¿Puedes aprender a ser empresario?

Hay quienes opinan que es algo con lo que naces o no, pero otros piensan que puede ser transmitido; los cursos para aprender a ser emprendedor proliferan en EU, pero no parecen dar en el punto justo.
mujeres-plan-emprendedor-negocio.jpg  (Foto: Jupiter Images)
David Whitford

Gregg Fairbrothers no nació para los negocios. Creció en un ambiente académico. "No podía distinguir entre el crédito y el débito". Fairbrothers estudió ciencias de la tierra en Darmouth en la década de los 70, obtuvo su maestría en Rutgers y eventualmente se mudó a Tulsa, donde se unió a Samson, un excavador de gas, y se ganó su lugar en la compañía como la mano derecha del "agresivo fundador". Obtuvo una maestría, pero fue sólo "para completar el conocimiento. Aprendí a hacer negocios en mi trabajo".

Hoy, como director de financiamiento en Dartmouth Entrepreneurial Network, Fairbrothers enseña un curso bastante popular sobre empresariado en la Facultad de Negocios de Tuck School. Muy apropiado para los antecedentes del profesor, "Introducción al Empresariado" se trata de aprender por medio de la experiencia. Recientemente, candidatos a maestrías de todo el mundo llenaron el auditorio de sus conferencias e incluso se amontonaron en una sala adjunta. Había una ponencia sobre mercadotecnia, y después empezó la diversión, cuando los estudiantes comenzaron a dar a conocer sus ideas empresariales.

Hubo quien propuso desarrollar una nueva generación de robots hogareños, otros (muchos) estaban trabajando en aplicaciones para teléfonos inteligentes. Pero todos serán calificados no por sus ideas, sino en por el seguimiento que le den a las mismas, dijo Fairbrothers. La mayor parte del trabajo ocurre fuera del salón de clases, y es ahí donde los estudiantes deben refinar sus proyectos, ponerlas a prueba en el mercado, refinarlos una vez más para ver qué fue lo que aprendieron, y después proponer su idea a los inversionistas.

Hace 20 años, enseñar a la gente a comenzar su propio negocio era un trabajo alterno en escuelas de segunda clase, o del interés de sólo algunos consultores y corredores de Wall Street. Hoy la educación empresarial está por doquier. Más de dos tercios de todas las universidades en Estados Unidos (más de 2,000, comparado con las 200 en la década de los 70) lo enseñan, y lo ofrecen para todos los ámbitos: trabajadores sociales, granjeros e incluso músicos. El campo es próspero, pero no queda claro si ya encontramos la mejor forma para enseñar esta materia. Si no lo hemos encontrado, ¿al menos lo estamos haciendo bien? Y ¿se le puede enseñar a alguien a ser empresario?

Fairbrothers ha escuchado lo que los críticos tienen que decir, y comparte sus dudas. Él no está seguro de que alguien haya descubierto una forma para definir al empresariado aún, y mucho menos una forma para medirlo.

Según un estudio de Kauffman Foundation publicado a principios de este año, el auge de la educación empresarial durante las últimas tres décadas "no ha tenido un impacto notable en la actividad empresarial en Estados Unidos". Incluso en Tuck, menos del 2% de los graduados comienzan sus propios negocios de inmediato.

Pero tal vez no es el enfoque adecuado. Los empresarios no sólo se definen por lo que hacen, según Fairbrothers, sino por la forma en la que lo hacen. Él ve al empresariado como un conjunto de actitudes, identificables y medibles, esparcidas en una curva de campana clásica. En esto coincide con Howard Stevenson y con David Gumpert, coautores de un estudio publicado hace 25 años en Harvard Business Review. El empresariado no es "un conjunto de rasgos exclusivos o excluyentes que poseen sólo algunas personas y organizaciones", sino un "estilo de comportamiento".

"Así que la pregunta es si pueden tomar un punto de esa curva y moverlo. Si el empresario está a la derecha, ¿podemos movernos en esa dirección? Yo sé que puedo porque yo lo he hecho", dice Fairbrothers.

Al desarrollar la actitud apropiada de los estudiantes frente a la incertidumbre se puede lograr esto, por ejemplo. La actitud del empresario no se trata del amor por vivir en medio del riesgo, eso es un mito. "Se trata de quitarle el riesgo a tu idea", dice Fairbrothers. Él quiere decir, en primer lugar, que hay que identificar sin ninguna duda lo que puede salir mal, y en segundo lugar, tomar los pasos necesarios para reducir las posibilidades de que eso ocurra. Esto se logra aprendiendo sobre tu mercado, clientes y competidores, y si eres realmente nuevo en esto, sobre los altibajos del negocio.

Si estas son las herramientas que necesitas, claro que puedes obtenerlas en Internet, pero no lo hagas, porque te estará faltando algo.

Conozcan a Dan Schorr, de 41 años. Él se inscribió durante el invierno a un programa de cinco sesiones de empresariado patrocinado por Babson College. La primera reunión se dio en un salón en el cuarto piso en el Centro Comunitario Judío en Newton, Massachussets, en Estados Unidos. Schorr llegó 10 minutos tarde, y para cuando llegó ya no había lugares disponibles, pues estaban ocupados por refugiados corporativos, inmigrantes emprendedores, constructores aburridos y ‘consultores' tecnológicos.  

Las sesiones de introducción fueron poco sustanciales ("Winston Churchill dijo: ‘nunca se rindan, nunca, nunca, nunca, nunca'") sobre todo para alguien con los antecedentes de Schorr. Fue director de marca en Pepsi antes de comenzar su propia empresa de mercadeo deportivo. Ahora está pensando en un nuevo negocio, un producto, tal vez algo que pueda construir en su corta experiencia con otra firma, PowerBar. A la hora del descanso Schorr estaba exaltado. Hablaba de "la inspiración de estar rodeado de mentes similares" y del "empuje que genera. Tal vez esa es razón suficiente para tomar clases de empresariado".

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