¿Empleado, empresario o ambos?

Los recortes de personal y las crisis económicas pueden ser oportunidades para emprender un negocio; procura tener contacto y experiencia alternativa a tu trabajo aunque actualmente estés empleado.
Emprendedor  (Foto: Gilberto Contreras)
Alejandra Xanic

Esta crisis dejó rudas lecciones. Más trabajo no significa más empleo. Más trabajo no trae más paga. Y trabajar más tampoco garantiza un lugar en la nómina. Lo único seguro es que el empleo asalariado se volvió... inseguro.

Sí lo sabrá José Raúl Martínez Islas, ex trabajador de Luz y Fuerza del Centro de Ecatepec, cuyo papá estaba a días de jubilarse cuando el gobierno desapareció esta compañía.

O el psicólogo Martín de Jesús Pérez, que llegó una mañana a su trabajo en la clínica mental Iztacalco para descubrir que los dueños vaciaron el edificio y cerraron el lugar en el fin de semana. Y él creyó que los conocía mejor; llevaba 19 años trabajando para la familia propietaria.

Tal vez una de las cosas que más cambió con esta crisis fue la experiencia del trabajo. La navaja del recorte tocó a todos en la escala de puestos. Las cargas y jornadas de trabajo se extendieron a horas que antes parecían sagradas y vendrán sin recompensa. Y comenzaron a hacerse visibles esquemas que antes habrían parecido extraños: profesionales trabajando por proyecto y ex empleados convertidos en consultores externos de la empresa que los corrió.

“Sólo tenemos 200 años con experiencia de trabajo remunerado”, explica Jorge Llaguno, profesor del área de Factor Humano de la escuela de negocios IPADE, en el DF; “como sociedad estamos todavía aprendiendo nuevos modelos de trabajo”.

Pero como los niños, que necesitan horarios para comer y dormir a fin de sentirse seguros, los adultos también dependen de rutinas y de cierto marco de referencia en el trabajo para sentir seguridad. Y estos modelos están zangoloteados y nos tienen en el desconcierto ahora. El desafío de los siguientes años será tratar con empleados que perdieron la confianza en sus patrones, dicen expertos en Recursos Humanos; por eso, varias consultoras en la materia anticipan que habrá movimiento masivo de empleados, una vez que llegue la recuperación.

Hay curas para la incertidumbre y el desencanto, dice Llaguno. Si hay una lección de estos años es que debemos alimentar otras pasiones además del empleo, tener otras actividades, estudiar y ampliar nuestras redes sociales, para estar mejor en el trabajo o para atemperar cambios abruptos –si llegan–, dice Llaguno. “No dediques todo tu tiempo a la empresa, a la familia y a dormir. Hay que meter una cuarta actividad, porque ésa es la que nos va a permitir ampliar nuestra capacidad de movernos”, agrega.

Eso le resultó a José Raúl Martínez Islas, que además de su empleo en LyFC administraba unas camionetas combi de transporte público en el Estado de México. No sólo le sirvió de colchón ahora que le despidieron; siente que le ayudó a aprender a hacer negocios y a administrar. Con su papá abrió hace un par de meses el negocio Iluminación Automotriz El Faro, en Ecatepec. Ya habían probado su suerte trabajando juntos.

Llaguno no se refiere sólo a tener otras actividades productivas. “Puede ser asesor de una ONG, o entrenador de un equipo de futbol infantil. Eso lo va a nutrir y va a ampliar sus redes de contactos. Los niños tienen papás, ¿o no?”.

No importa qué tan seguro crees que estás, el hecho es que no lo estás.  Invierte en formación, en actualizaciones, sugiere. No con maestrías, sino con estudios cortos que mejoren capacidades específicas. “A las personas les interesan los títulos, pero las empresas buscan habilidades”.

La fórmula tiene otro pie necesario: planificar, hacer un presupuesto y generar ingresos alternos, añade Cristina Hernández Trejo, socia fundadora de la consejería Financiero Personal, en la Ciudad de México.

“Hay que convertirse en un profesional de las finanzas; hacer como las empresas, que tienen al financiero como un puesto clave (...). En un ambiente laboral adverso, lo que queda es tener la constante conciencia de que el trabajo no es para siempre, y en vista de eso, ser mucho más previsor”.

Hay que hacer una alcancía, pero “con nombres y apellidos: este pedazo es para la contingencia si me quedo sin trabajo; este pedazo es para mis vacaciones. Ese tipo de planeación es necesaria”.

