Un mexicano es la estrella de Broadway

Con 36 años, Eduardo Castro es gerente de producción de obras de teatro de Disney como El rey león; el ejecutivo domina los entretelones del negocio y es pieza clave en los escenarios neoyorquinos.
eduardo castro  (Foto: Isauro Cairo)
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

A Eduardo Castro, gerente de producción de obras de Disney en Broadway, siempre le gustaron los musicales, pero nunca imaginó que un día 'movería los hilos' de las mega producciones más reconocidas del mundo como La Sirenita y El Rey León.

"Cuando vi Vaselina con Timbiriche, pensé que sería increíble trabajar en algo así", recuerda Eduardo en la edición de Quién correspondiente al 3 de febrero de 2012.  

El ejecutivo nació en la Ciudad de México y a los 16 años se mudó con su familia a California. Al terminar la carrera de Economía en la Universidad de Berkley entró a trabajar como asistente del director de El fantasma de la ópera en San Francisco y, contrario a lo que él creía, continuó su carrera en ese negocio.

Era "un trabajo que no sabía cuánto duraría porque el teatro es impredecible", dice.  

Posteriormente incursionó en Broadway en el año 2006, cuando participó como asistente de gerente de producción en el musical de Tarzán.

En diciembre de ese mismo año obtuvo el puesto de gerente sustituto de producción de la obra Spring Awakening, un drama que presenta la controversial vida de un grupo de adolescentes.

El trabajo de Eduardo es muy amplio y lo obliga a estar al pendiente de mil cosas a la vez: "La gente siempre me pregunta en qué consiste exactamente mi trabajo. Y la respuesta es que tengo que verlo absolutamente todo. Soy una especie de mil usos", cuenta a la revista Quién.

Sin embargo, su labor de 'mil usos' no está exenta de emoción y fantasía. Hoy lleva la producción de Mary Poppins, que fue montada en México durante enero y febrero de 2012, a la vez que desarrolla el nuevo proyecto de Disney, Newsies.

Este último musical está basado en la película del mismo título y retrata la huelga de jóvenes vendedores de periódicos en Nueva York en 1899.

Eduardo Castro dedica su escaso tiempo libre a correr, sumándose así al furor neoyorquino por este deporte, para desestresarse de su exigente labor.

"Solo corriendo puedo relajarme. Bien dicen que los habitantes de esta ciudad vivimos ‘cafeínados' todo el tiempo, y es que en NY no se puede parar ni un segundo, perder el tiempo te hace sentir culpable", afirma.

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"Sigo despertando cada día sin poder creer que vivo aquí y que trabajo en Broadway. Es algo que nunca dejará de sorprenderme", expresa.

 

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