Estrés por violencia… ¿en el trabajo?

1 de cada 10 empleados sufre “desamparo aprendido”, un tipo de depresión asociado a la violencia; los trabajadores en las zonas fronterizas de México son los más propensos a esta afección.
violencia trabajo  (Foto: Photos to go)
Ivonne Vargas Hernández
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

En México, uno de cada 10 trabajadores padece 'desamparo aprendido' (DA), un síndrome común en quienes testifican actos o son víctimas de situaciones de violencia. Esa situación genera en el trabajador una imposibilidad de tomar decisiones; errores constantes, accidentes, desidia e incluso la persona asume una actitud antisocial, refiere un análisis de Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial (GMSI), firma que ha detectado este síndrome en organizaciones ubicadas en la frontera norte del país, principalmente.

Este problema emocional tiene una relación entre estrés incontrolable y estados de depresión, producto de haber vivido un hecho traumático, de acuerdo con Martin Seligman, quien fue uno de los primeros psicólogos en estudiar dicho comportamiento en la década de los 70.

"Cuando las personas se enfrentan a cosas muy agresivas, en las que no pudieron reaccionar o huir como lo esperaban, les queda un sentimiento de desamparo, y aprenden a quedarse paralizados frente a ciertas situaciones; se sienten indefensos", explica la especialista en psicología infantil, Patricia Ramírez.

El DA se asocia a niños o mujeres que padecen violencia intrafamiliar. Pero este mal perjudica -ahora- a quienes laboran en compañías situadas en zonas de gran inseguridad y violencia, afirma el presidente de GMSI, Alejandro Desfassiaux.

De acuerdo con el experto en seguridad, existe una estrecha relación entre DA y robo hormiga, fraude interno, transferencia de clientes, extorsiones, sobornos y secuestros. En estos casos, el trabajador, es decir, la víctima de violencia, se convierte en victimario de la empresa donde trabaja o el entorno donde se desenvuelve.

Entornos con gran inseguridad e incertidumbre, como los territorios peleados entre cárteles o lucha contra el crimen organizado, son más propicios a que las víctimas secundarias visualicen su ambiente como algo "incontrolable", detalla Desfassiaux.

El sentimiento de estar indefenso se vuelve más fuerte si el colaborador detecta que su empresa o quien debería garantizar seguridad, se muestra indiferente o cómplice del acto delictivo, aclara Ramírez.

La incapacidad de controlar las circunstancias genera desidia y ataques de pánico, entre otras reacciones. El 10% de las ocasiones suele desencadenar actitudes antisociales, como dañar la organización donde se trabaja, a través de detalles que van de lo que pudiera parecer 'sutil' a graves faltas. Por ejemplo, 'olvidar' una fecha clave de entrega al cliente, dañar la maquinaria o vender información sensible de la compañía a la competencia, según estudios realizados por la firma de seguridad.

La actuación antisocial en quienes tienen DA no es deliberada, asegura Desfassiaux. Se trata de personas con un alto grado de estrés y una visión derrotista.

Esta forma de reaccionar es común entre quienes han sufrido fracasos en aspectos determinados de su vida. "La persona tiene temor a seguir intentando y fallar, así que abandona el deseo de querer cumplir con lo propuesto. Este síndrome también es común en quien observa crueldad y, en repetidas ocasiones, impunidad", puntualiza la especialista en psicología infantil.

GMSI encontró coincidencias entre entornos de gran violencia e ilícitos internos. Los empleados implicados reconocieron que, en un lapso de seis meses, fueron víctimas secundarias de algún ilícito u observaron actos violentos, como transitar por una calle donde hubo ejecuciones.

En general, la DA sitúa los síntomas físicos en la cabeza o estómago, pero es común detectar ritmo cardiaco acelerado, temblor, sensación de asfixia, un 'nudo en la garganta', dificultad para tragar, sensación de ahogo y dolor de pecho.

El desamparo aprendido es similar a un ataque de pánico, donde se experimenta angustia y terror. Son las secuelas emocionales lo que paraliza a quienes lo padecen. Los sume en gran desidia e indiferencia y, también, "puede propiciar que la víctima cometa ilícitos en 10% de los casos", advierte Desfassiaux.

Las entidades en las que se han detectado más casos de DA entre los trabajadores son: Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, además de Durango, Michoacán y Guerrero. Según estimaciones de GMSI, este problema lo padece el 10% de los empleados que trabajan en entidades con alto índice de violencia, siendo una relación de tres hombres por cada mujer.

La edad predominante en quienes presentan este tipo de depresión es menor a 30 años, en ocho de cada 10 casos.

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