Cristina Hernández sugiere diversificar siempre las fuentes de ingreso. “Aquí es donde la familia actúa como una empresa de posibles productos. La señora puede atender un negocio, el señor tiene su empleo, los dos dan clases o compran una casita que rentan. Hay que buscar ese tipo de esquemas y oportunidades”.

La clave, dice Hernández, es el presupuesto. “Ya sé que todo mundo dice ‘qué horrible’, pero es la clave”. Recomienda copiar justo lo que están haciendo las empresas, que tienen una actitud constante de optimización de costos y gastos y preguntarse: “¿Cómo hacemos para gastar menos en esto?”. La respuesta será  “no para ser el sacrificado del siglo, sino para invertir este consumo presente en consumo futuro...”.

Una actitud así permitió a Jacqueline Brieño, una editora de libros de 30 años, “dejar de quejarme de lo que vivía y crear mi propia realidad”. Los buitres de la crisis comenzaron a rondar el mundo editorial antes de que se declarara la recesión global. Sus patrones ya habían hecho recortes, y un disminuido y cansado equipo era el que resolvía el trabajo de muchos más. “Mi jefa me reportaba si me veía ahí a las 10  de la noche trabajando”, recuerda Brieño. Ni hablar de una compensación económica por ese sobre esfuerzo, y eso no iba a cambiar. “Cada vez te exigen más y te remuneran menos, y eso no va a cambiar cuando pase la crisis”, comenta.

Pero dos años de ahorro le dieron la libertad. En noviembre de 2008, cuando la mayoría de los empleados intentaban amarrarse con triple nudo a su empleo en la tempestad, Brieño empacó sus cosas y se fue de la editorial para la cual trabajaba en la capital del país.

Esta joven editora llevaba dos años apartando 4,000 pesos de su ingreso cada mes, para ahorrar el equivalente a tres años de renta de su departamento y un importe adicional para invertir en equipo y montar su propio despacho editorial.

Puso a su familia a temblar, claro está. Ninguno en su casa había dado el brinco al trabajo por cuenta propia. Y nadie a su alrededor lo estaba haciendo por esas fechas, cuando se sucedían las noticias de grandes cierres y las fotos de gente saliendo de altísimos edificios, con muy compactas cajas de cartón.

Brieño montó su despacho Ecdótica Servicios Editoriales, en su departamento de la colonia Nápoles de la Ciudad de México. Descubrió que salirse, en plena crisis, fue una impecable decisión de negocios. Las editoriales ahora contratan por fuera lo que ya no podían hacer en casa, de manera que no tuvo siquiera que tocar su ahorro, más que la parte asignada a la compra de equipo.

Ella ahora gana el doble y tiene más control de la agenda de cada uno de sus días. Contrató el seguro de gastos médicos de su tarjeta de crédito, de manera que sigue protegida, y ahora ahorra 15% de su ingreso y es muy conservadora en su gasto para hacer frente a posibles meses flacos. Y ya se puso la meta de ahorrar para un departamento propio. No tiene un solo pago domiciliado –“yo hago todos mis depósitos a mano porque me gusta sentir el control de lo que gasto”.

¿Cómo hizo para ahorrar? En una cuenta depositó cada mes el importe que necesitaba para su meta (comprar el departamento) y le dio la tarjeta a su mamá. “Yo estaba muy acostumbrada a no negarme nada, zapatos ropa, y esos lujitos los tuve que sacar”.

Óscar Cejudo también pensó en diseñar una tabla de salvación. Este capitalino de 34 años, con carrera en diversas empresas de tecnología, trabajaba en Microsoft en 2007 cuando decidió protegerse. “Sabía desde un año antes de la crisis, que tenía que estar preparado para recortes, y que tenía que prepararme para irme, tenía la cosquilla de salirme”. Así, decidió ahorrar hasta 50% de su ingreso. Además, cuando todavía estaba empleado, entró con el proyecto de un negocio propio a una incubadora de negocios. Crazy Muffins es la empresa que montó con su esposa. Una panadería que hace cupcakes y scones y que sólo vende por internet. Y después montó Nitro Concepts, una consultora de mercadotecnia en internet.

Imaginarse otras vidas posibles, planificar y programar el ahorro y el gasto pueden aminorar la incertidumbre en el empleo y hacerlo manejable. Al final, también puede facilitar el tránsito a una vida fuera de la nómina corporativa, como independiente.

Hay que estar preparado. “Yo siempre recomiendo a las personas que imaginen que llegan el lunes a la oficina para recibir la noticia de que están corridos. Y tienen que tener un plan para saber qué hacer”, dice Hernández.

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