Si tu jefe es terrible, sé amable con él

Si crees que tu empleador es malo, considera que el problema podrían ser tus propias acciones; responde estas preguntas para evaluar la relación antes de hacer algo drástico, como renunciar.
jefa regañona  (Foto: Photos to Go)
Linda A. Hill y Kent Lineback

Hay una gran probabilidad de que hayas visto la película ''Quiero matar a mi jefe' este verano. La comedia sobre tres hombres en diferentes empleos que deciden asesinar a sus horribles jefes fue un sorprendente éxito esta temporada. En su primer fin de semana, fue la segunda película más taquillera. Se ha convertido en la comedia de humor negro más taquillera de todos los tiempos a nivel mundial, de acuerdo con Box Office Mojo.

Obviamente, la película tocó una fibra sensible. ¿Quién no ha sufrido por tener un jefe terrible en algún momento? Todavía no hemos conocido a nadie que esté en desacuerdo con la trillada frase de que las personas unen las empresas, pero renuncian por los jefes.

Pero en nuestra experiencia, no todos los casos de un 'jefe horrible' son totalmente culpa del jefe. De hecho, muchos casos no lo son. Hemos encontrado que la mayoría de los jefes por lo general tienen buenas intenciones, más o menos, pero no suelen actuar bien. La diferencia suele ser impulsada por la ignorancia de lo que deben hacer y cómo la gente responde a sus palabras y acciones. De hecho, los jefes y su personal suelen caer en una espiral descendente de acción-malentendido-reacción que se alimenta de sí misma y en última instancia, produce una relación tan tóxica que no puede recuperarse.

Si tú crees que tu jefe es horrible, te proponemos algunas preguntas que debes cuestionarte antes de hacer algo drástico, como renunciar o algo peor.

¿Estás desempeñándote conforme a las expectativas?

Si no es así, ¿por qué esperarías tener una gran relación con alguien que tiene que explicar tus deficiencias a sus superiores? Si te estás quedando corto en tu trabajo, tú y tu jefe necesitan hablar acerca de por qué se está dando ese caso, lo que puedes hacer al respecto, y lo que realmente se debe esperar de ti. Si no has hecho eso, debes asumir la responsabilidad e iniciar la discusión.

¿Qué carga emocional estás aportando a la relación?

Tu jefe actual no es la primera figura de autoridad con la que te has encontrado. Incluso si estás comenzando tu vida laboral, ya has experimentado relaciones con una serie de ellas, empezando por tus padres y extendiéndose hasta tus hermanos mayores, bullies en el colegio, maestros, entrenadores, y muchos más. La suma de las experiencias y lecciones que has extraído de ellos, usualmente en forma de supuestos tácitos, moldean la forma en que lidias y lo que esperas de cada nueva figura de autoridad, como tu jefe actual.

¿Son tus quejas acerca de tu jefe similares a tus quejas acerca de jefes anteriores o de otras figuras de autoridad?

Si es así, ésa es una bandera roja. Un conocido nuestro nos dice que encontraba fallas en todos sus jefes antiguos hasta que se dio cuenta, después de 10 años, de que todos ellos tenían la misma falla, y que la culpa, como era de esperarse, era el problema que tuvo con su propio padre cuando estaba creciendo. Con los jefes, como en otras cosas de la vida, tendemos a enfocarnos en las evidencias de creencias y conclusiones que ya tenemos. Si llegaste a la conclusión de que las figuras de autoridad no son confiables, es probable que desconfíes de todos los jefes nuevos que tengas.

¿Eres capaz de ver a tu jefe como una persona?

Bajo el manto de la autoridad, hay una persona igual que tú, producto de su particular experiencia, formación y antecedentes, con esperanzas, miedos, frustraciones, aspiraciones, fortalezas y debilidades. ¿Sabes lo suficiente acerca de esta dimensión personal como para comenzar a ver el mundo a través de sus ojos? Saber por qué un ogro es un ogro no puede cambiarlo, pero te permitirá pensar más creativamente acerca de tus opciones para lidiar con él.

Por encima de todo, ¿tomas al menos algo de responsabilidad por la relación?

Si no es eso lo que quieres, ¿has hecho un esfuerzo serio por hablar de tus problemas con tu jefe, o te sientes pasivo e impotente? ¿Sientes que la relación es totalmente controlada por el jefe, porque él es quien tiene la autoridad? ¿Es concebible para ti que algo en la conducta de tu jefe sea una reacción hacia ti? ¿Has tratado de verte a ti mismo a través de los ojos de tu jefe?

Vemos a muchos subordinados, incluidos directivos, que asumen (quizás debido al bagaje que ya hemos señalado antes) que no tienen ningún control ni capacidad para moldear su relación con alguien de autoridad. Pasan por alto el hecho de que, aunque no es una relación de igual a igual, sigue siendo una relación de doble vía en la que cada persona necesita del otro para tener éxito, y eso les da cierta capacidad para negociar.

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No malentiendan esto. Hay jefes horribles. Pero hasta que no hayas reflexionado sobre las preguntas que hemos planteado aquí, no puedes saber exactamente qué es lo horrible: tu jefe, o tu relación con tu jefe. Si realmente es tu jefe, tu única opción podría ser marcharte. Pero si se trata de la relación, necesitas asumir alguna responsabilidad por ella y luego tomar acciones para cambiarla.

Linda A. Hill, una profesora de la Escuela de Negocios de Harvard, y Kent Lineback, un escritor con 30 años de experiencia en administración, son coautores de 'Being the Boss: The 3 Imperatives for Becoming a Great Leader' (Ser el jefe: Los tres imperativos para ser un gran líder).

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