No calles tus opiniones en el trabajo

Los expertos advierten que evitar las discusiones en el ámbito laboral puede ser contraproducente; afirman que los empleados que afrontan conversaciones cruciales en su empleo muestran más seguridad.
jefe amenazador  (Foto: Cortesía Fortune)
Megan Hustad

Es difícil, debido a lo 'hinchadas' que están las filas del desempleo en estos días, tener mucha simpatía por aquellos que son empleados infelices pero con un seguro de salud. Pero incluso los empleados remunerados tienen sus problemas laborales.

La 'tasa de renuncia', o el número de personas que voluntariamente abandona puestos pagados, ha permanecido bajo desde que la crisis económica comenzó, en diciembre de 2007, y todavía ronda el 1.5% en Estados Unidos; una cifra que la mayoría de los economistas consideran patológicamente baja.

Cuando la economía marcha a buen ritmo, los empleados insatisfechos pueden dejar empleos insoportables con relativo gusto. O bien tienen un trabajo más prometedor en el panorama, o están seguros de que serán capaces de encontrar uno en pocas semanas indoloras de búsqueda. Pero cuando los empleos son escasos, las personas siguen presentándose a trabajar en lugares que no les gustan, o que tal vez nunca les han gustado.

El problema de la baja 'tasa de renuncia' sugiere otros efectos secundarios. Los jóvenes suelen ser desconfiados para acercarse a compañeros y jefes para hablar sobre los dilemas del trabajo por temor a que la menor señal de incompetencia haga que los despidan (la tasa de desempleo para las personas en sus 20 años es casi el doble con respecto a la población general en Estados Unidos).

Otros permanecen en silencio ante situaciones laborales que rayan en la hostilidad porque, de igual forma, ¿quién va negar que los directivos -al mirar al vasto grupo de trabajadores veinteañeros disponibles- no preferirá despedir al quejumbroso y reemplazarlo con alguien que sea más complaciente con el sinsentido de la oficina?

Una gerente de cuentas de una destacada agencia de fotografía, a quien entrevisté, me contó que el jefe de recursos humanos le dijo que, aunque atender su salud era "su decisión", la empresa prefería que no visitara al médico tan a menudo (para controlar una enfermedad crónica), a pesar de que ella compensaba las horas perdidas cada vez que faltaba. Sus tres supervisores no se comunicaban entre sí, y no escuchaban otras exigencias contra ella a menos que ella dijera algo -y en ese momento a ella le preocupaba sonar como una quejumbrosa. Un probable ascenso fue retrasado durante meses. Mientras tanto, ella aprendió a tragarse sus crecientes ansiedades y a guardar silencio.

Pero guardar silencio en el trabajo conlleva considerables costos, dice Joseph Grenny, coautor de Crucial Conversations: Tools for Talking When Stakes Are High. Grenny sostiene que la estrategia aparentemente 'segura' de no enfrentar una situación laboral insatisfactoria, en realidad no es segura. De acuerdo con Grenny, la reticencia inducida por la recesión significa que más personas jóvenes no están adquiriendo las habilidades para manejar conversaciones difíciles y cargadas emocionalmente: una habilidad que él piensa que, en última instancia, fomenta la única clase de seguridad laboral disponible en estos días, es decir, la seguridad que proviene de ser considerado como un activo invaluable.

"Nuestra investigación desde hace 30 años es consistentemente clara en que afrontar conversaciones cruciales no disminuye la seguridad en tu trabajo", dice Grenny. "De hecho, la aumenta. Así que esta ansiedad que tenemos de ser catalogados como alborotadores o escandalosos... simplemente no funciona de esa manera".

El problema real, como él lo ve, viene de pensar erróneamente acerca de la naturaleza de la confrontación, o "la creencia de que tienes que elegir entre la franqueza y el respeto. En resumen, que la franqueza significa ser irrespetuoso. O que piensas que si le dices a la gente lo que realmente piensas acerca de cómo funcionan las cosas, invariablemente van a ofenderse".

Sin embargo, él sostiene que las personas que destacan en la confrontación han dominado el arte de ser honestos y respetuosos al mismo tiempo.

Hacer eso de forma exitosa no es tanto una cuestión de expresarse acertadamente, sino una cuestión de enmarcar inteligentemente un problema. Digamos que tu empleador implementó una política que tú crees que es estúpida, injusta, y que te perjudicará en vez de ayudarte a hacer el trabajo. Pregúntate: ¿Cómo puedo expresar toda la verdad de una forma en que la otra persona sepa que estoy cuidando sus intereses, y que la respeto como persona?

Con ese marco en mente, lo que parece ser una elección binaria -franqueza o respeto- se revela como una situación que es flexible, más matizada, aunque interesante.

Grenny está convencido de que este consejo no es similar al tipo de asesoramiento de 'dar dos cumplidos por cada punto de crítica'. Hacer declaraciones positivas que no reflejen la realidad no ayudará a tu caso, ni aumentará las posibilidades de corregir una mala situación. "Las personas que son realmente talentosas en las conversaciones cruciales, no minan jamás la confianza (...) al hacer declaraciones poco sinceras. No endulzan las cosas, y no dan falsos elogios o halagos", dice.

Entonces, ¿qué debería hacer un empleado frustrado? Estos son algunos consejos:

No te dejes dominar por la decepción. Demuestra que tienes la madurez emocional para darte cuenta de que una política - sabia o no- fue implementada para resolver o anticiparse a un problema real, requirió algo de esfuerzo para ser concebida, y no salió de la nada sólo para atormentarte.

Elige tus batallas sabiamente. Si confrontas cada problema, tus colegas te comenzarán a asociar con el malestar. Como Grenny aconseja, "No digas: 'Yo voy a ser un ejemplo de justicia al ser alguien que es contrario a toda la cultura de este lugar'. En vez de eso, enfócate en una o dos conversaciones que podrían ayudar a mejorar sustancialmente tu situación.

Prepárate. Si reduces el mensaje completo, o si tus comentarios resultan improvisados o fuera de lugar, entonces afectarás tu caso.

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¿Existen momentos en los que realmente sólo deberías callarte? Grenny sugiere que las situaciones en las que una conversación podría ser completamente contraproducente son más raros de lo que muchos piensan. "A menudo, si las personas reaccionan a la defensiva cuando se aborda una conversación crucial con ellas, el problema no es su falta de carácter, sino nuestra falta de habilidad".

¿La buena noticia? Si abordas con éxito una confrontación, eso podría resultar inspirador y crear un cambio real. "Cuando alguien entra en una organización y demuestra que es posible discutir las cosas de una manera más eficaz, eso tiene una influencia", dice Grenny. "Puede tomar algún tiempo, puede ser poco a poco, pero a la gente no le gusta revolcarse en la miseria".

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