Deja fluir el ‘genio’ de tus empleados

Para crear una atmósfera de innovación, los trabajadores deben tener libertad de proponer sus ideas; los jefes -sin embargo- son los primeros en frenar la iniciativa, advierten expertos.
idea foco empleado  (Foto: Thinkstock)

Suponer que la creatividad es un ‘don' que sólo algunos pueden desarrollar tiene su lógica. En México, las empresas y las escuelas le piden a la gente que resuelva las situaciones de cierta manera y bajo una lógica específica. Esto se relaciona con un miedo a hacer las cosas diferentes y tiene que ver con costumbres.

Así lo afirma José María Fernández, profesor de la Escuela de Administración y Recursos Humanos de la Universidad Panamericana (UP). A nivel macro, especialistas advierten que México tiene una inversión extremadamente baja en rubros como ciencia y tecnología, que son los principales factores para innovar dentro de un país. El proyecto de gasto en este tema representa 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional (21 mil 235 millones de pesos a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología). Estas cifras refuerzan la principal debilidad de México en la materia, indicó el reporte ‘Evaluación de la Cooperación en Ciencia y Tecnología entre la UE y México en el periodo 2005-2010'.

Esas cifras refieren que la creatividad y la innovación son temas descuidados en el país, afirma el académico de la UP. El ámbito laboral no es la excepción: al trabajador siempre se le dice que no olvide realizar un trabajo de cierta manera. Los superiores dan ‘el molde' de cómo efectuar las tareas y los resultados esperados. ¿Qué sucede en ese momento? Se destruye toda creatividad o posibilidad de que este elemento se presente, expresa Fernández.

Todas las organizaciones tienen un concimiento convencional sobre la forma de hacer las cosas, o los supuestos indiscutibles sobre lo que quieren los clientes. Al desafiar este tipo de creencias y aprender a aceptar nuevas ideas, puede haber grandes recompensas.

Un ejemplo es la cadena internacional Best Buy (ABY): cuando incorporó Geek Squad (soporte tecnológico a los hogares) la decisión iba en contra de la creencia popular de que los consumidores no pagarían un extra por servicios de compostura o instalación de los equipos. Actualmente, ese negocio representa para la cadena, en Estados Unidos, un aproximado de 2,000 millones de dólares, señala un análisis de la compañía McKinsey, publicado por Fortune.

Ese ‘síndrome' de resistirse a los cambios también lo sufren las empresas mexicanas, sin importar su tamaño. Supervisores, coordinadores y directores tienden a decir cómo cumplir una actividad y, mientras la persona dé resultados, "está bien", comenta Fernández. La tendencia debería ser otra, por ejemplo asignar tiempo -en casa o fuera de la oficina- para que el colaborador observe y piense en una nueva forma de hacer las cosas.

El académico e investigador menciona que los colaboradores mexicanos pasan muchas horas en la oficina, pero eso no significa resultados innovadores. Por el contrario, ante la rutina del esquema laboral se pierde más el tiempo en acciones como navegar por Internet. "Cubrir horarios, hacer las cosas estrictamente como se piden", eso acaba con la creatividad, y si se busca resultados diferentes hay que hacer las cosas de otra manera, apunta José María Fernández.

De acuerdo con el informe publicado por McKinsey, para superar los dogmas en una empresa, un buen ejercicio es empezar por preguntarse sobre los clientes, el modelo de negocio, qué otro nivel de servicio esperaría un consumidor y qué es lo que está ‘ahogando' a la empresa en su capacidad para hacer cosas nuevas.  

En pruebas aplicadas por esa firma a ejecutivos de diversas compañías se detectaron cinco habilidades en la gente innovadora: asociar, preguntar, observar, experimentar y crear redes. De éstas, la más poderosa es la primera: hay que pedir a la gente que haga conexiones a través de "preguntas o problemas aparentemente sin relación", menciona la consultora.

Fernández explica que para tener equipos creativos es importante fomentar un ambiente de libertad, de ruptura de paradigmas y de viejas creencias. Esto se puede lograr a través de las siguientes actividades:

1. Cerebro ¡a trabajar! Con gran frecuencia sólo se desarrolla el hemisferio izquierdo de los colaboradores, que responde a las órdenes, la sistematización y el ‘deber ser', olvidándose la parte derecha, donde se aloja la creatividad.

Hay una serie de técnicas que están cobrando auge en las organizaciones para cambiar esa forma de operar. Una de ellas es tener una reunión en la que el director de área proponga a su equipo que cada uno exprese una idea verbal y por escrito sobre cómo llegar al resultado que la dirección desea, pero mediante otras ideas y procesos.

Los ejecutivos de McKinsey proponen que las empresas realicen dinámicas donde los equipos imaginen que sólo se puede servir a un tipo de consumidor, o que deben recortar sus precios a la mitad. Eso implica trabajar la creatividad desde escenarios específicos y de mucho reto.

2. Romper los esquemas. Para el académico de la Universidad Panamericana, las limitantes hacia los cambios suelen venir de la dirección, porque ahí se genera la necesidad de que los colaboradores trabajen de cierta manera para obtener determinados indicadores. Aquí una recomendación es pensar en opciones para que el personal se siente motivado a crear, pero siempre teniendo claro qué resultados se quiere obtener. Entre los estímulos, dice Fernández, puede haber premios y reconocimientos (económicos o de otra índole) para una idea creativa que represente más ingresos para la empresa, alternativas de ahorro, etcétera. Lo vital es que "la persona aprende qué sí funciona y qué no de su parte creativa", menciona el profesor de la UP.

Por supuesto, aclara, este no es un proceso inmediato: son proyectos a largo plazo, pero el primer paso es tener disposición a acabar con las resistencias.

Para el académico, las universidades no han fomentado en su totalidad la cultura de la creatividad. "Hay algunos logros, pero todavía nos encontramos a muchos profesores dando clases al estilo del siglo XVIII,  con todos los alumnos callados y en la postura de ‘ustedes no saben nada, yo soy Dios y vengo a transmitirles lo que sé'". El problema, expresa Fernández, es que lo dicho por el profesor está en internet, lo que implica que los maestros deben ser más reflexivos sobre sus métodos de enseñanza, qué tan creativos son y cómo involucran al alumno.

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