave para la cobertura de la firma asiática en nuestro continente (lo que obviamente incluye el difícil mercado estadounidense).

La de Tijuana se jacta ahora de ser la primera planta fuera de Japón en hacer sus procesos de manufactura libres de plomo; de trabajar con universidades en investigaciones sobre óptica, electrónica y televisión digital, así como redes neuronales y el desarrollo de nuevos polímeros para la fabricación de plásticos basados en resinas vegetales; pero sobre todo, de haber obtenido en el presente año el Premio Nacional de Tecnología de manos del Presidente de la República.

Ahí se han generado ya siete patentes (tienen 10 más en desarrollo) y no sólo se están metiendo con el producto, sino que sus áreas de diseño (que son tres: Software, hardware e ingeniería mecánica) también se encargan de hacer equipos y sistemas de metrología para sus componentes electrónicos. Algunos de estos desarrollos hechos en Tijuana, incluso, ahora se han incorporado en otras plantas de la firma en el mundo.

La historia de Sony en Tijuana es una buena lección de innovación, pues no solamente es vista en el producto o en la ID desde una perspectiva de ingeniería. El concepto de innovación adquiere una idea global. Se observa en los procesos, en el diseño de las líneas de producción, en sus sistemas y en la certificación y sus propios métodos. Más allá, han explorado en la distribución y en el cliente, haciendo entregas directas.

Áreas que comúnmente se delegan a contract manufactureres, como la soldadura de tarjetas, es hecha internamente por ser considerada clave en su estrategia de calidad y de entrega de mejor tecnología en sus aparatos electrónicos. Parece que todo lo piensan diferente, lo cual debemos aprender.

Una de las maneras en que las empresas mexicanas podrán competir internacionalmente es en tendiendo dónde y cómo deben innovar, siempre resaltando sus ventajas comparativas. Entender el concepto de manera global, es decir, tomando en cuenta la manufactura, el producto, el proceso, el recurso humano, la tecnología aplicada, el cliente y toda la logística; ayuda a generar efectos dominó de mejora y renovación continua.

La innovación no debe ser una moda, una etiqueta ni mucho menos una plática de café. Debe ser un método, un sistema permanente y un espíritu de competencia sin inhibiciones.

*El autor es editor general de la revista Manufactura.

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