Cómo superar un recorte de sueldo

Familiarizarse con un salario inferior al que se ganaba anteriormente siempre es complicado; cuatro lectores cuentan cómo lidiaron con un menor sueldo en circunstancias diferentes.
salario  (Foto: Photos to Go)

En los últimos años, los trabajadores estadounidenses se han familiarizado mucho con el prospecto de no recibir un aumento salarial o recibir uno que apenas mejora sus finanzas. Aunque muchos empleados en Estados Unidos podrían recibir un modesto aumento este año, según un sondeo reciente realizado por la compañía de consultoría Mercer, algunos de estos empleados apenas estarán recuperando el sueldo que perdieron en los últimos años. En nuestra última entrega de nuestra serie 'You Can't Fire Everyone', cuatro lectores comparten sus historias de recorte salarial. Herido, pero aún en el juego

Mi historia no es tanto de haber sido despedido como de haber sido forzado a aceptar un sueldo menor en un campo completamente nuevo. Por suerte entré a esta estrategia laboral de sumersión antes de la crisis, en el otoño de 2008. Yo fui un técnico automotriz empleado en la mayoría de las concesionarias de General Motors en mi zona, y tenía un muy buen sueldo en aquel entonces, claro, hasta que fui enviado a Iraq en diciembre de 2003.

En el otoño de 2004, una bomba callejera lesionó mi pierna.

Después de tres años de cirugías, rehabilitación y una separación militar en diciembre de 2007, me di cuenta de que no estaba listo para retirarme y me uní a un programa de educación superior en mi universidad estatal local. Ahora, con más de 40 años, no es nada fácil, pero el mes pasado me gradué y obtuve cierta experiencia valiosa de un puesto de capacitación estudiantil para veteranos discapacitados. Ahora trabajo como consejero civil de Equal Employment Opportunity para la Marina, que me paga la mitad de lo que solía ganar.

Comenzaré mi maestría en un programa de Administración Pública este otoño. Con un poco de suerte, algo de determinación y tres años más de trabajo y escuela de tiempo completo, volveré a tener el ingreso del que gozaba hace 11 años, justo a tiempo para retirarme. Al menos, ese es el plan.

--Anthony E. Edwards, Crane, Indiana

Dar el salto voluntariamente

Tenía un buen trabajo como ingeniero industrial para la compañía conjunta Intel/Micron. Me pagaban bien y el ambiente laboral era muy bueno. Sí tuve algunos problemas con la forma en la que se hicieron las cosas, pero todos los trabajos tienen 'algo'.

Hace un año comencé un negocio paralelo como proveedor de servicios de Internet para mi vecino. Comencé a aprender y crecer lentamente en el negocio. Hace un par de meses expandí mis operaciones a un área mucho más grande, y la respuesta fue dramática.

Sabía que estaba en una encrucijada; no podía conservar mi trabajo de tiempo completo y manejar mi negocio paralelo. Tenía que tomar una decisión.

Una de las opciones incluía un sueldo fijo y beneficios médicos, mientras que la otra representaba menos de la mitad de mi sueldo actual, pero tenía el potencial de mucho crecimiento a futuro y mucha más flexibilidad. Escogí la segunda opción.

Renuncié a mi trabajo y ahora yo organizo mi propio horario. Sí, no tenemos el dinero que teníamos antes, pero nos las estamos arreglando,aunque no puedo darme el gusto de salir a comprar una televisión nueva o juguetes.

Para mí, esta decisión valió completamente la pena. Ya no tengo que rendirle cuentas a alguien todas las mañanas, paso sustancialmente más tiempo con mi esposa e hijos, y la vida es grandiosa. Con suerte, si las cosas siguen como van, mi base de clientes seguirá creciendo y eventualmente podré ganar más dinero del que ganaba antes. Deséenme suerte.  

--George Parker, Leihi, Utah

El camino de una madre soltera hacia la recuperación económica

Regresemos a 1989. Llevaba ocho años trabajando en cuatro empleos distintos como programadora computacional. No me había graduado de la universidad; dejé de trabajar el 16 de octubre y di luz a mi hijo la mañana siguiente. Sabía que sería una madre soltera y estaba lista para aceptar el reto.

Dos semanas después, cuando fui a mi oficina para recoger mi prima vacacional y recibir el pago de mis ocho semanas por incapacidad, me dijeron que ya no tenía un empleo al cual regresar después de mi permiso por maternidad. Hasta la fecha, no sé por qué perdí mi empleo.

