¿La meritocracia siempre gana? Un banquero dice que sí

Fue cineasta, luego buscó ser rico. Vivió la crisis de 2008 y decidió entre pagar o no sus deudas; los buenos llegan primero, escribe el líder de Estrategia en SunTrust Bank, antes VP en Wells Fargo.
meritocracia  (Foto: iStock by Getty Images)
Abhijoy Gandhi*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

De joven, decidí seguir mi sueño y convertirme en cineasta. Era feliz viviendo el glamour de los festivales, pero cuando volvía a la realidad, debía arreglármelas para vivir con 10 dólares toda una semana. Comía arroz y frijoles, y cuando me quería ver muy fino compraba pollo de 2 dólares.

Así eran las cosas. Nunca llegué tan lejos como para que me hicieran un gran cheque por mis películas. La vida de mis patrocinadores era distinta. Tenían buenos trabajos y vehículos lujosos, pese a que no eran muy inteligentes.

Entonces pensé: “Leo mucho, soy culto, puedo discutir tanto de literatura como de política y sostener una conversación interesante”. Fue entonces cuando decidí que estaba cansado de ser pobre.  Con eso en mente, fui a pedir trabajo en P&G.

Admití que no tenía experiencia, pero les dije que si me daban una oportunidad, aprendería rápido. Por fortuna, creyeron en mí. Aprendí todo lo que debía, fui subiendo, pero nunca dejé de ser “el raro”. En algún punto me estanqué. La única opción era hacer más de lo mismo. Yo quería más. La ambición me cegaba.

A finales de los 90, la vía rápida para hacerse millonario era Wall Street. Por eso entré a estudiar finanzas a Warthon. Ése fue mi boleto de entrada al mundo financiero. Llegué a Lehman Brothers, en 2007. Ahí manejaba un portafolio de inversión de más de 1 millón de dólares.

Cuando la firma quebró, perdí todo lo mío y lo de mis clientes. Tenía una deuda de 465,000 dólares. No tenía dinero para pagar. Tuve la opción de declararme en bancarrota para no tener que devolverles su dinero, pero me negué.

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Opté por el camino difícil. Durante cuatro años trabajé como loco para pagar mi deuda. Tenía tres empleos.

Terminé exhausto, pero aprendí la lección más importante de mi vida: los chicos buenos siempre llegan primero a la meta, sin importar qué tan difícil sea el camino.

Fue mejor hacer lo correcto. Aunque muchos piensen que ser bueno es ser tonto —porque ven cómo otros se hacen ricos a costa de engañar a los demás—, yo no lo creo así.

A medida que la civilización avanza, vemos cómo el intelecto, la rectitud y la meritocracia ganan siempre sobre la fuerza.

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La educación es poder. Eso lo aprendí de mis padres, pues lo poco que tenían lo invirtieron en mi educación y la de mis hermanos. Hoy, la sociedad y sus líderes piensan demasiado en la gratificación instantánea. Las personas, en especial los jóvenes, olvidaron que las cosas deben ganarse, que el tiempo importa y que vale la pena esperar el éxito y trabajar por él.

Por eso he tenido paciencia y ganas de hacer cualquier cosa por el éxito, desde sacar copias y hacer café hasta retribuirle su dinero, dólar por dólar, a quienes confiaron en mí. Los chicos buenos siempre llegan primero a la meta, aunque, paradójicamente, sea más difícil el camino.

*Abhijoy Gandhi es líder de Estrategia en SunTrust Bank. Antes, fue vicepresidente en Wells Fargo y vivió la quiebra de Lehman Brothers. Es egresado del MBA The Wharton School de la Universidad de Pensilvania.

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