Ideas sueltas

En la industria manufacturera se han roto varias cadenas productivas que deben reactivarse; Una política industrial eficiente debe considerar las necesidades del mercado externo y el loca
En medio de la apertura económica, empresas y corporativos i
Carlos Palencia

El entorno general de nuestro país se observa con estabilidad macroeconómica; menor crecimiento de las exportaciones hacia Estados Unidos, nuestro principal socio comercial; mayor competencia en los mercados cubiertos por las empresas domésticas y/o las exportadoras; menor atractivo para recibir inversiones productivas, y factores de competitividad estancados. Más aún, entre apertura económica, tratados comerciales y políticas inconsistentes, el escenario de la industria manufacturera quedó expuesto a un difícil proceso en el que parece ser que solamente las empresas y corporativos con recursos, inteligencia, y decisión han logrado adaptarse y sobrevivir. A pesar de haberse roto varias cadenas productivas y de las implicaciones negativas para la balanza comercial no debemos desechar lo que queda del aparato industrial. Cientos de firmas exportadoras han aprendido a competir e incorporarse a los clusters manufactureros, particularmente, en los sectores automotriz, autopartes, eléctrica, electrónica, muebles, equipo médico-hospitalario, agroindustria y, con reciente pero creciente participación, en la fabricación de partes para avión. Los industriales de estos sectores han comprendido que, al acercarse los aranceles al nivel cero (en lo referente al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN), la entrada en vigor (desde noviembre de 2006) del decreto IMMEX y las iniciativas de reforma fiscal para 2008, la forma de tributación será igual a la que regula el resto de la actividad industrial, por lo que su competitividad radicará en la productividad y por su experiencia de participar en mercados globales. En líneas anteriores se mencionó que la política industrial como tal está ausente. Si a lo anterior aunamos que el reciente entorno internacional no ha favorecido a las manufacturas mexicanas, la falta de financiamiento al sector privado, la constante sobrevaluación del tipo de cambio y la carencia de una estrategia económica de largo plazo para una economía de más de 105 millones de habitantes, entonces se confirma esa ausencia de política industrial. Todo lo anterior nos indica la necesidad de tener conciencia sobre las dificultades del sector manufacturero en México, el que debiera ser el principal generador de empleo de la economía mexicana tras integrarse al mercado mundial vía exportaciones. Pero no sólo se carece de una política industrial articulada, sino que está ausente una política comercial congruente con la red de acuerdos comerciales con más de 40 países; pero parece que nada ha servido, pues con ellos tenemos déficit, excepto con EU, con el cual alcanzamos saldo positivo derivado de las ventas del sector automotriz aunque en esta, como en la mayoría de actividades manufactureras enfocadas a la exportación, requerimos importar de forma temporal más de 50% de los componentes bajo el régimen ahora denominado IMMEX. Por ello es cuestionable afirmar que México se erige como una plataforma de exportación al ofrecer acceso preferencial a millones de consumidores en decenas de países -los cuales llegan a representar el 75% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial- mediante la firma de 12 tratados comerciales, varios acuerdos de cooperación económica y otros más orientados a la protección recíproca de inversiones (APPRIs). Es paradójico: Firmar APPRI con otros países cuando al mismo tiempo los políticos han atacado la inversión pública, le han puesto una gran cantidad de trabas a la inversión privada. Parece increíble que en un país urgido de inversión para crecer, para generar empleos y para combatir la pobreza, los políticos, monopolios y sindicatos la cuestione, más aún, ven la forma de prohibirla. Industrialmente estamos estancados, mientras que China e India han estado creciendo a ritmos superiores a 8% promedio anual, resultado de su “practicidad”. En México, por ejemplo, continuamos discutiendo si se debe permitir o no la inversión privada en sectores como el energético; y en China el tema ha sido superado, no se discute, se permite la inversión privada. En nuestro país, por otra parte, en la actividad petrolera o en gasolina o en electricidad no solo se tiene temor a discutirla sino que política y socialmente la seguimos manteniendo como tabú bajo el concepto de soberanía nacional. Bajo esas premisas, hagamos planteamientos sobre la llamada maquiladora. Es un esquema inicialmente implementado en México pero que ha sido copiado y mejorado en un buen número de países, incluyendo China. El valor agregado que genera esta industria muchos lo catalogan como la generación de mano de obra, lo cual va más allá pues si se compara con la captación de divisas por venta de petróleo, por las remesas de connacionales en el extranjero o por la captación de turismo, es superior a ellas en lo individual. La derrama económica derivada de la industria maquiladora va más allá de los conceptos de sueldos y salarios, sino por lo que se genera colateralmente en infraestructura, comercio y servicios; en ese sentido dicha derrama es el elemento dependiente para la supervivencia de localidades, ciudades y estados en los que se asienta la manufactura de exportación. En términos de contribución la industria maquiladora o manufacturera de exportación se ubica como uno de los tres principales contribuyentes a la seguridad social, entendida esta por IMSS e Infonavit. Pero no solo eso, el empleo directo de más de un millón 200,000 trabajadores bajo el esquema de industria maquiladora, que sumados a los de las extintas Pitex y Altex, entonces se convierte en la generación de algo así como 3 millones de plazas laborales, además de que se estaría hablando de una participación de aproximadamente 85% de las exportaciones totales realizadas por México. Las maquiladoras, la manufactura de exportación y los productos agrícolas exportables fueron los principales soportes de la economía en los años noventa y con algunos altibajos en lo que va de esta década, lo cual es bueno. Sin embargo, lo delicado se presenta cuando son los únicos motores de crecimiento y no se vean complementados por un fuerte mercado interno. Competitividad no es sinónimo de política industrial. Los países competidores de las manufacturas y servicios mexicanos, al menos en el mercado de los Estados Unidos nuestro principal destino de ventas, pueden verse en el siguiente cuadro, el cual indica la agrupación por tres grandes regiones. Asia, como región, se identifica como la mayor exportadora de bienes a los Estados Unidos y la única región que exporta más a ese país en términos de valor que México. Entre los países asiáticos, China es el competidor más relevante; no solo tiene el tamaño, sino que también ha mostrado su dinamismo durante las últimas dos décadas; de hecho es el único país de Asia que sobrepasa a México en términos de crecimiento de exportación: Los otros participantes importantes son Taiwán, Corea del Sur, y Hong Kong. Veamos a continuación algunos productos-sectores en términos de competencia en el mercado norteamericano Hay una pregunta en la que no se insiste lo suficiente, a pesar de en los debates públicos es común: ¿Por qué el sector exportador ha funcionado, no así el mercado interno? El rezago tiene una explicación: en los años noventa, diversas reformas tuvieron como finalidad facilitar el comercio exterior y atraer la inversión extranjera; nada similar se llevó internamente; es decir, la mayoría de los cambios se enfocaron hacia el comercio y la inversión externa y hoy que las ventas al exterior no crecen a gran ritmo, se manifiestan las limitaciones del mercado doméstico, su atrofiada estructura y las limitaciones para reactivarlo. En ese sentido una política industrial eficiente deberá considerar la parte externa y la doméstica.

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