‘Gadgets’, ¿aliados o enemigos?

El uso excesivo de los aparatos y las redes sociales puede agravar el estrés laboral y personal; para no obsesionarse hay que equilibrar trabajo y la vida privada con el tiempo de conexión.
gadget  (Foto: AP)
Ivonne Vargas Hernández
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Navegar por las redes sociales aparece como la "salvación" ideal para romper con la rutina en un día de trabajo interminable. Ir al escritorio del compañero para resolver una duda ya no es indispensable. Bienvenido el WhatsApp, el Twitter y Facebook, adiós a las reuniones cara a cara.

Cada vez hay más empleados que no asimilan su vida laboral sin un dispositivo electrónico que les permita conectarse las 24 horas, los sietes días de la semana, y a través del cual resuelvan imprevistos rápidamente. La otra "cara de la moneda" es que la adicción a los gadgets puede aumentar los niveles de estrés en el trabajo.

"Las herramientas como el correo electrónico, el celular y las redes sociales son muy útiles porque podemos mandar información al momento y ser muy eficientes, pero provocan estrés laboral cuando se convierten en una carga de la que no podamos desvincularnos", dice el director del departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, Antonio Tena Suck.

Vivir conectado es un fenómeno presente en todo nivel de la organización.

Un informe de la asociación IAB México y la agencia MillwardBrown indica que los empleados con cargos gerenciales, gerentes medios y supervisores son uno de los principales grupos que aumentan la movilidad de Internet en el país por el uso frecuente de dispositivos como smartphones y laptops. Sólo ese grupo permanece ‘en línea' entre cinco y 12 horas al día.

Cifras del Instituto Nacional de Psiquiatría (INP) ubican al país en el segundo lugar a nivel mundial en estrés laboral, únicamente detrás de China. Entre 30 y 40% de los mexicanos sufren de este problema.

Tena Suck explica que los gadgets pueden convertirse en una "atadura" y eso empeora los niveles de estrés porque, si la persona no se desconecta de las actividades laborales, surge una incapacidad para disfrutar del tiempo libre.

Estar al pendiente de manera repetitiva y compulsiva del correo, mensajes y herramientas tecnológicas en general "nos enfrenta a un manejo inadecuado de adaptación", explica.

De acuerdo al académico, el uso "casi adictivo" de estas herramientas puede afectar en otros sentidos, por ejemplo, el vínculo "cara a cara", la adaptación y la funcionalidad. Las personas se desconcentran, se distraen de cosas importantes, incluso, se puede producir insomnio.

Enfermedad, ¿sí o no?

Aunque es común escuchar sobre la "adicción" a Internet y a las redes sociales, expertos refieren que ese concepto no existe.

"Hay un comportamiento de querer mantenerse ‘visible' en la red, y en conexión, a veces excesiva, con otras personas, pero no se encuentra establecido como patología", indica la psicóloga Berenice Espinoza.

La Asociación Americana de Psiquiatría, por ejemplo, descarta la dependencia de Internet como trastorno de conducta; sin embargo, de acuerdo con investigaciones de la Universidad de Maryland, sí pueden existir patrones de comportamientos "particulares" en las personas que están continuamente conectadas a la red.

La institución estadounidense pidió a 200 estudiantes renunciar a sus dispositivos electrónicos por un día completo. Después de 24 horas, las personas mostraron signos de abstinencia y ansiedad, junto con incapacidad de funcionar bien sin los aparatos.

Espinoza aclara que entre los efectos asociados a quienes viven conectados está la dispersión y poca concentración.

"Es gente que suele ausentarse en una conversación, aunque sea por minutos quiere estar interactuando en las redes. Eso es un fenómeno generacional y de otra índole, pero hasta el momento no se acepta como enfermedad", insiste la especialista.

Además, si se extiende el concepto de adicción a todo aquello que la gente hace en exceso se tendría que aplicar a otros rubros, como la lectura de libros o la ejercitación, señala en un artículo el psiquiatra Ivan Goldberg, quien, por broma, en 1995 colocó en Internet información sobre un supuesto trastorno: "desorden de adicción a Internet".

En el documento habló de síntomas como ansiedad y necesidad de conectarse durante horas. Los comentarios no se hicieron esperar y hubo quien creó un centro para los ‘adictos a Internet', como la psicóloga Kimberley Young.

Mientras continúa el debate sobre si Internet y los gadgets son adictivos, las empresas están trabajando en manuales y reglas para el uso de redes sociales dentro de una organización, alineadas a su comunicación y el tipo de contenido que manejen, entre otros factores. IBM y Coca Cola son algunos ejemplos. Ambas cuentan con políticas para regir el uso de Internet en la compañía.

Un estudio de la firma McAfee indicó que más del 10% de las empresas en Estados Unidos se han visto envueltas alguna vez en problemas legales producto de comentario o revelaciones que sus empleados hacen a través de aplicaciones de social media.

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Para no agregar mayor "estrés" a las actividades laborales cotidianas, Antonio Tena Suck dice que es necesario administrar el tiempo entre el trabajo, el descanso, la familia y aquello dedicado a las redes. La obsesión por estar conectado genera "desequilibrio", menciona la psicóloga Berenice Espinoza.

"Todas las personas deberían ir al menos una vez en su vida al psicólogo para prevenir problemas como el estrés o depresión graves, pero aún existen prejuicios arraigados, ya que se cree que las personas que van al psicólogo están muy mal y no es así. Se trata de atender nuestra salud mental, así como cuando vamos al médico o al nutriólogo", puntualiza el director del departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana.

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