Responsabilidad social y no armas

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Anand Sharma

Al proporcionar activamente educación o capacitación y comercio a través de la estrategia tripartita global por la que hemos estado abogando durante muchos años, las empresas estadounidenses pueden generar una revitalización económica en las áreas que más la necesitan.

Al contratar servicios externos globalmente, la comunidad empresarial puede convertirse en parte de las economías de más rápido crecimiento, aún si sus gobiernos tienen diferencias con el nuestro. Muchas de estas economías tan sólo están comenzando a levantarse para participar en el mercado libre y global.

La mayoría de la población mundial vive fuera de las áreas vitales de la economía de Estados Unidos (EU) y Europa Occidental. Y su poder de compra está creciendo a razón de por lo menos dos o tres veces la tasa que alcanza EU.

En los próximos cinco o 10 años, estas áreas de rápido crecimiento se tornarán en economías muy fuertes. El tipo de publicidad negativa que está creando la prensa por el uso de las fuerzas nacionales podría ocasionar que quedáramos fuera de este creciente mercado.

¿Qué pueden hacer entonces las compañías? Tiene sentido intentar el uso de un ecualizador económico en vez de la fuerza y éste provendrá de la comunidad empresarial porque no va a llegar de los gobiernos. De esta manera, se puede aliviar la presión ocasionada por la escasez y difuminar las tensiones que erosionan la paz.

Esta es una perspectiva a 100,000 pies de altura, pero estoy convencido de ella. Esta lección resulta especialmente importante para las empresas estadounidenses. Las firmas europeas tienen ya un pie adelante porque operan en mercados de mayor diversidad cultural y piensan de manera global. Las empresas estadounidenses necesitan y pueden hacerlo mejor. Los consumidores de las economías desarrolladas tienen muchas afinidades con las compañías que operan con responsabilidad social. La gente está dispuesta a pagar más, por lo menos en los países desarrollados y tener empresas que produzcan artículos más ecologistas o que generen beneficios sociales, ya sea activa o pasivamente.

Si nada tiene que perder o si no puede costear siquiera los alimentos de un día, no piense en lo ecológico. Las empresas socialmente responsables (ESR) están convirtiéndose en instancias muy viables en sectores florecientes de India y China, porque ahora su gente puede costear sus necesidades básicas vitales y están comenzando a pensar en su legado para la siguiente generación.

En absoluto pretendo abogar por el comunismo. El capitalismo, histórica y actualmente, es el motor de la esperanza financiera. Creo que el elemento de la competencia en la libre empresa extrae lo mejor de nosotros mismos. Pero la competencia cobra importancia únicamente si la gente piensa en ayudar a nivelar la cancha en la que habrá de competir. Y eso surge de la elevación de la estatura financiera de todos. Por ejemplo, el internet tiene un papel importantísimo en la ecualización porque permite a todos ingresar a cualquier empresa o mercado, independientemente de su tamaño o ubicación. La consecuente responsabilidad de este privilegio es la oportunidad de contribuir con la educación y compartir el capital intelectual.

Siempre que hemos trabajado con empresas que fortalecen la contratación externa global, hemos constatado que éstas han crecido en sus operaciones locales. El creer que podemos encerrarnos y aislarnos del resto del mundo es una perspectiva miope. El mundo es demasiado pequeño y las oportunidades de colaborar son demasiado grandes.

Autor de The Perfect Engine (Free Press 2001) y The Antidote (Managing Times Press 2006), Anand Sharma fue nombrado “Héroe de la Manufactura” por la revista Fortune y es fundador y CEO de TBM Consulting Group.

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