Conoce a los guerreros de los MBA

Hay personas que cada semana viajan 22,000 kilómetros, al ‘otro lado del mundo’, por su maestría; quienes lo hacen no se quejan: lo ven como una experiencia única y de la mejor preparación.
Andrea Carter

George Clooney, a un lado. No te comparas con Harsh Gupta, el guerrero por excelencia de Up in the Air (película de 2009 protagonizada por Clooney, en la que personifica a un consultor que viaja más de 300 días al año por negocios).  Cada dos fines de semana, Gupta vuela 11,680 kilómetros por 10 husos horarios de Dubai a Chicago, simplemente para obtener un título de maestría en administración (o MBA) de la Facultad de Administración de la Universidad Kellogg Northwestern en Evaston, Illinois. Con esto dicho, el viaje redondo le cuesta 4,800 dólares, pasa 30 horas en el aire y suma 14,522 millas a su cuenta de viajero frecuente.

"Conozco a mucha gente y me preguntan de dónde vengo. Cuando les digo que vengo de Dubai, se quedan con la boca abierta", dice Gupta, director ejecutivo de su propia compañía de electrónicos del consumidor. "Es una expresión imposible de describir, pero vale la pena verlo".

Cuando se gradúe y obtenga su MBA a finales del año, Gupta habrá pasado 1,140 horas en el aire, sin incluir los inevitables retrasos de vuelos y cancelaciones. Habrá viajado, en total, 32 millones de kilómetros para obtener su título. Y habrá gastado más dinero en boletos de clase empresarial (182,400 dólares) que en la colegiatura y matrícula de la maestría (153,900 dólares). "Pero capitalizo el gasto en mi periodo de vida", dice. Por ser una verdadera MBA, "estoy seguro que los rendimientos serán mucho mayores". 

Un ejército de trotamundos escolarizados

Aunque no lo crean, Gupta no es el único. Casi todas las escuelas de negocios premier admiten a ejecutivos de tiempo completo que están dispuestos a soportar el consabido camino del infierno para obtener un título prestigioso. Estos guerreros del camino de las MBA hacen grandes sacrificios de tiempo y dinero para recibir una educación de negocios de élite, limitando considerablemente sus vidas laborales y personales.

De hecho, incluso los administradores de la escuela se quedan perplejos por la voluntad que tienen estos ejecutivos para viajar miles de kilómetros cada dos semanas para asistir a clases. Un ejecutivo de MBA en la Facultad de Negocios IE hace un viaje de ocho horas desde su hogar en India hasta la escuela en Madrid, España, cada dos semanas. "¿Lo pueden imaginar?", pregunta Santiago Iñiguez de Onzono. "Es algo heróico". 

También tenemos el caso de Christopher Min, un estadounidense por nacimiento que trabaja como consultor para Accenture y ahora vive en Seúl, Corea del Sur. Cada dos fines de semana, llega a un salón de clases en San Francisco para estudiar para una MBA ejecutiva en el campus de la Costa Oeste de Wharton. Cerca de uno de cada cinco estudiantes en el programa viene de fuera de California, pero la mayoría de ellos proviene de estados cercanos, como Arizona, Nevada, Oregon y Washington.

Sin duda, Min es quien recorre el mayor tiempo para llegar a la escuela: un vuelo de 12 horas. "Los jueves tomo mi vuelo a San Francisco, estudio 8 horas en el avión y llego a California en la tarde del jueves; descanso y me preparo para las clases del viernes en la mañana", dice. "Después vuelo de regreso a Seúl el lunes y llego ahí el martes en la tarde".

El horario eventualmente se volvió tan agotador, que Min decidió rentar un departamento cerca del edificio en San Francisco para que pudiera pasar ocasionalmente dos semanas trabajando desde Estados Unidos. "Aprendes a ajustarte y a hacer tiempo de horarios aparentemente llenos para ir a la escuela y seguir trabajando", dice Min.

¿Por qué es que Min gasta 3,000 dólares extra al mes en vuelos y se somete a este tipo de presión para viajar, cuando podría conseguir el título cerca de su casa?

"Mentiría si digo que no elegí a Wharton por la influencia y prestigio de su nombre", dice. "En Corea, el nombre de la escuela a la que uno asiste es muy importante".

Tiempo para la escuela, para el trabajo y... ¿para la familia?

