¿Adicto a la oficina? ¡Cuidado!

Sentirse culpable por el tiempo libre y no avanzar en el trabajo, es un rasgo de los ‘workaholic’; expertos indican los problemas laborales y de salud que ocasionan esta conducta.
Oficina  (Foto: Archivo)
Ivonne Vargas Hernández.
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

¿Experimentas culpabilidad si no estás en contacto con temas de tu oficina?, ¿sientes que cualquier rato libre deberías adelantar pendientes? Ambos comportamientos pueden ser una alerta de adicción al trabajo.  El aspecto visible de Erika Robledo, de 34 años, era la de una publicista dedicada, que había alcanzado una buena percepción económica por el desempeño mostrado en su empresa. La faceta oculta era la de una mujer que gastaba gran parte de su ingreso en visitar médicos alópatas y naturistas para soportar el estrés de jornadas laborales de 15 horas, casi diario. 

"Llegué a visitar a acupunturistas varias veces a la semana, les pedía que me recibieran a las 7 de la mañana para después ir al trabajo. Más de una ocasión, tomé pastillas para dormir bien y el límite fue cuando uno de los médicos me dijo: tus enfermedades son producto de tu estrés incontrolable", comenta la profesionista. 

Desde entonces, Erika decidió empezar a buscar otro empleo y bajar su ritmo laboral, pero el reto no es sencillo. "Es difícil deshacerse del hábito de no tomar una llamada del jefe, o llevarse trabajo a casa, aunque sean días de descanso. Produce ansiedad saber cómo podrían calificar tu desempeño si actúas de esa manera", confiesa.

Aunque no existen cifras exactas sobre la adicción al trabajo, se calcula que más del 20% de la población trabajadora, en el mundo, presenta este problema, según información publicada por la escuela de piscología de la Universidad Anáhuac del Norte. 

En concreto, este padecimiento refiere una relación "patológica, con algo tan elemental para el ser humano, como es trabajar". Son personas que laboran de forma compulsiva y suelen escapar de ciertas situaciones personales refugiándose en la oficina. A veces, su conducta pasa desapercibida, pues culturalmente es bien visto que la gente se dedique con ahínco a su tareas laborales", explica la psicóloga de la UNAM, Julieta González Noriega.

Y, como le sucedía a Erika Robledo, no es de extrañar que ese comportamiento vaya asociado a conductas como fumar, comer o tomar en exceso, así como una incapacidad para disfrutar de una actividad recreativa, en especial si es entre semana, "La persona se siente culpable de invertir ese tiempo, en lugar de avanzar con algún proyecto de la oficina", puntualiza la especialista.

Aunque el término workaholic (se le denomina así a partir de su asociación con el término alcoholic) ha existido siempre, fue a partir de los años ochenta cuando las personas con esas características comenzaron a ser catalogados como ‘enfermos', por las repercusiones que esto tiene en su vida personal y en su salud, señala en un artículo la académica de la escuela de piscología de la Anáhuac, Alejandra Guitart. 

De acuerdo con Guitart, no se debe catalogar como workaholic a quienes trabajan más de 8 horas al día por necesidad económica o profesional de manera temporal. La adicción es diferente, en ese caso el profesionista escapa de aspectos que desconoce cómo controlar y busca en el trabajo su opción para seguir adelante.

¿Cómo son?

Julieta González refiere que existen características peculiares en quienes están viviendo tal situación. Por un lado, destaca el trabajo excesivo; no les basta con dedicar muchas horas a la semana a sus pendientes, sino que optan por aceptar cualquier otro proyecto que se les asigne, aunque ello implique trabajar fines de semana y días festivos. 

"Es gente que está simultáneamente en varios asuntos, sin importar si los disfruta; parece que vive a contrarreloj; tiene escaso o nulo tiempo para otras actividades, como convivir con amigos; y se siente culpable, por ejemplo, si dedican una parte de su fin de semana a una cosa diferente, como leer un libro en lugar de algún pendiente de la oficina", explica la experta. 

Alejandra Guitart en su informe El trabajo: ¿una adicción?, menciona que a estas personas les resulta difícil delegar responsabilidades, son desconfiados y su círculo de amistades y hobbies se centran en compañeros de trabajo o en contactos que les aporten algún beneficio profesional. Además, tienen miedo al tiempo libre, porque les parece una pérdida de tiempo y no saben en qué ocuparse. 

Adicional a ese perfil personal, se puede decir que los adictos al trabajo rondan entre los 35 a 45 años y tienen una incesante necesidad de controlar todo, según refiere una investigación publicada en la revista Psicothema. Existe otro patrón común, cita González Noriega, la gente en esta situación, generalmente, se desempeña en actividades con tareas que les permiten potenciar su creatividad, aprender, desarrollarse, estar en contacto con muchas personas. 

Añade que eso termina, en el caso de los workaholic, por convertirse en una especie de "droga", y lo cual da lugar a dos tipos de ‘adictos': aquéllos que son perfeccionistas y exigentes con sus entregas, porque quieren tener el control de ‘algo' y destacar en ello. Por otro lado, están los obsesionados por crecer y tener proyección a como dé lugar, por eso buscan cualquier actividad que esté ligada a su mundo laboral; el lugar donde han destacado. 

En un principio, las compañías que contrataban a una persona bajo este perfil estaban muy satisfechas, pero estudios recientes demuestran que no es del todo favorable tener en la plantilla a los adictos al trabajo, de acuerdo con Guitart. 

El problema radica en que si bien suelen parecer muy "rendidores y productivos", a largo plazo el ritmo laboral que estos profesionistas llevan, tan prolongado y sin control, los hace caer en errores o no pueden cumplir con las fechas y las metas establecidas. 

Eso es "sólo una cara del conflicto", describe González Noriega, a ello se agrega que terminan siendo un elemento controversial en las empresas, porque obligan a otros -principalmente si el workaholic es el jefe- a mantener la misma dinámica que ellos, por lo que se crean problemas entre los integrantes del equipo. 

También destacan los problemas de salud y sociales que llegan a padecer estas personas. De entrada, son muy propensos a males gastrointestinales, cardíacos, y sufren de ansiedad, cambio de carácter inesperado, problemas para dormir. El extremo pueden ser las adicciones a sustancias como el alcohol y las drogas, indica Fernando Hernández, médico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 

Para Julieta González Noriega, el control de este tipo de problemas corresponde no sólo al trabajador, sino también a la cultura corporativa, que debe promover entre sus trabajadores el desarrollo, a través de otro tipo de actividades extra curriculares y sociales q aporten valor a su desempeño en lo laboral. 

Mientras eso se logra, Erika Robledo se concentra en tratar de respetar los nuevos horarios de trabajo que ha establecido, aunque eso signifique que la miren ‘raro' por salir antes que los demás, cuando siempre era lo contrario. "O cambiaba o y mi salud y vida personal iban a empeorar".

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