El primer día de trabajo de 1990 estaba en la línea de desempleados, cargando a mi hijo de 10 semanas. Recibí 26 semanas de beneficios de desempleo y pagué mis costos de seguro de salud a través de COBRA. Cuando dejé el trabajo, ganaba 32,000 dólares al año. Por suerte, había ahorrado 15,000 dólares y no tenía deudas. Recurrí a las estampillas de comida, la ayuda social y Medicaid después de que mis beneficios de desempleo se habían terminado.

En el otoño de 1990, me uní a un programa de capacitación para volverme asistente de oficina. En marzo de 1991, tomé la prueba de servicio civil federal y entré a "la lista". Terminé aceptando un trabajo en junio de 1991 como oficinista del Departamento de la Defensa, ganando el grandioso sueldo de 13,500 dólares al año. Mi paga inicial fue de 400 dólares por dos semanas de trabajo.

De alguna forma logré pagar las cuentas y permanecí en Medicaid por un año, y recibí ayuda para los gastos de mi hijo.

Después de trabajar para el Departamento de la Defensa durante ocho meses, solicité un trabajo como asistente presupuestal dentro de mi agencia. Me quedé con el trabajo y mi sueldo aumentó gradualmente con los años. Me tomó ocho años recuperar el sueldo que había ganado antes de ser despedida.

He estado con el gobierno, en el mismo departamento durante 20 años, y ahora gano 74,000 dólares al año. Le agradezco a Dios todos los días por la bendición de este trabajo, con el que pude enviar a mi hijo a la universidad (se graduó de la Universidad de Nueva York en mayo y es empleado de tiempo completo). Él conoce mi historia y comprende que no fue fácil.

Compré mi primera casa en enero de 2002. Nunca he estado en deuda a pesar de ganar poco dinero durante muchos años. Mi hijo no tuvo un juguete nuevo o ropa nueva sino hasta que entró a la primaria. Pagué en efectivo mi último auto usado. Consigo cupones y compro con descuentos.

-- Susan Gibbons, Philadelphia, Pensilvania

Por el amor a La Crosse

Tener un trabajo con un sueldo menor fue una opción forzosa para mí. Mi puesto como director de Información pública y Comunicación en la Universidad de Wisconsin-La Crosse fue eliminado por el canciller, quien era profesional de comunicación y quería asumir muchas de mis responsabilidades. Esto me tomó por sorpresa, y estaba claro que no cambiaría de opinión.

Me mudé a La Crosse, Wisconsin, en 1991 para aceptar un puesto como redactor y director de relaciones públicas, y se volvió mi hogar. Gracias a mi afinidad por esta zona, de los valores de propiedad deflactados -muchas amistades y varios compromisos de voluntariado- mudarme de La Crosse no era una opción.

En una comunidad de 50,000 personas, las oportunidades de relaciones públicas y publicidad son pocas, y no es ningún secreto que estos puestos son algunos de los más considerados para su eliminación cuando la economía está en problemas. Pero decidí continuar mi búsqueda de un nuevo empleo con la confianza de que encontraría algo cerca de La Crosse.

Después de tres meses de docenas de comidas formales, el doble de llamadas y cientos de horas buscando en Internet y usando los medios sociales, recibí una llamada de un amigo y socio rotario de la Universidad Viterbo, quien me dijo que había una vacante ahí, como director de becas.

Dos entrevistas y una semana después, me ofrecieron el puesto. Aunque el sueldo base es inferior al que ganaba en mi antiguo empleo, hay dos cosas que impulsaron mi decisión para aceptar el puesto: la promesa por parte del vicepresidente para un avance institucional de que "nunca vas a trabajar con un mejor grupo de gente", y el beneficio de inscripción gratuita para los empleados.

La promesa del vicepresidente fue cierta. Este campus de universidad privada es un lugar muy placentero para trabajar y alejarte de la política, los egos y los juegos de poder que suelen tener mucho peso en los sistemas universitarios. Además, formo parte del programa de MBA con el objetivo de recibir mi título en diciembre de 2012, una oportunidad que de otra forma no habría conseguido.

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Aprendí que hay mucho más para la satisfacción laboral, o calidad de vida, que el dinero, aunque espero recuperarme después de recibir mi título de maestría.

--Cary Heyer, La Crosse, Wisconsin

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