Los programas ejecutivos de MBA son experiencias muy retadoras. Además de tener demandantes empleos de tiempo completo, los estudiantes suelen pasar 20 horas a la semana estudiando, alternando fines de semana en clases y semanas residenciales ocasionales en lugares lejanos. Pasar horas navegando por aeropuertos en varios husos horarios para llegar a tomar un itinerario frenético puede tener su costo, sobre todo en aquellos que tienen una familia.

Arun Sasikumar Nair viaja de Singapur a Toronto para estudiar el programa de MBA ejecutivo global de Rotman, que incluye semanas de inmersión en Brasil, Shangai, Hong Kong y Budapest. Se comprometió hace un año y medio. "Esta experiencia definitivamente ha puesto a prueba nuestra relación y su fortaleza", dice. "Viajar cada dos o tres meses por periodos prolongados no es fácil ni para tu pareja ni para tu familia, sin duda. No te pueden ver. Creo que sería muy difícil si alguien no tiene el apoyo incondicional de su pareja, como lo tengo yo".

Hay quienes incluso sienten confort en la compartimentación que ofrece el viajar. A Stephanie Carlton, asesora de políticas de salud del Comité de Finanzas del Senado de Estados Unidos, no le importa el viaje redondo de 4,800 kilómetros de Washington a la Universidad de Texas en Austin cada jueves por la noche. "Viajar a Texas me ayuda a separar la escuela del trabajo. Cuando estoy en Washington, me concentro en reformar Medicare y Medicaid. Cuando estoy en Austin, me concentro en el siguiente examen de finanzas corporativas del Dr. Rao".

Carlton también va a Texas, en parte, porque el programa cuesta 20,000 dólares menos que la oferta de la Universidad de Georgetown, incluso después de sumar los costos de viaje. "Hay una lógica económica en mi decisión de viaje", dice.

La recesión hace que los viajes difíciles sean aún más difíciles

Estos viajes -que de por sí ya son un infierno- se han vuelto más tortuosos debido a los recortes en itinerarios de vuelos y a la reducción del apoyo para la educación ejecutiva.

Cuando Christopher Bouck se inscribió inicialmente al programa de MBA ejecutivo de la Universidad Cornell, las aerolíneas ofrecían varios vuelos directos a Nueva York de las Islas Caimán, donde vive y trabaja como gestor de contabilidad para ABN AMRO. El banco holandés también tenía un programa de reembolso de colegiatura. 

"Pensé que la tenía muy fácil", dice Bouck. "Pero a medida que la economía empeoraba, muchas aerolíneas recortaron vuelos, por lo que ahora tengo que volar haciendo escalas". Su trabajo también cerró la posibilidad del reembolso de la matrícula, lo que lo obligó a cubrir el costo total de 145,380 dólares del programa de 22 meses. "Muchos de mis compañeros también vieron cómo su financiamiento corporativo se agotaba", agregó.

A pesar de los contratiempos, Bouck siguió adelante con el viaje redondo de 4,800 kilómetros cada dos semanas. Normalmente, trabajaba medio día el viernes y se dirigía al aeropuerto alrededor de las 14:00 para volar a Miami, y llegaba a Cornell a la media noche para asistir a la clase del sábado por la mañana. El domingo por la tarde regresaba a casa.

La experiencia lo ha vuelto "un viajero muy eficiente, como George Clooney en Up in the Air", dice. "Viajo en clase turista, pero siempre tengo los mejores asientos (los asientos reclinables de la salida de emergencia), hago las filas más cortas y tengo todo listo antes de tiempo. Puedo moverme en el aeropuerto de forma muy eficiente. Es una habilidad que conservaré el resto de mi vida".

¿Quieres más noticias como esta?
Obtén los mejores consejos laborales y de management.

Estas habilidades serán puestas a prueba cuando Bouck y su esposa tengan a su primer hijo, a finales de este mes. "Haber atravesado este horario frenético por 20 meses... me siento muy poderoso", admite. "Una vez que termine con esto, estoy seguro que miraré hacia el pasado y me daré cuenta de que todos los viajes, gastos, y el tiempo lejos de casa fueron un precio bajo por la experiencia. Hice amigos y obtuve mi título Ivy League".

"¿Vale la pena?", pregunta en voz alta. "Absolutamente".

Ahora ve
Así han ayudado los eclipses a la humanidad a lo largo de la historia
No te pierdas
×